De lo mejor

marzo 6, 2017

 

Se aproximan fechas en que jóvenes colimenses (y de todos lados) tomarán decisiones importantes. Para la mayoría será, quizá, la primera vez que deciden por sí mismos (eso espero).

Al estar cerca de quienes cada año pasan por esta situación, me doy cuenta de que es necesario intentar apoyarles con información e ideas diferentes. Aprovecharé este espacio para, de vez en cuando, pero con insistencia, tocar este tema.

Hoy quiero compartir una opinión y algo de información que creo les puede ser útil, sobre todo si tienen un interés o inquietud por la ciencia.

No estamos acostumbrados a lo mejor. No es común decir que tenemos acceso a lo mejor; que la calidad de nuestra escuela, de las empresas, del hospital, es la mejor – del mejor nivel posible. Por eso, porque es poco común, quiero hablar de algo que fácilmente pasa desapercibido.

Existe un grupo en la Universidad de Colima que ha logrado crear, gracias a una constante dedicación enfocada, un ambiente de lo mejor – de excelente nivel. No ha sido fácil pero tampoco coincidencia ni azar: ha sido planeado y ejecutado con cuidado y sustento.

Es un grupo de personas (diversas, pero) con características comunes muy concretas: una sólida formación llevada a cabo en universidades de nivel internacional (no puedo exagerar en la importancia de esto), un decidido interés por desarrollar la ciencia en su entorno – lo que implica de manera absoluta el interés por mejorar las condiciones para los estudiantes con los que interaccionan – y una constante actividad de investigación científica del más alto nivel, crucial para el prestigio, sustento y sobre todo legitimidad del grupo.

Así como no es común el pensar que tenemos lo mejor, algo que sí es común en discursos y celebraciones es hacer fiesta y alabar sin demasiado sustento, como para “quedar bien”.

Es por ello que, para que no se vaya a pensar que hago adulación ligera, y aunque pareciera que vivimos en una época en la que no es prudente señalar calidad y niveles, comparto con ustedes lo siguiente:

A quienes me refiero son personas que realizaron sus estudios, trabajaron y siguen colaborando con instituciones como Torino, William and Mary, Princeton, Tufts, Berna, Austin, ICTP, Brown, Boston, Moscú, ETH-Zurich, Cambridge, Stony Brook, KEK, etc. Permítanme insistir: no solo conocen gente de ahí o han visitado estos lugares, se formaron ahí, trabajaron ahí.

Crearon y nutren dos programas de licenciatura en los que varios de sus egresados han hecho – o se encuentran haciendo – sus doctorados en algunas de esas instituciones con becas concursadas internacionalmente.

A pesar de contar con más del mínimo de requisitos para pensar en abrir posgrados, algo que les beneficiaría personalmente, han encaminado sus esfuerzos para tener dos programas de licenciatura que provean a sus estudiantes con el nivel adecuado para competir en cualquier lugar. ¡Esto no es una meta sencilla!

Todo esto permite que hoy, en este momento, podamos decir que aquí – en Colima – hay algo de lo mejor. Existe una opción para que estudiantes colimenses (y de la región) puedan obtener una formación de las mejores, que les permita, después de 4 años (y un gran esfuerzo y dedicación), ubicarse en las mejores instituciones del mundo.

Les invito, ahora que tomarán decisiones muy importantes sobre su futuro, a que investiguen a este grupo. Confirmen lo que he escrito.

Luego, confirmadas mis observaciones, decidan entregarse por completo al trabajo y aprovechen esta gran y única oportunidad.

Paolo, Ricardo, Andrés, Christoph, Elena, César, Luis, Roberto, Carlos, Juan, Yasha, Alex, Sujoy, muchas felicidades y muchas gracias por todo su esfuerzo y dedicación para que exista este nivel aquí, en Colima.

 

 

 


Ser para formar

febrero 15, 2017

Hoy quiero hablar un poco sobre una de mis mayores pasiones: la “docencia”. Como es un tema muy amplio, me enfocaré mucho; demasiado. Me referiré únicamente a la “docencia” universitaria y más concretamente a la de los llamados “nivel superior” y “posgrado”. Más aún (para que nos demos cuenta de lo amplio del tema), ya que este espacio lo dedicamos a la ciencia, me estaré refiriendo única y exclusivamente a la “docencia” involucrada en áreas científicas, eso sí, en todas las disciplinas del conocimiento.

Para empezar una (¿posible?) sorpresa: “docencia” no significa dar clases, es decir, “docencia” no se acota a la actividad de impartir un curso a un grupo de personas (estudiantes) en donde se les informa, enseña, repite, y muestra conocimiento. La “docencia” es mucho más, o quizá debiera decir que debería ser mucho más.

No ahondaré demasiado pero mencionaré algunos elementos importantes. Para el caso particular de impartir un curso, no es posible hacerlo bien sin tener el conocimiento (esto no es exclusivo para las áreas científicas, por supuesto). Entonces, una persona que tiene el conocimiento, independientemente de si ella misma es generadora o no de nuevo conocimiento, puede, en principio dar una buena “clase”. Así nos podemos encontrar personas investigadoras que son buenas o malas para “dar clase” y personas que no son investigadoras, que también pueden resultar ser buenas o malas para “dar clase”.

El asunto es cuando dejamos de contemplar a la “docencia” como solo el dar clases. La enseñanza, la apropiación del conocimiento, la guía, la transmisión integral y robusta de bagaje intelectual y técnico no se logran en una clase. Además, para poder hacerlo bien (formar científicos), de manera honesta y natural, hay que vivirlo, ser parte. Por ello, en esos niveles educativos, es indispensable que las personas que forman, que guían, que comparten: sean.

Mis mejores profesores nunca me dieron una “clase” (en el sentido de tener un curso programado y estar dentro de un aula, etc.). Es más, me imagino que algunos de ellos pudieran ser “malitos” explicando algunos temas enfrente de un grupo de estudiantes. Evidentemente que su “docencia” se extiende mucho más allá de la impartición de cursos.

Me parece curioso que casi siempre (en México, en contexto universitario) se hable de investigadores que no son docentes. Generalizando, pero sin equivocarme demasiado, no es posible concebir un científico que no sea, de manera natural y necesaria, un docente, en el sentido más amplio y hermoso de la palabra. Habrá instructores que no sean científicos, pero no científicos que no sean docentes. Curioso también es que a los científicos (en México, en contexto universitario) se les paga como instructores, a pesar de su habilitación. Para medio compensar esa situación, existe un programa llamado “Sistema Nacional de Investigadores”, que a través de evaluaciones periódicas otorga complementos para de alguna manera compensar la situación (en otro momento comentaré más sobre este asunto).

Regresando: ¿cómo puedo ser un buen “docente”?

Haciendo mi ciencia con la mayor calidad que me sea posible. Incorporando a estudiantes en mis investigaciones, durante todo el proceso. Influyendo a “mis” estudiantes a través de mi comportamiento, por ejemplo no trabajando solo para juntar “puntitos” que me sumen en mis evaluaciones, no publicando por publicar, mostrando honestidad en cada una de mis actividades profesionales, no robando sus trabajos. Retando a “mis” estudiantes a dar el máximo, aunque lloren. Si voy a impartir un curso, preparándolo con toda mi atención y capacidad, exigiendo el máximo de cada una de las personas que tengan el infortunio de tenerme como instructor. Preocupándome por el futuro de “mis” estudiantes, pensar qué van a hacer después, a dónde van a ir, con qué herramientas. Conocer y estar al tanto de la realidad en la que tendrán que competir. Ayudarles a competir, volverme su aliado en sus futuros enfrentamientos (aunque ya se hayan graduado e ido a otro lugar). Estar convencido de que a través de ellos se puede cambiar el mundo.

Conozco pocas personas que logren todo esto… en el mundo.

¿Se dan cuenta entonces por qué es maravilloso intentar ser buen “docente”?


Sin tapujos

febrero 12, 2017

 

Permítanme empezar sin rodeos, sin tapujos: la ciencia básica es lo más importante de la ciencia. ¿Qué es la ciencia básica? Es la actividad científica que explora lo desconocido, en cualquier área. Su propósito es aprender más sobre la naturaleza, en todas sus manifestaciones.

La ciencia, decimos con mucha insistencia, es lo que permite que vivamos mejor. Los países que la apoyan y nutren son aquellos que luego prosperan económicamente. Y es verdad. También es verdad que la básica, al ser tan “abierta”, tan aparentemente desinteresada de los problemas “cotidianos” de los humanos, siempre tiene que ser defendida y justificada, incluso en los países donde la ciencia es algo común. Para quienes no participan de la ciencia como una profesión (a veces incluso para algunos que sí), la ciencia básica es en ocasiones considerada como inútil o, con palabras más suaves (hipócritas), como el estudio de caprichos personales. Los científicos, por lo tanto, deben defender su situación y recordarle a las personas que no, que no es así, que la ciencia básica es la que ha permitido que estén vivos, saludables, sin hambre y fuera de la barbarie. Luego, en los países donde el apoyo ha sido constante, lo recuerdan y otorgan el financiamiento requerido.

En países como el nuestro la situación es más compleja. Para empezar, el recurso total destinado a ciencia es bajo. De eso, el porcentaje para básica es bajo/medio, aunque en realidad irrelevante ya que aunque le destinaran el 100% ¡no sería suficiente! (claro, para ser competitivos). Pero ese no es el mayor de nuestro problemas. Desgraciadamente nos entró la “calentura” (no encuentro otra descripción que pueda escribir aquí) de que hay que investigar cosas que “sirvan y que generen patentes”.

A ver, con calma. Sí, es absolutamente importante llegar a tener un sistema científico y tecnológico que derive en una infraestructura nacional generadora de tecnología, en todos los sectores, que nos identifique como una nación moderna, organizada y próspera. Aclarado el punto, el problema es que no lo podemos hacer por decreto y sin una ciencia básica de “primer nivel”. En esto, desgraciadamente, no hay atajos.

Me preocupa mucho que el CONACYT, la instancia pública encargada de la ciencia y la tecnología en nuestro país, haya caído en esta peligrosa confusión. Sé que hay personas de ciencia de buen nivel en puestos claves del CONACYT y me preocupa que aún con ello, se caiga en un juego de complacer y seguir lineamientos que tienen un carácter más bien político que de sustento. Me explico: desde hace varios años el CONACYT ha estado sacando convocatorias que suenan bonito, pero que se alejan y diluyen el apoyo real a la investigación. Becas para posgrados en áreas que no tienen que ver con CyT (necesarias, pero que no deben de salir del presupuesto – pobre – dedicado a CyT), convocatorias enfocadas a las empresas con la supuesta intención de “ayudar” a que la iniciativa privada decida invertir en investigación, pero que en su mayoría solo terminan desperdiciando el recurso (en el mejor de los casos), convocatorias con títulos y temas que formen parte del discurso en boga, etc. Luego, por otra parte, las convocatorias que estarían dedicadas a la ciencia básica son cada vez más descuidadas. De hecho, su situación es tan claramente empantanada que evidencia una intensión por desaparecerlas; “reestructurarlas” dirían quizá las mentes detrás, pero no nos engañan.

No pretendo morder de la mano que me da de comer. No. Yo soy usuario y beneficiario del CONACYT. Participo en convocatorias y recibo recursos. Claro que no me hace un favor, para eso es y nos sometemos, todos mis colegas, a evaluaciones y revisiones. No todo es malo; sin el CONACYT no habría lo poco que hay. Sin embargo, debo mantener una posición crítica y propositiva ya que veo, con preocupación, que el rumbo está siendo acotado por intereses alejados y confusos, que no toman en cuenta el ámbito científico bien conocido y sin atajos.

No nos confundamos y recordemos que “básico” no significa otra cosa más que “indispensable”.

 


Emmy

febrero 7, 2017

 

Los científicos pueden trabajar en equipo, por separado, en competencia y/o en colaboración. A veces los grupos ¡ni coinciden en el tiempo! Alguien puede estar trabajando en un tema hoy. Generará ideas, experimentos, algunos resultados y puede ser que logre entender algo. También puede suceder que no logre desentrañar ningún secreto y tengan que pasar cien años, y muchos grupos en el inter, para conseguirlo. La ciencia, aunque uno pueda trabajar solo, es una actividad colaborativa y de grupo.

No obstante lo anterior, existen individuos que de manera particular han logrado brindar contribuciones muy importantes y trascendentes en el ámbito del conocimiento humano, cuyos trabajos han permitido dar grandes pasos en el camino del descubrimiento de la naturaleza. Es interesante saber que aun en esos casos, si esas personas no hubieran existido, alguien más, quizá en grupo, quizá de manera individual, hubieran eventualmente descubierto lo mismo. Esto es importante saberlo y comprenderlo ya que es precisamente el principio que sustenta el avance de nuestro conocimiento de la naturaleza. Todos los descubrimientos y aportaciones que cambiaron paradigmas, todos, están basados y fomentados en ideas y confusiones que eran sentidas y digeridas en su momento por varias personas y grupos, independientemente de si al final fueron concretados por una sola.

Entonces la ciencia es colectiva y los individuos, en el sentido más abnegado posible (y para exagerar la idea), son innecesarios. Y aun así, hoy quiero mencionar y reslatar a una de las personas que admiro. Una persona que logró aportar de una manera sensacional a todo el aparato formal en que sustentamos nuestro entendimiento del universo actual; se trata de Emmy Noether. Matemática alemana, Emmy Noether sentó las bases sobre las cuales hemos construido gran parte del aparato formal matemático que nos ha permitido, entre otras cosas, encontrar las grandes síntesis culminadas en lo que llamamos el “Modelo Estándar de las Partículas Elementales.” No poca cosa ya que representa el conjunto de conocimientos más preciso, probado y completo que hayamos sido capaces de generar. Es la teoría (en el sentido de ciencia exacta, es decir, probada y con evidencias confirmadas) más verificada y con predicciones más sorprendentes que hayamos creado. Basada en gran medida en una comunión de la relatividad especial y la mecánica cuántica, que junto con lo que llamamos “leyes de conservación,” ha logrado predecir y describir una enorme cantidad de fenómenos naturales con una precisión impresionante.

Es precisamente en las llamadas “leyes de conservación” donde entra Emmy Noether. Ella nos enseñó que existe una relación directa, inevitable, fundamental entre esas leyes de conservación y la “simetría.” Dicho de manera muy libre: existe una “cantidad conservada” por cada simetría que exista en el universo. Un ejemplo concreto: seguro han escuchado alguna vez la expresión “la energía se conserva.” Pues bien, es verdad y Emmy Noether nos dice que ello es consecuencia de una simetría existente en el universo, que resulta ser la asociada al tiempo. ¿A qué me refiero? Si hoy dejo caer una manzana desde una altura de 5 metros, esta chocará con el suelo en aproximadamente un segundo. Si lo repito mañana, caerá en el mismo tiempo. Cuando lo hizo Galileo hace alrededor de 400 años, igual. No importa cuándo, la naturaleza me dará el mismo resultado. Eso es a lo que me refiero con simetría temporal y gracias a ello, la energía se conserva. Emmy nos enseñó eso y mucho más. Por haber sido mujer, lo hizo trabajando sin que le pagaran y sin tener una posición oficial. Su impacto es tan importante que su nombre debería ser conocido por muchos. No lo es; espero llegue a serlo.

 


Y empezamos de nuevo, siempre.

febrero 7, 2017

 

Ya pasada la bola y esparcido el polvo, he decidido escribir un poco sobre los resultados provenientes del Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider – LHC), anunciados hace unos meses, y que en diferentes medios han causado furor y estupefacción.

He leído encabezados con todo tipo de barbaridades elocuentes y no poco amarillistas. Desde un “Se equivocaron los científicos del LHC”, hasta un “Se derrumba la partícula del siglo”, sin faltar el “¿Se perdió el Higgs?

Con la intención de explicar qué es lo que sí sucedió, necesitaré dar unas pocas palabras sobre qué es el LHC y cómo funcionan los experimentos ahí desarrollados. Pero antes un comentario: no tuvo nada que ver con el Higgs.

Empecemos con la primera, ¿Qué es? En términos muy generales, el LHC es una máquina que acelera chorros de protones en direcciones opuestas que luego choca “de frente”. Los choques generan materia que queremos estudiar. Para ello se han construido laboratorios gigantes – llamados genéricamente “detectores” – en cuyos centros se generan las colisiones. Es ahí, en esos detectores, donde se deposita la materia producida.

Los choques suceden con un ritmo vertiginoso. Se produce una cantidad inimaginable de información que es almacenada para su posterior análisis.

El análisis: cientos de personas escudriñan la vasta cantidad de información. Se busca entender propiedades de las partículas que conocemos y, de manera muy importante, encontrar partículas que aún no conocemos. Encontrar una partícula nueva, ya sea predicha o completamente inesperada, representará un avance increíble de nuestro entendimiento científico, ya que el esquema actual en el que nos basamos para entender el mundo microscópico es muy robusto y una nueva partícula indicaría que tenemos que ir más allá de él para continuar.

Encontrar una nueva partícula, dentro de toda la gran cantidad de información generada, es una labor muy minuciosa y de extremada delicadeza. Es fácil engañarse y para no hacerlo, las búsquedas se realizan de manera independiente por dos grupos (en competencia). Si uno ve algo “nuevo” y el otro no, entonces no hay descubrimiento. Si los dos grupos lo ven, es muy buena noticia pero eso no es suficiente. Ambos tienen que verlo una cantidad de veces suficiente tal que se determine que no existe la posibilidad de que haya sido una fluctuación estadística (eso es algo preciso que se puede determinar). Para que eso sea posible es necesario analizar grandes cantidades de la información recabada. Entre más información se analice, más consistente el resultado y la certeza estadística.

En ocasiones durante los análisis, que toman meses, surgen pistas que dan la impresión de que algo nuevo anda por ahí, entre la maraña de información. Se sigue la pista y a veces, pocas, la pista se empieza a ver más fuerte. El ritmo cardiaco empieza a elevarse, sin embargo se sabe que aún no hay nada, que se necesita mucho más y – además – que la competencia lo vea también. Para eso faltarán meses, años. Luego, queriendo y no, se empiezan a esparcir rumores de que parece que se ve algo con tal y cual característica. Y ¡moles!, resulta que la competencia ve algo “similar”, también sin la suficiente estadística, pero muy similar. ¿Será coincidencia? Puede ser, pero y ¿si no? El rumor es tan grande e interesante que se decide hablar públicamente sobre los resultados PRELIMINARES, incompletos, parciales. Sin embargo nos genera tanta emoción que los demás no podemos esperar hasta el próximo año para empezar a especular sobre qué es eso “nuevo”. Queremos sugerir de dónde sale. Deseamos rasguñar un pedacito de gloria como partícipes en la develada de otro secretito de la naturaleza.

En el inter, mientras buscamos encontrar sentido de todo lo nuevo que vendrá, nuestros colegas siguen analizando los datos. Se llega el momento de una noticia definitiva: Fue una fluctuación estadística, no hay nada nuevo. Ni hablar. Y empezamos de nuevo. Siempre.

 


Materia oscura, masa crítica

febrero 4, 2017

Uno de los temas más candentes en la frontera del conocimiento científico consiste en entender y determinar qué es la “materia oscura”. Ya encontraré un espacio para describir de qué trata ese tema. Hoy quiero aprovechar el espacio para hablar de otra oscuridad.

Es claro que nuestro país pasa por momentos difíciles, oscuros. Y no, no es por el “trompetas”. Como en cualquier arena, cuando hay problemas y situaciones complicadas, tomar decisiones acertadas es muy difícil. Si hay problemas, si no nos sentimos bien, si tenemos desesperación, miedo, incertidumbre, es muy probable que nuestras decisiones no sean muy razonadas. También, colectivamente, si además, de tener una situación compleja y llena de problemas que son difíciles de controlar, no tenemos el mínimo interés en resolver o mejorar la situación general y solo vemos por intereses personales, imaginen qué tipo de “decisiones” podremos tomar. ¿No se pueden imaginar? Qué ta algo como reducir presupuestos a educación, ciencia, salud. Si les suena familiar, de seguro es solo una coincidencia.

Hoy la situación de la ciencia en el país es oscura. Más que oscura, podría decir que el interés que se tiene sobre la ciencia como elemento de cambio por parte de tomadores de decisiones, y quizá también por grandes sectores de la población, es simplemente inexistente. La ciencia en México es una cosilla por ahí, insignificante, inútil e invisible. En el mejor de los casos, pareciera un lujo tonto por el que no debemos preocuparnos, menos cuando hay tantos otros problemas. Sí, es verdad que otros países, esos que rigen el mundo, cuando tienen crisis recurren a invertir en ciencia y educación, pero eso lo hacen ellos, nosotros no, ¿para qué? Sí, es verdad que la inversión de esos países en esos sectores es precisamente lo que les permitió llegar a donde están, pero ¿de verdad queremos eso?

La ciencia en México es materia oscura.

Se debe decir que parte del problema es que a veces nosotros mismos – la comunidad científica – no podemos reconocer que no existimos. Nos cuesta trabajo reconocer que, en realidad, en nuestro país no hay ciencia. Caemos en el juego de que sí hemos avanzado y que “ahí la llevamos”. La verdad, tomando en cuenta el tamaño y riqueza del país: no existimos. Los intentos individuales y de algunos grupos son loables, pero en realidad no existimos. Es importante reconocerlo ya que las estrategias que podamos proponer y llevar a cabo deberán estar sustentadas en la realidad, no en la creencia (o enorme deseo o descarada simulación) de que las cosas van “más o menos” bien.

No pretendo dar un análisis profundo en este momento (y espacio). Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia. Primero, una vez reconocido por los científicos actuales, que a nosotros “no nos tocó”, y que como científicos, analicemos y veamos qué podemos hacer para que la situación cambie en el futuro, es muy fácil describir al menos uno de los ingredientes primarios, fundamentales, imprescindibles de cualquier estrategia: para hacer una diferencia, para ser escuchados, para obligar el cambio (ya que no vendrá de otro lado, sino de la presión que nosotros podamos ejercer), es necesaria una verdadera “masa crítica”. Aunque no haya dinero, aunque nadie quiera contratar, aunque signifique sacrificar generaciones, aunque parezca que no tenga sentido, necesitamos incrementar el número de científicos por al menos un factor de diez. Necesitamos empezar a producir licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas. Por montones que vayan a doctorarse a los mejores lugares y luego, así, en unos diez, quince o veinte años, el sistema colapsará y no habrá de otra. Desgraciadamente solo así forzaremos a que se nos escuche.

 


Emoción e ingenuidad

febrero 2, 2017

Estaba distraído recordando el anuncio de hace ya tiempo de que Marte tiene agua líquida. Es sensacional. Por un lado debe impresionarnos la capacidad de encontrar algo así y por el otro, la existencia de agua líquida en Marte da pie a que las posibilidades de encontrar vida ahí sean mayores.

Para la mayoría será una noticia interesante por un rato y, junto con las preocupaciones cotidianas y la información recibida durante la semana, pronto será abandonada en el olvido. Quizá si en unos años vuelvan a salir noticias sobre Marte, entonces recordemos que habíamos escuchado algo sobre agua y peces en Marte, o algo así, no importa demasiado; además “está tan lejos, ¿a quién le importa? Deberían buscar agua aquí pa’los que no tienen”.

A mí me emociona. El saber más sobre un planeta me emociona. Me emociona enterarme de que se sabe más sobre cualquier cosa. Saber es muy difícil. Saber requiere de mucho esfuerzo y creatividad. Se requiere comprobación, comprobación y luego más comprobación. Se invierte una cantidad formidable de pensamiento, trabajo e ingenio para que así, lentamente, se vayan descubriendo los velos de la naturaleza. Y aún así, a veces se comenten errores. No le sorprenda sentirse “traicionado” por la ciencia y esos científicos controladores de la verdad, cuando vuelva a leer en las noticias “siempre no, se equivocaron, no había agua en Marte.” “Ya ves, es todo un complot.” Esa noticia tendrá un poco más te atención en los medios y durará un poquito más en el colectivo.

Y entonces me emociona. Me emociona más el pensar en todo lo que ha tenido que suceder para que seamos capaces de saber si Marte tiene agua: el conglomerado de conocimientos, técnicas, suposiciones, investigaciones, peleas, consensos, etcétera, que tuvieron que darse pie para que un día lográramos desarrollar los equipos y aparatos que luego nos dieran esa información.

Ahora, lo que me emociona y sorprende aún más, es que existan lugares donde los científicos hayan logrado convencer a sus sociedades de que invirtieran en esos proyectos. Me sorprende no porque no haya elementos para hacerlo, esos los conozco y los comparto a plenitud, sino porque ello implica un conocimiento de cultura científica por parte no solo de la sociedad, sino de los gobernantes. No me lo imagino fácil, de ninguna manera, pero es agradable saber que sí se puede. Es agradable saber que hay lugares en donde se aplica una de las más importantes claves del desarrollo: cuando no se es experto en algo, se pueden tomar decisiones basadas en las recomendaciones de expertos.

Ese es un aprendizaje y conducta de gran relevancia para el avance de la humanidad. Recordemos que durante mucho tiempo no fue así. Las decisiones estaban basadas en rumores y experiencia, en el mejor de los casos, y en simples caprichos u ocurrencias de los poderosos en el peor de ellos. El avance y supervivencia de las sociedades dependían de ¡la suerte de tener líderes con mucha suerte!

Ahora también, también tenemos que tener suerte de que los líderes sean personas capaces, no solo de escuchar, sino de discernir de entre las muchas voces, aquellas que sí saben de lo que hablan. Sin embargo, aún cuando a veces parece muy difícil, ello ocurre con mucha mayor frecuencia que antes. El reto, para los científicos de lugares donde eso no ocurre, es seguir avanzando en lograr la confianza tanto de la sociedad, como de las personas que lideran esas sociedades. Mientras no logremos entablar lazos de confianza y trabajo, estaremos desaprovechando la poderosa herramienta del conocimiento y la oportunidad de mejorar nuestro entorno social y natural.

 


Impacto social

enero 31, 2017

Aunque no seamos muy conscientes de ello y no lo pensemos demasiado, sabemos desde hace mucho tiempo que el conocimiento es no solo útil sino hermoso y necesario: el conocimiento científico, todo, tiene un gran impacto social; hay que seguirlo expandiendo.

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Hay muchas razones por las que una persona decide dedicarse a la ciencia, a la investigación. Algunas lo deciden temprano en su camino de formación, otras lo deciden después ya en el ámbito laboral. Hay quienes llegan a la investigación de manera azarosa y hay quienes desde muy jóvenes tuvieron la oportunidad de conocer ese mundo y decidieron participar.

Curiosidad, entusiasmo, pasión por descubrir, casualidad, necesidad. Todas ellas posibles razones para acercarse a la ciencia. Sin embargo, una de las razones más importantes y trascendentes de por qué muchos se han dedicado a la ciencia, es la de querer ayudar a tener una mejor sociedad. Mejorar las condiciones en que vivimos. Mejorar la comida, la salud; reducir la pobreza, el dolor. Aumentar el confort, la cantidad de alimentos. Mejorar el medio ambiente, explorar el universo.

Aunque no seamos muy conscientes de ello y no lo pensemos demasiado, sabemos desde hace…

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¡He visto la luz!

enero 30, 2017

 

La luz es una onda electromagnética. La luz es lo que entra en nuestros ojos y crea imágenes que nuestro cerebro interpreta. Es lo que “vemos.”

Las ondas electromagnéticas pueden tener muchos tamaños. Las hay enormes, con tamaños característicos – llamados “longitud de onda” – de metros o kilómetros o más, y las hay pequeñísimas (de millonésimas de millonésimas de metros). Nuestros ojos, producto de la adaptación en el agua del mar y luego en la superficie, evolucionaron para poder recibir e interpretar ondas electromagnéticas de ciertos tamaños únicamente. Las más pequeñas que podemos percibir (con nuestros ojos) tienen una longitud de onda de 4000 Angstroms (un Angstrom es la diezmilmillonésima parte de un metro), mientras que las más grandes andan por los 7000. Podemos pensar en los diferentes tamaños en términos de los colores que vemos: las más pequeñas corresponden al violeta y las más grandes al rojo. Las ondas que caen dentro de ese rango constituyen lo que llamamos “luz visible.” A las más pequeñas (que no podemos “ver” con ojos humanos) les llamamos de manera general ondas o luz ultravioleta. A las más grandotas les llamamos ondas o luz infrarroja.

Los hornos de microondas, los celulares, las estaciones de radio y televisión, los satélites, el “WiFi,” las antenas de cualquier aparato, emiten y/o absorben ondas electromagnéticas. Dependiendo de su uso y descubrimiento, se les ha puesto diferentes nombres, pero todas son lo mismo: su única posible diferencia es el tamaño o longitud de onda. Todas, incluida la luz visible, son ondas electromagnéticas.

La luz ha sido estudiada durante mucho tiempo y ello ha permitido aprender cosas muy interesantes sobre la naturaleza. Algo “evidente” es que los seres humanos descubrimos muchas cosas de nuestro entorno precisamente a través de la luz, a través de la vista. Tenemos dos “detectores” (ojos) que reciben luz de diferentes fuentes y que una computadora (cerebro) analiza para determinar ciertas propiedades de los objetos que emitieron o “rebotaron” esa luz. Así, gracias a la luz que nos llega, sabemos si viene un coche cuando estamos tratando de cruzar una avenida, podemos ver la comida que necesitamos para comer, e incluso podemos hacer cosas mucho más sofisticadas. Por ejemplo podemos ponernos de acuerdo entre varios seres humanos para que ciertos símbolos signifiquen algo (por ejemplo un abecedario y palabras en un cierto idioma). Luego alguien, con un material que absorba la luz que le cae y que no la re-emita (y que por lo tanto nosotros lo vemos de color negro) los prepara en cierto orden en un papel blanco (que rebota toda la luz que le llega) de tal modo que cuando lo sacamos al sol (o a la luz de una de nuestras lámparas), la luz que llega al papel es absorbida en las regiones donde se plasmaron los simbolitos y reflejada en las otras partes del papel. Nuestros ojos reciben la luz de todo el papel, excepto la que absorbieron los simbolitos. Nuestro cerebro, inteligente (a veces más de lo que creemos), identifica esa “ausencia de luz” como una palabra.

“Vemos” entonces que la luz y su percepción pueden ayudarnos a conocer muchas cosas. Algunas muy cotidianas, otras un poco más sofisticadas. Dentro de las sofisticadas, pero que ha tenido un impacto importante en el desarrollo de la humanidad, se encuentra la de ver y estudiar la luz que emiten las estrellas. De alguna manera eso es lo que se hace en la astronomía: estudiar la luz que emiten las estrellas. Viendo esa luz (no solo la visible) podemos aprender sobre las estrellas y el universo. Es posible, por ejemplo, saber de qué están hechas. Determinar cuánto hidrógeno y/o helio tienen. Podemos determinar su edad, temperatura, su vida esperada. Estudiando la luz proveniente de las galaxias (que no es otra cosa mas que luz proveniente de las estrellas que las forman) podemos también determinar si se alejan o se acercan de nosotros. La luz proveniente de ellas nos da información sobre la evolución y desarrollo del universo. Gracias a esa luz, podemos tener una idea concreta, verificable, de cómo es el universo.

 


Al mal paso ….

enero 29, 2017

No hay mejor manera de responder a la adversidad que la de redoblar el esfuerzo y la dedicación en las cosas que son verdaderamente importantes. Así es precisamente como hemos empezado este complicado año en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima, con intensa actividad y buenas noticias.

Primero las buenas nuevas. Hace un par de semanas salieron los resultados de la edición 2016 de la competencia internacional llamada University Physics Competition (Competencia universitaria de física) en la que un equipo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima participó y logró obtener una medalla de bronce. Los estudiantes involucrados son Luis Ángel Delgadillo Franco, Martín Jacobo Pamplona y Diego Allan Reyna Rodríguez, todos ellos del octavo semestre de la licenciatura en física. Este logro se suma a los obtenidos por equipos de esta facultad desde que empezó su participación en el 2011 y que suma a la fecha dos medallas de plata, dos de bronce y cuatro menciones (somos al momento la única institución mexicana en haber obtenido medallas).

La dinámica del concurso consiste en que el equipo de estudiantes selecciona un problema de dos disponibles, publicados un viernes por la tarde en la página del evento, para que, durante las siguientes 48 horas, trabajen y desarrollen una solución. Los problemas son muy abiertos y requieren de investigación y modelaje. La solución debe ser entregada en un artículo que describa el problema y su propuesta de solución, incluyendo todas las suposiciones, estimaciones de error y los códigos (programas computacionales) que hayan tenido que generar para resolver los modelos matemáticos. En este último concurso, el problema que eligieron nuestros participantes consistió en determinar la razón (razones) por la cual los mamíferos terrestres más grandes que existen no pueden llegar al tamaño que tenían los dinosaurios. Pueden descargar el artículo que desarrollaron aquí (pdf en inglés)  

El éxito del equipo depende fuertemente de la coordinación y el trabajo en equipo eficiente. Es una experiencia muy intensa y bonita, que pone a prueba no solamente los conocimientos de los participantes, sino las habilidades de colaboración y discusión bajo presión. ¡Deberían de ver a los estudiantes un minuto después de enviar el documento!

Felicidades a Luis, Martín y Diego.

Paso ahora al tema de las actividades interesantes que se están desarrollando en la Facultad de Ciencias. Son varias y hablaré más de ello próximamente, pero hoy comento una en especial que está diseñada para el público en general y que por ello deseo invitar a todas las personas que me están leyendo. Se trata de la cuarta “Semana de Física y Matemáticas”, a celebrarse del 13 al 17 de febrero de este año. El evento consiste en una serie de conferencias para todo público. Se llevarán a cabo de manera diaria a las 18:00 horas en el Auditorio de la Biblioteca de Ciencias Miguel de la Madrid (Av. Gonzalo Sandoval # 444 Col. Las Víboras C. P. 28040 Colima, Colima). El lunes 13 tendré el honor de presentar la charla titulada “Neutrinos, quarks, Higgs y todas esas cosas que forman la materia”. El martes 14 será el turno del Dr, Andrés Pedroza (UCOL) con la conferencia “Matemática y arte: la obra de M. C. Escher”. El Dr. Carlos Castaño (UCOL) impartirá el tema “Apilados óptimos de naranjas” el miércoles 15. El jueves 16 continuaremos con la conferencia “Fourier es la onda”, que será impartida por el Dr. Ricardo Sáenz (UCOL). Para cerrar la semana, tendremos la conferencia de la Dra. Silvia Torres (del Instituto de Astronomía de la UNAM) titulada “¿Qué hay entre las estrellas?”.

Las conferencias son para el público general y no tienen ningún costo. ¡Esperamos verlos!