Especial

febrero 26, 2018

¿Qué tan especial te sientes el día de hoy?

#HablemosDeCiencia

Nos sentimos especiales. Desde las primeras ideas que tuvimos para tratar de explicar nuestro entorno, siempre, de manera natural, inmediata, nos hemos puesto en el centro. Es una cuestión automática, no lo hacemos de maneara consciente. Tomó mucho tiempo, y varios “muertitos”, para que aceptáramos que nuestro planeta no era el centro del universo y que, en realidad, gira alrededor del Sol. Sin embargo, cuando se propuso esa idea, que efectivamente trastocó todos los paradigmas anteriores (todos, incluyendo los políticos, sociales y religiosos, no solo los filosóficos y científicos), se cayó en el mismo “error” de manera automática. Se supuso, sin mucha necesidad de cuestionamiento, que el Sol sería el centro del universo. Si no somos nosotros, ¡sí es “nuestro” Sol! Y pues no, ni la galaxia, ni el grupo local de galaxias, ni el cúmulo de galaxias, ni el super-cúmulo, …

Es maravilloso, somos muy egocéntricos. Yo creo (no…

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En el frente de guerra

febrero 19, 2018

Respetamos y cuidamos lo que admiramos. A veces también lo que entendemos y, ¿por qué no?, lo que nos hace sentir bien.

Uno esperaría, quizás ingenuamente, que el arte y la ciencia fuesen apreciadas, respetadas, promovidas y admiradas por la mayoría de las personas. Al menos yo eso espero de una civilización en la que una parte considerable de la población recibe una educación básica a nivel medio superior (como sucede en la actualidad, que aún con muchas personas sin oportunidad de estudiar, en términos históricos vivimos el momento en que más personas tenemos esa oportunidad).  Es decir, para mí (ingenuo), el objetivo fundamental de la educación consiste en lograr la incorporación de un entendimiento (y por ende apreciación) general de lo realizado por el ser humano, que es lo que define la realidad social y el contexto en el que vivimos, incluyendo de manera prioritaria las bases que dan sustento y sostienen ese entendimiento, así como los elementos básicos que permitan su modificación, extensión y posible utilización. El compartir la riqueza cultural generada por el ser humano en su intento por explorarse a sí mismo y a su entorno, que además define lo que somos como sociedad y que permite a los “que vienen” no solo a contribuir a su cambio y futura exploración sino también, de manera pragmática y concreta, a integrarse productivamente al desarrollo minucioso del día a día (entiéndase el sector productivo en general).

Si esta expectativa fuese correcta podríamos concluir que estamos ante un fuerte fracaso en la educación.

No puedo en este momento abarcar demasiado sobre la problemática, quizás casi nada, así que me enfocaré en algo muy concreto. Me disculpo de antemano porque será insuficiente y no servirá de mucho. A mí me sirve un poco, casi como un pequeño berrinche o una manifestación de angustia que necesito emitir. Voy a insistir en la idea sobre la finalidad de la educación expresada arriba. Tomándola como verdadera, y enfocando a nivel medio superior, lo primero que deduzco es la increíble importancia del papel que juegan quienes enseñan. No puedo exagerar – en mi visión – la importancia del rol que juegan las personas que tienen esa responsabilidad. En el contexto de la ciencia (otra vez, muy particular) son esas personas quienes representan nuestra esperanza; ellas son quienes están en el frente de guerra contra la pseudociencia, el fraude y la irresponsabilidad. Son quienes cargan con la inmensa responsabilidad de que la sociedad, en su conjunto, comprenda el esquema general de las cosas en el contexto actual (no poca cosa). Es ahí donde – independientemente de las disciplinas a las que nos dediquemos posteriormente – aprendemos sobre nuestro mundo y nuestro impacto como civilización. Es donde deberíamos terminar enamorados del ser humano. Sin embargo, entre las prisas y los problemas de momento, por cierto muchos de ellos originados precisamente por falta de una educación sólida y robusta (bella, agradable, encantadora, accesible), los esquemas actuales han puesto a la figura del docente en el peldaño más bajo, casi insignificante. Es un error garrafal y espero que pronto, mucho más de lo que me temo sucederá, rectifiquemos ese camino.

Desde hace ya algo de tiempo, en nuestro país (no solo, desgraciadamente), el frente de guerra está desvalido. Necesita una reestructuración impresionante que vaya desde las condiciones laborales hasta las de conocimiento disciplinar, que desemboque en una dignificación social de la profesión. En la actualidad pareciera simplemente aceptarse que quien enseña no sabe hacerlo, carece de conocimientos y sirve solo para llenar formatos utilizados para “sustentar” programas y proyectos diseñados por personas que simulan seguir procesos de investigación y/o para mejorar indicadores “a la fuerza”. Las consecuencias ya se sienten.

 

Agradezco sus comentarios …


Las grandes ausentes

febrero 7, 2018

A propósito de esta bella temporada…

#HablemosDeCiencia

Si hay algo que podemos considerar estrictamente humano tienen que ser el arte y la ciencia. Es más, yo añadiría que son lo único verdaderamente valioso que hemos creado los seres humanos. Es triste que a pesar de contar con excelentes representantes y enamorados, ambas han estado relegadas por muchos años en nuestro país.

No es sorpresa, por tanto, que ambas han estado prácticamente ausentes también en los discursos y propuestas que nos inundan estos días. Quizá solamente han sido mencionadas en el contexto general de lo que llaman, a veces superficialmente, educación. Las actividades más hermosas, trascendentes y útiles que tiene la humanidad han sido, hasta el momento, las grandes ausentes.

Se lanzan palabras y conceptos maravillosos como innovación, desarrollo, crecimiento, transferencia, tecnología, y muchas más. Todas ellas importantes y necesarias dentro de un esquema general bien organizado y sustentado. El problema que a veces me parece percibir es…

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