Poco propositivo…. a propósito

febrero 4, 2019

Buscando en mis archivos me topé con un escrito que publiqué en un periódico de Colima en el 2014. Ahí describía mi frustración con algunos temas relacionados a la situación social del país y su relación con la educación, ciencia y la pobre política nacional. Lo leí de nuevo y me pareció pertinente compartirlo de nuevo en este momento. Ustedes dirán si se puede adaptar a lo que está sucediendo justo ahora (en el 2104 era seguro, sin lugar a dudas). Aquí se los dejo….. espero sus comentarios.

No sé qué escribir. He intentado buscar ideas interesantes para compartir con ustedes y aun cuando hay muchas y bonitas, no he podido concretar nada. Me siento un poco desanimado. No: desanimado no es la palabra correcta, estoy más bien preocupado, algo deprimido y en ocasiones podría decir que molesto.

Me molesta, me preocupa y me asusta la situación que vivimos en el país. Hay una evidente y fuerte descomposición social y política (no pueden estar separadas) que nos tiene al borde de la locura. Suceden cosas que creería solo poder encontrar en cuentos (y malitos) y parece que no nos damos cuenta, o que no nos importa, o que es de lo más normal. Luego, cuando todo parece indicar que ya se llegó al fondo, y que por lo tanto la situación ya no puede empeorar, la “creatividad” y el surrealismo de este país florecen para mostrarme lo equivocado e ingenuo que soy.

Creo firmemente que la solución a todos los problemas sociales que tenemos radica de manera fundamental en la educación. Digo que lo creo porque no lo puedo demostrar. Si mi creencia es acertada, debe ser claro que ello implica que la solución no es para nosotros, es decir, es para el futuro. A nosotros nos tocó lo que tenemos (de acuerdo a mi creencia, producto fundamentalmente de una pésima educación durante décadas) y no podremos cambiarlo para disfrutarlo nosotros mismos. Ese es, desgraciadamente, uno de los ingredientes más importantes para que, de alguna manera, muchos no hagamos nada al respecto. Es difícil sacrificar y trabajar para obtener resultados que no veremos, más cuando tenemos desconfianza y nos sentimos vulnerables. Creo que a veces preferimos engañarnos y pensar que hay soluciones que tendrán efectos inmediatos, generales y contundentes. No las hay. Creo también que eso precisamente es lo que hemos estado haciendo en las últimas décadas en nuestro país llegando a un claro resultado: el presente.

Me preocupa ver que hoy sigamos sin tener planes diseñados con una visión a largo plazo e incorporando además pasos pequeños, dirigidos, sólidos, basados en el presente y evaluables. Planes de gran envergadura pero ubicados en la realidad. Planes con la flexibilidad adecuada para ir corrigiendo el rumbo, basándose en evaluación y seguimiento, y al mismo tiempo con un rigor y entusiasmo que garanticen el avance. Planes que nos hagan creer en nuestro país, en nosotros mismos. Estrategias y proyectos que nos hagan partícipes y constructores del futuro. Planes y estrategias en las que nosotros seamos – y nos sintamos – indispensables. Planes incluyentes que contemplen las necesidades de todos los grupos, diseñando programas para que todos, pero todos, desde los más vulnerables hasta los más destacados y de alto rendimiento, potencien sus habilidades y entusiasmos. Planes basados en la idea de que somos una gran nación y no somos inferiores ni incapaces. Aprendiendo y aprovechando lo generado por los demás, pero sin someternos a los demás. Pero no, pareciera que lo único que somos capaces de diseñar y vender son ideas enfocadas a tratar de obtener “resultados” visibles e inmediatos (si son fotografiables mejor), independientemente de si son certeros o eficientes. Me preocupa y mucho.

Me preocupa en parte porque en ese ambiente es difícil contribuir. Es difícil que se tome en cuenta, por ejemplo, a la ciencia, y eso es muy peligroso.

¿Por qué es difícil tomarla en cuenta? Porque los resultados obtenidos por la ciencia no siempre van de acuerdo con lo que nos gustaría escuchar, más bien al contrario. Cuando los gobiernos y grupos de poder tienen en mente estrategias y conceptos de desarrollo, no les es placentero que haya argumentos que muestren alternativas más eficientes o que evidencien debilidades en sus proyectos. El “problema” de la ciencia es que los resultados que obtiene no pueden ser moldeados ni adaptados a los intereses personales o de grupo. En sistemas en que los tomadores de decisiones están acostumbrados a que su palabra sea suficiente para demostrar cualquier verdad, la ciencia no puede ser una aliada y resulta más bien medio “molesta.”

¿Por qué es peligroso que no se tome en cuenta? Precisamente porque al no hacerlo es muy fácil terminar en una situación como la que tenemos en el presente.

Se supone que mi intención es utilizar este espacio para hablar de cosas interesantes sobre ciencia. Si se preguntan “¿qué le pasó a este tipo?, ¿por qué se pone a hablar de estas cosas?, ¿qué no tenía que decir algo sobre ciencia?,” no me queda mas que darles toda la razón y pedirles me disculpen. Hoy no pude. No me salió nada, me falló la inspiración. Por otra parte sentí la necesidad de sacar estos malestares y aprovechándome de su generosidad, decidí compartir esto. Pido disculpas porque no sirve de nada (a ustedes) que deje mis quejas y berrinches así nomás, sin propuestas, sin ideas de cómo resolverlas. Hoy no pude. Prometo intentar no repetir este bochornoso episodio.

 

 

 


¡Ah, la bella y útil incertidumbre!

enero 24, 2019

“¿Qué vas a hacer cuando termines?”

No recuerdo cuántas veces escuché esa pregunta durante el tiempo en que me dedicaba a realizar mi preparación como científico, pero fueron muchas. La parte de la pregunta que más me confundía era el “cuando termines”. ¿Cuando termine qué?, me preguntaba internamente.

En la mayoría de los casos quien preguntaba se refería a “estudiar” y quería saber en qué iba a “trabajar”. Yo no entendía. Me encontraba realizando el doctorado, que consiste en el entrenamiento formal para hacer investigación científica, y para mí eso precisamente era mi trabajo en ese momento. Posteriormente, aunque no sabía con certeza ni dónde ni cuándo, yo sobreentendía que mi labor continuaría en el ámbito académico, incorporándome a alguna universidad o centro de investigación, pero que determinar dónde y cuándo no era algo que pudiera – ni debiera – hacer mientras no conseguía aún el “mínimo de formación” para luego participar en alguna convocatoria y poder tener un primer empleo formal (temporal) como postdoc y eventualmente una posición permanente en alguna universidad. Así era donde yo me encontraba en ese momento y, como es un sistema exitoso, pensé que así (o algo muy similar) sucedía en la mayoría de los lugares.

Poco tiempo después decidí regresar a México y empecé a conocer el sistema que imperaba en nuestras universidades. El sistema era – naturalmente – producto de una serie de factores relacionados al origen de las universidades, las leyes de trabajo y los famosísimos “usos y costumbres”. Algunos factores ayudaron al desarrollo y lograron que escuelas encargadas de solo generar profesionistas en algunas áreas clave con el tiempo se fueran sofisticando y convirtiendo en verdaderas instituciones universitarias. Sin embargo, otros, con tintes de tradición y quizás un poco de confort, atentaban contra el crecimiento y la calidad de las mismas. Uno de los más importantes consistía en la habilitación (y definición) de docentes universitarios.

Durante muchos años, el camino “típico” consistía en concluir estudios de licenciatura e intentar “dar unas clases” o “unas horas” en el mismo programa del cual se había graduado. Esto se fundamenta desde la perspectiva de que si se “terminó” la carrera, entonces se puede “enseñar” lo que se aprendió. Funcionó durante mucho tiempo, sin embargo, conforme las instituciones maduraron al punto de empezar a ser generadoras de conocimiento y por lo tanto universidades en el contexto moderno, se dio la necesidad de que las personas se prepararan a niveles más altos y obtuvieran las habilidades para una docencia más sofisticada asociada a producir conocimiento.

Ahora era necesario prepararse más. Para quienes conocían el esquema anterior esto significaba intentar “agarrar unas horas” para luego “seguir estudiando”. Así, muchas personas conseguían empleo en las universidades y luego continuaban con su formación. De alguna manera primero se “aseguraban” de tener algo “seguro”, y luego se preparaban. Existe de todo en este esquema, pero algo que sucede con bastante frecuencia es que los posgrados realizados bajo este esquema no “rinden igual”. De manera sucinta y sin mucho rodeo: si en un doctorado no se dedica el 100% del tiempo, probablemente no es muy bueno.

Cuando empieza a surgir el fenómeno de que existen personas que deciden primero formarse y luego buscar la oportunidad en una universidad, se empieza a generar un poco de confusión al interior de nuestras instituciones. De repente, personas que nunca estuvieron asociadas a una universidad, participan en convocatorias de plazas y llegan ya formadas con el más alto nivel (que en otros lugares es el mínimo necesario). Durante su preparación, aún cuando pudieron haber tenido la intención de trabajar en algún lugar específico, no sabían dónde exactamente encontrarían un trabajo permanente. Para quienes esperaban adquirir una plaza por haber seguido el camino “viejo” y simplemente tener antigüedad, les sorprendía que alguien de repente llegara “sin haber hecho nada” y ganado el concurso. Claro que era difícil entender que no era verdad que no había “hecho nada” sino que había hecho mucho, mucho más de lo que pudiera imaginarse, solo que no lo había hecho con un “lugar” asegurado. Este tipo de confusiones, aunados a veces al confort, la resistencia al cambio, y muchas veces a mediocridad, han generado toda una serie de interesantes anécdotas a lo largo de las últimas décadas y a lo largo y ancho del país. Ojalá alguien que lea esto y quiera compartir su experiencia lo haga en los comentarios a esta entrada.

Muchas de estas anécdotas resultan ser difíciles para quienes se forman bien primero, y luego intentan conseguir un trabajo. Y aún así, para quienes se forman y compiten en sistemas abiertos, esta situación de no estar – ni intentar estar – vinculado a una institución cuando aún no se tiene la formación, que seguramente se puede describir como de “incertidumbre”, es la cosa más normal, es más, es un ingrediente esencial para que el proceso de crecimiento y desarrollo universitario pueda ser limpio y transparente.


Rudos vs. Técnicos

enero 24, 2019

De repente resulta – nos dicen – que la comunidad científica está dividida en dos grupos muy diferentes. Por un lado – dicen – se encuentran aquellas personas de ciencia que se han corrompido a raíz de los intereses económicos y malvados del mundo, y que han entregado su trabajo, talento y tiempo a enriquecer (y al parecer enriquecerse) a los poderosos. Estos científicos no tienen ningún interés en la sociedad y los problemas que aquejan a la humanidad. Son corruptos y están dispuestos a cualquier cosa por mantener el status quo que les permite vivir cómodamente, sintiéndose superiores a todas las demás personas. En pocas palabras, no tienen ma…
Por otro lado, nos dicen que hay un segundo grupo de personas de ciencia que no solo no se han corrompido por los poderes malvados del mundo, sino que dedican cada segundo de su vida a salvar la humanidad. Se preocupan “de verdad” por las demás personas e intentan resolver los problemas más apremiantes del a civilización. Estas personas entregan su vida a los demás y muchas veces, por ello, sufren – pobrecillas – de marginación y falta de reconocimiento por parte de las manipuladas asociaciones mafiosas de los científicos malvados (los del otro grupo).
Cualquier persona con sentido común, como usted que me lee, sabe que estoy exagerando las posturas descritas arriba (aunque no mucho). Sabe también que como cualquier organización humana, existe en la ciencia una rica diversidad de realidades y por ende comportamientos. Sabe que una simplificación así, burda, solo puede hacerse “seriamente” con un fin cómico o político (que no es lo mismo, pero es igual).
Existen personas corruptas en la ciencia. Existen personas que simulan, que se aprovechan de las deficiencias de los sistemas para salir adelante. Existen timadores profesionales. Hay charlatanes con preparación que buscan la manera de obtener beneficios “jugando” con el sistema. Pero no son mayoría y no representan un grupo significativo de la comunidad científica, ni en el mundo, ni en México.
Lo que sí representa de manera significativa a la comunidad científica mexicana es un esfuerzo permanente por contribuir, en todas las áreas, a pesar de una realidad difícil para dicha tarea. En la comunidad científica mexicana existen varios grupos con características distintas, obviamente y uno de ellos, significativo, está conformado por personas que aportan su trabajo y dedicación para que la ciencia y la educación avancen. Algunas de ellas, pro ejemplo, apoyan económicamente a sus estudiantes. Hay personas que van a lugares del país donde la actividad científica es precaria e intentan por todos los medios de incentivarla, de protegerla. Existen aquellas que, formadas en el extranjero, sin apoyo económico mexicano, buscan regresar a su país para intentar aportar un poco. Existen las que habiendo sido apoyadas por recursos del país, dentro y fuera, regresan para contribuir y retribuir. Existen las que deciden quedarse fuera de las fronteras físicas del país y contribuyen a México desde donde se encuentran. Existen quienes, aunque desearon (desean) regresar al país, no encontraron el lugar y/o situación que les permitiera hacerlo de manera productiva. Existen personas así en todas las áreas del conocimiento.
Como ven, no es verdad que las personas de ciencia se hagan guajes y no quieran trabajar por los demás. En la realidad científica de México lo común es todo lo contrario. Lo común es que esté formada por personas que les mueve la pasión del conocimiento y el desarrollo de la humanidad, lo que incluye su terruño. Recordemos que el aporte de la ciencia a la sociedad ocurre cuando esta se hace con sustento y calidad, independientemente del área. Así entonces, si alguien habla de que hay malos vs buenos, y que los científicos deberían enfocarse en este o aquel tipo de problemas para mostrar que sí tienen interés en la sociedad, tengamos la certeza de que se está hablando desde la ignorancia o desde una plataforma ideológica.


¿En las mismas?

enero 18, 2019

Nuevo año, al parecer misma situación. En las administraciones pasadas, la ciencia nunca fue un eje central de desarrollo. Esto se vio siempre reflejado en los bajos presupuestos y la ausencia de un verdadero plan de desarrollo nacional que incorporara a la ciencia como uno de sus pilares para el progreso social y económico. Hubo algunos momentos en que los presupuestos subieron, pero sin mucha idea ni planeación (en el mejor de los casos) y por ende fueron, con excepciones, desperdiciados o mal aprovechados. Uno de los rubros en donde esto se dio de manera significativa es el que está asociado a la inversión para la supuesta innovación tecnológica, en donde lejos de apoyar a una incipiente comunidad que cuenta con la calidad y el sustento, se desperdiciaron recursos en una cantidad importante de proyectos verdaderamente ridículos y/o de pura “pantalla”. Y claro, parte del problema es que para lograr un esquema de innovación tecnológica sustentada en la ciencia se requiere de mucho más que las ganas y las intenciones.

La ciencia básica, en todas sus vertientes, fue la sacrificada. Encapsulados en su “discurso” de que lo importante es generar investigaciones que “sí sirvan”, la ciencia básica fue encajonada como algo superfluo, algo irrelevante. ¡Cuánta ignorancia mostraron!

Hoy parece que en el fondo seguimos igual. Con la reciente noticia de que la nueva administración no solo no incrementa la prometida partida para ciencia en el país, sino que la reduce, queda de manifiesto que seguiremos estando en una situación de marginación científica a nivel nacional e internacional. Una posible diferencia con respecto a las administraciones anteriores radica en la posibilidad de que se manejen los recursos con mayor transparencia y que, los programas a los que aludí arriba, sean llevados a cabo con más escrutinio o incluso cancelados (¿transformados?). El problema es que no queda claro cuál es el plan de desarrollo y las ideas generales que se mencionan, ya que sin un sustento claro, parecen más discursos de carácter político ideológico que de carácter técnico, en un área donde lo técnico es lo que debería regir.

La verdad puedo concebir (quisiera) que aun sea pronto para que haya claridad en cuanto a las ideas que regirán la administración de la ciencia en México, y que con un poco más de tiempo nos den un plan más elaborado y sustentado, sin embargo, en realidad, no importa mucho. Sin una inversión decidida y sin que el proyecto de nación tenga una gesta que incluya a la ciencia (y el desarrollo científico) como ingrediente básico, de poco servirá el “discursillo” que le podamos poner a las intenciones.

En las últimas décadas, a pesar de la nula importancia que los gobiernos mexicanos dieron a la ciencia, la comunidad científica ha logrado permanecer viva y hacer cosas interesantes. Cada vez hay más ciencia en la universidades estatales, lo que hace apenas treinta años era rarísimo, y lo que ha requerido de esfuerzos muy loables por parte de muchas personas que se han dedicado no solo a sus investigaciones, sino a formar estructuras, grupos e infraestructura, poniendo de sus propios recursos, y en un ambiente a veces hostil. Ambientes en donde pudieron ser percibidas como innecesarias y/o “fuera de lugar”.

Gracias a esas personas, la ciencia en el país (a lo largo y ancho) existe a pesar de todo. Gracias a ellas, la formación de nuevas personas de ciencia junto con una (si se quiere incipiente) presencia en la ciencia internacional (porque no hay de otra) ha venido avanzando poco a poco. Gracias a ellas, independientemente de que al parecer nos estamos perdiendo de una oportunidad histórica para aportar con sustento al bienestar y desarrollo social sistemático, seguiremos avanzando, aunque sea poco a poco. ¡Feliz año!


Antimateria en la cocina

septiembre 21, 2018

A propósito de una pregunta que me hicieron hace poco sobre lo “normal” de la antimateria….

#HablemosDeCiencia

Sabemos que para producir antimateria se requiere de experimentos muy sofisticados y caros ¿verdad?

Hace poco leí algo cotorrón sobre la producción de positrones (anti-electrones) y me puse a verificar a ver si era cierto. El enunciado a verificar es el siguiente: un plátano produce un positrón aproximadamente cada 75 minutos.

Veamos si es cierto:

Todos sabemos (!?!) que los plátanos tienen potasio. El potasio cuenta con una cierta cantidad de isótopos, es decir, potasios a los que se le han agregado o quitado neutrones. El potasio normal tiene en su núcleo $latex 19$ protones y $latex 20$ neutrones y lo llamamos $latex ^{39}K$. Estos átomos son estables, lo que quiere decir que una vez formados son eternos (a menos que algo externo los destruya, por supuesto). Así, si el átomo captura un neutrón obtenemos el isótopo $latex ^{40}K$ y si captura $2$ neutrones obtenemos $latex ^{41}K$, y así hasta…

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Colaboraciones experimentales

septiembre 13, 2018

Existen áreas de investigación científica que requieren de una infraestructura física y tecnológica tan grande que es imposible tenerla en una universidad o incluso difícilmente en un solo país. Los países que sí la tienen, por lo general, lo logran en colaboración con otros: los laboratorios se construyen en un cierto lugar, pero son varios los países que aportan recursos para la construcción y/o el equipamiento.

Comúnmente esos centros de investigación requieren de múltiples equipos con muchas componentes diferentes, la mayoría de las cuales tienen que ser creadas por los mismos grupos de investigación que participan (no se pueden comprar, no existen). Un grupo en alguna universidad de algún país puede desarrollar un proyecto, financiado por su propio país, para crear uno de los componentes necesario, llevarlo al laboratorio e instalarlo. Otros harán lo propio con otros dispositivos y así, una vez que todo el equipamiento esté completo y funcionando, llega la época de experimentación. Personas de diferentes lugares del mundo utilizarán el laboratorio para obtener información sobre sus preguntas y proyectos específicos. Participarán compartiendo y discutiendo los resultados y hallazgos.

La vida promedio de dicho tipo de “colaboraciones experimentales” va de las dos a las tres décadas, comenzando desde el diseño y construcción de los equipos hasta la obtención de datos y su posterior análisis. Se trata de proyectos de ciencia básica fundamental que sirven de base para todo lo demás.

Como podremos imaginar, la organización y funcionamiento de dichas empresas requiere no solo de la infraestructura física (laboratorios y dinero), sino también de una infraestructura administrativa sofisticada y robusta. Investigadoras, investigadores y estudiantes deben tener la posibilidad de trasladarse y pasar temporadas largas en instituciones distintas a las suyas, el equipo generado y/o adquirido en un país terminará funcionando en otro, la planificación de los proyectos debe contemplar fases de avance intermedias, pero debe ser pensado y organizado a muy largo plazo, etc. Como también creo podremos imaginar, nada de ello es común en nuestro sistema.

En nuestro país no existe un laboratorio o centro de esas características. Para aquellas personas que hayan seguido esta columna no les resultará sorprendente esta situación: simplemente no existen condiciones que permitan si quiera imaginar la posibilidad de crear una empresa de esa magnitud en este momento. Lo que sí hay, aunque en una escala muy pequeña y marginal, es la participación de algunos grupos en proyectos grandes realizados en otros países, pero aún en esos casos, la participación ha sido muy modesta y restringida a pocos aspectos del proceso general de experimentación. Hace falta más (tenemos ejemplos pequeños muy exitosos y esperanzadores, sobre todo en el área de astronomía/astrofísica, pero necesitamos ir más allá).

En la Universidad de Colima estamos intentando participar con la creación de un grupo de investigación que se involucre directamente en una colaboración internacional en uno de esos laboratorios, en concreto con la colaboración “DUNE” (Deep Underground Neutrino Experiment) del laboratorio nacional norteamericano “Fermilab”. La idea es que sea un grupo formado por personas que puedan incorporarse a alguno de los proyectos en fase de desarrollo de un laboratorio internacional y pueda mantener una relación de largo plazo. Pronto escribiré algo sobre qué es DUNE y qué se pretende lograr ahí.

Se requerirán muchas cosas para que el proyecto se concrete. Representa una forma muy diferente de hacer las cosas que seguramente requerirá de cambios e ideas distintas para resolver los retos que surjan. Se requerirá conseguir recursos por parte de agencias financiadoras de la actividad científica en el país, se requerirá conseguir recursos humanos del mejor nivel posible, se requerirá brindar condiciones óptimas para el trabajo de investigación y docencia, se requerirá planear proyectos en equipo con otras instituciones a mediano y largo plazo, se requerirá continuidad y mucha calidad. Lo importante es que todo lo que se requiere es posible. No será fácil, pero estoy seguro de que todo el esfuerzo que tengamos que hacer valdrá la pena al final.

 


Exabrupto

septiembre 11, 2018

Varias veces he comentado en esta columna que la ciencia es endeble en nuestro país, que prácticamente no se le ha apoyado y que nunca se le ha tomado en cuenta seriamente dentro de los proyectos de nación. Otro tema recurrente y relacionado ha sido el de la exigencia de impacto social y económico que se le pide a la comunidad científica por “todo” el apoyo que (no) ha recibido, ya que como que no se nota que haya ningún impacto. Según se dice, se nos ha apoyado de manera importante y no hemos hecho nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Tal pareciera que la comunidad científica mexicana es percibida como un grupo de personas que se gastan cantidades importantes de dinero en hacer nada, solo locuras u ocurrencias intrascendentes que no aportan a nada, mientras el país sufre con problemas importantes que por alguna curiosa razón no quieren atacar. La comunidad científica es insensible, despreocupada. Es más, no le importa la sociedad. No le interesa nada mas que estar cómoda. He plasmado aquí varias ideas que tratan de desmontar esas percepciones, pero el problema es serio. Además, por si esto no fuera poco, se empieza a manifestar de manera cada vez más directa la idea de que en el mundo académico nacional, concretamente el científico, hay mucha simulación, comodidad y fraude. En otras palabras, la comunidad científica mexicana no está interesada en aportar a su país, es corrupta y necesita una lección.

Yo sí conozco personas que simulan. Conozco colegas que navegan en la comodidad que permite el sistema. He visto actitudes poco éticas entre personas de la academia. Sí, eso existe y más de lo que me gustaría. Lo he descrito también en este espacio. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi profunda inconformidad con las ideas expuestas arriba, sobre todo cuando son emitidas por personas que deberían saber un poco más de cómo funciona la ciencia y por qué la educación es el pilar más importante de una sociedad saludable. Como ya he expresado antes, no es verdad que en México se ha apoyado a la ciencia. ¿Qué es lo que quiero decir? Trataré de explicar mi exabrupto de la siguiente manera. Para contextualizar, si el día de mañana a cualquier universidad del país se le aprobara un proyecto en el área de química por diez millones de pesos, sería una noticia importante, habría alegría y ayudaría mucho a quienes participaran en ese proyecto. Sería sin duda la noticia del año para ese grupo. Sin embargo, esa misma cantidad es irrisoria para el tipo de gasto corriente que utilizan laboratorios de mediana calidad en la misma área pero en países con ciencia saludable, robusta. Laboratorios y equipos de trabajo con los que además nuestro grupo tiene que competir. Es más, nos gustaría, casi esperamos, que si les dieron los diez millones po’s que compitan con los mejores, ¿no? Lo que quizá no es obvio para muchas personas es que no funciona así. Lograrán algo, pequeño, interesante, importante, pero difícilmente podrán competir. Y digo difícilmente porque hay quienes a pesar de todo lo logran.

Conozco personas que en mi país logran hacer cosas maravillosas, impresionantes. Personas y grupos que con prácticamente nada, verdaderamente nada como ya vimos, son capaces de sobresalir en el contexto internacional. Tengo colegas que se esfuerzan de manera impresionante por contribuir al conocimiento y la sociedad a través de investigaciones que requieren, además de un gran talento, una dedicación profunda, compitiendo al tú por tú con los mejores grupos del mundo y haciéndolo en medio de ambientes académico-burocráticos hostiles y sin el financiamiento requerido. ¡Imaginen qué podrían lograr en condiciones mínimamente adecuadas!

Desafortunadamente también conozco muchos casos de jóvenes, que justo al empezar a desarrollar sus carreras científicas dentro de nuestras universidades, se encuentran en un pantano de sub-desarrollo académico que fácilmente termina con sus posibilidades de construir una verdadera trayectoria científica. Por no existir apoyo decidido y firme a la educación y ciencia, nuestras universidades viven realidades complicadas que hacen difícil la vida académico-científica y se ven envueltas en dinámicas y programas que impiden el desarrollo profesional. Al no tener lo mínimo necesario, se prioriza lo elemental, más no necesariamente lo básico, para “sacar el día” y en el camino se sacrifica mucho. En fin, la cosa no es trivial.

Este exabrupto va por todas esas personas que a pesar de todas las dificultades logran hacer ciencia y una vida universitaria digna. Ustedes saben quiénes son, y también quienes no.