Exigente

marzo 24, 2019

Los eclipses son algo bello. Los eclipses son algo normal. Como muchos otros fenómenos naturales, inspiran a la imaginación, a veces de maneras extravagantes. Existen “ideas” como la de que durante un eclipse la atracción gravitacional sufre modificaciones y “se reduce” o que los péndulos se comportan de manera “extraña”. Algunas personas dicen que eso demuestra que Einstein estaba mal, un enunciado muy famoso entre soñadores y charlatanes.

Yo creo que los eclipses causan mucha conmoción porque a pesar de ser normales y frecuentes, no lo son en la misma región de la Tierra y, a menos que andemos viajando cada dos años persiguiéndolos, la mayoría tendremos oportunidad de ver muy pocos. Sin embargo, los podemos entender y podemos darnos una idea de si las cosas que escuchamos, sobre todo aquellas que infieren que hay algo misterioso y “oscuro”, tienen algo de sentido o son simplemente locuras imaginadas.

Sabemos que nuestro planeta se encuentra en órbita alrededor del Sol. Lo que quizá no sepamos o recordemos, son las características básicas de dicha órbita. Para empezar, la distancia promedio entre la Tierra y el Sol es de aproximadamente 150 millones de kilómetros. Es una distancia muy difícil de imaginar, ya que nuestra experiencia cotidiana no nos ofrece esas magnitudes. El diámetro de nuestro planeta es de aproximadamente 12,700 km. Si pensamos en el diámetro de la Tierra y lo comparamos con la distancia promedio al Sol, vemos que es menos de una diezmilésima parte: para el Sol, nuestro planeta es prácticamente un punto.

La Luna se encuentra mucho más cerca de nosotros que el Sol. Sabemos que la Luna está en una órbita alrededor de la Tierra y se encuentra a una distancia promedio de 384,400 km.

Si usted piensa que la oscuridad causada por un eclipse puede afectar el desarrollo de un feto, en el sentido de causar malformaciones, por ejemplo, tenga en cuenta que esa oscuridad es la misma que tendría si usted se encerrara en cualquier habitación y cerrara las ventanas impidiendo que la luz del sol le llegara. Si piensa que no es solo la oscuridad, sino que – al mismo tiempo – la atracción gravitacional de los dos objetos (Luna y Sol) al estar “tan juntos” también producen un efecto, otra vez, recupere la tranquilidad, eso sucede todo el tiempo ya que cuando no hay luna en las noches, es porque anda encima de nosotros durante el día, solo que su sombra no “nos toca”.

Si piensa que los eclipses causan temblores y lo argumenta diciendo que es por los jalones gravitacionales del Sol y la Luna, que se juntan y “jalan” más, casi tiene razón, excepto por el hecho de que no es el eclipse. Eso sucede todo el tiempo ya que, como dije antes, cuando no hay luna en la noche, anda encima de nosotros durante el día y “jala” con el Sol. Así que esas fluctuaciones gravitacionales son algo común, van y vienen con el ciclo lunar, independientemente de si la sombra de la luna le pega a su rancho/ciudad/región o no. Su efecto en los sismos es algo que se estudia en la actualidad.

Ahora, si piensa que con un listón rojo y/o un objeto de metal usted contrarresta los efectos negativos de un eclipse, usted tiene un nivel de “pensamiento” similar al promedio existente durante la edad media, en donde no existía educación ni información colectiva.

Si usted, después de informarse y escuchar la información emitida por profesionales, de todas maneras “argumenta” que usará o recomendará usar esas medidas “por si las dudas” o porque “no pierdo nada” o “no vaya a ser” o cualquier cosa similar en referencia a los efectos negativos en la formación de un feto derivados de un eclipse (o de cualquier información proveniente de la ciencia que contradiga sus expectativas), entonces, usted en realidad no tiene un interés en saber, quiere tener razón aunque no la tenga.


Conversatorio sobre ciencia

marzo 13, 2019

 

Hoy participé en el conversatorio que se llevó acabo en la Cámara de Diputados  para discutir sobre las posibilidades de la nueva ley de ciencia tecnología y la situación general de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. Les comparto las notas que utilicé para guiar mi presentación dentro de la mesa seis con el tema general de recursos humanos, educación, divulgación científica y la transversalidad de la equidad de género.

 

Gracias por la oportunidad.

Hay muchas peticiones e intereses de diversa índole. Hay quien viene con una perspectiva general y visión a largo plazo, hay quienes tienen una preocupación más inmediata. También hay expectativas personales y de grupo o institucionales. A nivel personal yo tengo inquietudes en todas esas categorías, pero hoy quiero centrarme en lo que considero puede tener un impacto más general para el país y la sociedad.
Hablamos de ciencia y tecnología. De la ley (de ciencia). De su impacto y apropiación y de su comunidad (en esta mesa en particular sobre los recursos humanos).

Lo primero que me gustaría comentar es que se trata de un problema muy relevante.

Es importante mencionarlo y explicarlo ya que esto está sucediendo dentro de un contexto muy complicado en nuestro país: violencia, pobreza, corrupción, etcétera.

Esta compleja situación puede hacer que el problema de la ciencia se perciba como uno más, de muchos, y quizás no tan apremiante.

Esto es un problema en sí que debemos intentar modificar. Está precisamente relacionado con la apropiación social de la ciencia y su impacto. Debemos hacer todo lo posible por convencerles de que estamos hablando sobre algo que es indispensable para que lo demás funcione.

La ciencia no ha sido apoyada en nuestro país. Dejemos de repetir eso. La ciencia que se realiza en nuestro país no ha contado nunca con un apoyo firme ni ha sido considerada como parte toral de los planes nacionales de desarrollo.

Cuando nos preguntamos sobre la apropiación, sobre el impacto, etc. no debemos olvidar que eso surge como un producto natural de una sólida y duradera inversión. Con tiempo y sustento, sin atajos ni simulaciones. Hay una desesperación natural, entendible. Pero es importante entender que se necesita hacer mucho más para lograrlo…

La ciencia, además, tiene un problema particular con el ámbito de la política. La ciencia produce respuestas y estrategias que a veces no se pueden acomodar. En sistemas de gobierno y de toma de decisiones en los que la opinión de gobernantes y/o grupo de poder son lo más importante, la ciencia muchas veces resulta ser incómoda. Esto es importante mencionarlo y entenderlo ya que, si queremos lograr que se le de el lugar que necesita para transformar al país, debemos saber sortear esa realidad.

Esta discusión es, entonces, de lo más trascendente

Disculpen si insisto sobre la importancia. Creo que la mayoría de quienes estamos aquí compartimos a algún nivel esta inquietud. No me alcanza el tiempo para poder brindar más sustento a esta declaración, pero algo que puedo decirle a quienes legislan es que consideren lo siguiente. Una evidencia de que NO invertir en ciencia de manera firme, contundente, sin vacilación y durante mucho tiempo, resulta catastrófico para un país, es el día de hoy.

PROPUESTAS

Me enfoco a un problema central.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia que pretenda lograr que la situación cambie: es uno de los ingredientes imprescindibles de cualquier estrategia: es necesario construir y fomentar una verdadera “masa crítica”. Necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez.
Necesitamos empezar a crear y fomentar licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas a lo largo y ancho del país. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo.
Necesitamos fomentar una internacionalización congruente y científica. Las culturas que han florecido en el ámbito científico y académico lo han logrado a través de fomentar la diversidad. Esto no está peleado con el desarrollo local y de “lo nuestro”, al contrario, realizado dentro de un contexto transparente y sin corrupción, fortalece a todo el sistema.
Propuestas concretas:

Primero una propuesta general que incide en todos los temas de todas las mesas: El conacyt debe siempre gestionar más recursos para la ciencia (esa debe ser su función principal) y muy importante, la pseudociencia no debe estar en conacyt.

 

Ahora sí:
1. La creación de grupos pequeños/medianos de investigación en áreas básicas dentro de todas las universidades públicas en los diferentes estados de la república. Grupos que estén conformados por investigadores del más alto nivel que cuenten con independencia académica (formación y experiencia sólidas) que les permita realizar investigación científica de manera independiente (con redes nacionales y extranjeras) y al mismo tiempo llevar bajo su responsabilidad programas de licenciatura en las áreas básicas. Existen muchas personas jóvenes en el mundo con el perfil necesario que podrían ser contratadas bajo este esquema. La consolidación y evolución natural de esos grupos, con el apoyo constante, adecuado y evaluado, harán que crezcan y vaya generando más oportunidades en al menos dos direcciones: creación y desarrollo de áreas diferentes a la básica con un fuerte sustento y desarrollo de oportunidades para futuras generaciones de científicas y científicos que podrán incorporarse a la comunidad científica del país de manera productiva.
2. Creación de “bachilleratos científicos” en donde colaboren de manera directa quienes hacen investigación en los grupos anteriormente descritos.
3. Apoyos complementarios a docentes de nivel medio superior de áreas científicas que participen en programas de capacitación y desarrollo disciplinar (que puede incorporar elementos didácticos de manera complementaria).
4. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien el nivel medio superior y que participen en programas extracurriculares enfocados a las áreas de ciencia.
5. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien una carrera científica o de ingeniería a nivel licenciatura.
6. Reclasificación de los niveles en el SNI para que a las mujeres se les otorguen estímulos adicionales (parecido al estímulo a personas que laboran fuera de la CDMX).
7. Apoyo complementario para personas de nueva incorporación en lugares donde no existe una comunidad científica establecida.
8. Becas de estudio a nivel licenciatura y posgrado para estudiantes de países de Centroamérica.

Conclusión:
Sé que esto puede sonar un poco alejado de las inquietudes que algunos de mis colegas tienen en este momento y que les preocupa se resuelvan de manera inmediata. Comparto esa ansiedad y por supuesto deben de considerarse propuestas que puedan dar respuesta a esas inquietudes.
Me concentro en estas propuestas y concluyo así porque no hay más tiempo. Hay tantas otras cosas que debemos discutir e incorporar, pero en la situación actual de mi país, y la preocupación personal del rumbo que pareciera quiere dársele a la administración de la ciencia, me exige ir a lo toral, a lo verdaderamente fundamental para el desarrollo del país.


La solución

marzo 8, 2019

Uno de los temas más candentes en la frontera del conocimiento científico consiste en entender y determinar qué es la “materia oscura”. Ya encontraré un espacio para describir de qué trata ese tema, por hoy solo menciono que se trata de materia que no podemos ver con la luz, es “invisible”. Hoy quiero aprovechar el espacio para hablar de otra oscuridad.

Es claro que nuestro país pasa por momentos difíciles, oscuros. Como en cualquier arena, cuando hay problemas y situaciones complicadas, tomar decisiones acertadas es muy difícil. Si hay problemas, si no nos sentimos bien, si tenemos desesperación, miedo, incertidumbre, es muy probable que nuestras decisiones no sean muy razonadas. También, colectivamente, si además, de tener una situación compleja y llena de problemas que son difíciles de controlar, no tenemos el mínimo interés en resolver o mejorar la situación general y solo vemos por intereses personales, imaginen qué tipo de “decisiones” podremos tomar. ¿No se pueden imaginar? Qué tal algo como reducir presupuestos a educación, ciencia, salud. Si les suena familiar, de seguro es solo una coincidencia.

Hoy la situación de la ciencia en el país es oscura. Más que oscura, podría decir que el interés que se tiene sobre la ciencia como elemento de cambio por parte de tomadores de decisiones, y quizá también por grandes sectores de la población, es simplemente inexistente. La ciencia en México es percibida como una cosilla por ahí, insignificante, inútil e invisible. En el mejor de los casos, pareciera un lujo tonto por el que no debemos preocuparnos, menos cuando hay tantos otros problemas. Sí, es verdad que otros países, esos que rigen el mundo, cuando tienen crisis recurren a invertir en ciencia y educación, pero eso lo hacen ellos, nosotros no, ¿para qué? Sí, es verdad que la inversión de esos países en esos sectores es precisamente lo que les permitió llegar a donde están, pero ¿de verdad queremos eso?

La ciencia en México es materia oscura.

Se debe decir que parte del problema es que a veces nosotros mismos – la comunidad científica – no podemos reconocer que no existimos. Nos cuesta trabajo reconocer que, en realidad, en nuestro país no hay ciencia. Caemos en el juego de que sí hemos avanzado y que “ahí la llevamos”. La verdad, tomando en cuenta el tamaño y riqueza del país: no existimos. Los intentos individuales y de algunos grupos son loables, pero en realidad no existimos. Es importante reconocerlo ya que las estrategias que podamos proponer y llevar a cabo deberán estar sustentadas en la realidad, no en la creencia (o enorme deseo o descarada simulación) de que las cosas van “más o menos” bien.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia. Primero, una vez reconocido por quienes hacemos ciencia, que a nosotros “no nos tocó”, y que como científicos, analicemos y veamos qué podemos hacer para que la situación cambie en el futuro, es muy fácil describir al menos uno de los ingredientes primarios, fundamentales, imprescindibles de cualquier estrategia: para hacer una diferencia, para que nos escuchen, para obligar el cambio (ya que no vendrá de otro lado, sino de la presión que podamos ejercer), es necesaria una verdadera “masa crítica”. Aunque no haya dinero, aunque nadie quiera contratar, aunque signifique sacrificar generaciones, aunque parezca que no tenga sentido, necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez. Necesitamos empezar a producir licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo y así, en unos diez, quince o veinte años, el sistema colapsará y no habrá de otra (como dije, este es un ingrediente imprescindible, mas no el único). Desgraciadamente solo así forzaremos a que se nos escuche. Eso es importante porque no representamos simplemente una voz más exigiendo atención, no, la cosa es que la ciencia representa la salida, la solución.


Beatriz

febrero 25, 2019

Esta semana ha sido intensa. Hay tantas cosas que me gustaría comentar que no encuentro ni por dónde empezar. Seguramente en las próximas semanas iré descargando algunas ideas y comentarios sobre lo que está sucediendo a nivel nacional en el ámbito de la administración científica. Hoy prefiero platicarles de mi viaje a Lázaro Cárdenas.

El fin de semana pasado me invitaron a dar una charla en Lázaro Cárdenas Michoacán. Como cada sábado, un grupo de estudiantes de secundaria se reúnen para recibir entrenamiento y clases de temas científicos por parte de un puñado de docentes (de secundaria y de preparatoria) que dedican parte de su tiempo a ello. El esfuerzo, dedicación y aporte de estas personas es verdaderamente inspirador. Uno de los profesores de preparatoria fue quien me invitó a participar.

No será muy difícil convencerles de que hablar ante una audiencia de jóvenes con interés en temas de ciencia es una experiencia gratificante. Para empezar no es necesario intentar motivar el tema, ya están esperando hacer preguntas y participar. Además, ver a alrededor de ochenta estudiantes de esa edad con entusiasmo por una charla sobre temas de ciencia, hace que la experiencia sea aun más cálida. Mi charla se enfocó al tema general de por qué alguien puede querer dedicarse a la ciencia. Dentro de ese marco, me fue posible hablar de la ciencia en general, de muchas disciplinas y experiencias. Todo el tiempo con un público atento y participativo.

La experiencia dando este tipo de charlas hace que uno pueda ir viendo cómo reacciona la audiencia. A veces es necesario acelerar, a veces detenerse un poco. Otras veces es prudente hasta cambiar de tema. No es difícil ver cuando se están aburriendo o cuando de plano no se logra captar el interés. Una de las cosas que he aprendido a identificar es la “mirada” o más bien actitud de estudiantes que reaccionan a temas científicos con cierta “chispa”. Hay algo particular en la reacción que tienen cuando estos temas les llegan a sus fibras íntimas. Casi siempre me encuentro un par. En esta ocasión no fue la excepción y de verdad que es muy fácil identificarles. Me llamó la atención en particular una estudiante, a la que llamaré Beatriz. Contestaba todas las preguntas y estaba muy inquieta (su mente).

Al terminar la charla, como siempre, se acercan estudiantes a preguntar y saludar. Beatriz fue de las primeras y me atacó con un montón de preguntas sobre agujeros negros, el tiempo, reacciones químicas, etc. No era la única, pero le veía un interés “desesperado”. Cuando finalmente se despidió, me dio una sensación de que quería preguntar algo más, pero no lo hizo. Le dije que si tenía otra pregunta y me respondió que no, pero no le creí. Pensé que se tenía que retirar o algo así. Seguí hablando con más estudiantes, también con mucho interés y preguntas bonitas. De repente, veo que Beatriz regresa con una compañera y un compañero. El chico toma la palabra y pide permiso para preguntar algo. “Oiga, usted… ustedes en la ciencia ¿creen en algo?… um.. es decir, lo que quiero saber es si los científicos pueden ser religiosos”. Es una pregunta que siempre me hacen después de estar hablando del bigbang y de la historia de la civilización humana, así que no me sorprendió. Lo que se me hizo raro fue que cuando me han preguntado eso antes, invariablemente me lo preguntan dos tipos de personas. Unas las que lo hacen con un tono de molestia y las otras que preguntan con un poco de miedo. En el caso de este chico noté indiferencia. Le empecé a responder con mi rollo de siempre, que prácticamente todas las personas tenemos una religión al nacer, que cuál es depende de dónde hayas nacido, etc. Que cuando nos empezamos a formar en la ciencia, un grupo considerable se aleja de las religiones, pero que hay quienes deciden mantener sus tradiciones y creencias, etc. Estoy en eso cuando me doy cuenta que en realidad la que quería preguntar era Beatriz (le dijo a su amigo que preguntara por ella, ella tenía miedo) ya que me interrumpió diciendo “¡no!, lo que pasa es que a mí en mi casa me regañan cuando quiero hablar de estas cosas. Me dicen que yo no sé nada, que me calle y que para eso no me mandan a la escuela”. Trato de decirle algo y en lo que empiezo a formular la primera frase me vuelve a interrumpir. “No profe, es que usted no sabe. En mi casa son muy católicos y no … pero yo ya sé que cuando les diga que quiero ser científica me van a decir que no, que la ciencia o ellos”.

No es la primera vez que me pasa, pero por alguna razón me impactó más de lo normal. Hablé con ella un poco sobre el tema, le dije que aun faltaba tiempo para que llegara a ese momento y que quizás para entonces su familia podría ir suavizando su postura. Le dije que pensara siempre que su familia la está tratando de proteger, pero que a veces no saben cómo hacerlo. Que si un día llegaba a una situación como la que temía, que seguramente el amor que su familia le ayudaría a que le apoyaran en sus decisiones. Luego me dice “sí, exactamente, ¿Qué no se supone que el amor es lo más importante en la religión? ¡Pero no lo entienden!”

 


Poco propositivo…. a propósito

febrero 4, 2019

Buscando en mis archivos me topé con un escrito que publiqué en un periódico de Colima en el 2014. Ahí describía mi frustración con algunos temas relacionados a la situación social del país y su relación con la educación, ciencia y la pobre política nacional. Lo leí de nuevo y me pareció pertinente compartirlo de nuevo en este momento. Ustedes dirán si se puede adaptar a lo que está sucediendo justo ahora (en el 2104 era seguro, sin lugar a dudas). Aquí se los dejo….. espero sus comentarios.

No sé qué escribir. He intentado buscar ideas interesantes para compartir con ustedes y aun cuando hay muchas y bonitas, no he podido concretar nada. Me siento un poco desanimado. No: desanimado no es la palabra correcta, estoy más bien preocupado, algo deprimido y en ocasiones podría decir que molesto.

Me molesta, me preocupa y me asusta la situación que vivimos en el país. Hay una evidente y fuerte descomposición social y política (no pueden estar separadas) que nos tiene al borde de la locura. Suceden cosas que creería solo poder encontrar en cuentos (y malitos) y parece que no nos damos cuenta, o que no nos importa, o que es de lo más normal. Luego, cuando todo parece indicar que ya se llegó al fondo, y que por lo tanto la situación ya no puede empeorar, la “creatividad” y el surrealismo de este país florecen para mostrarme lo equivocado e ingenuo que soy.

Creo firmemente que la solución a todos los problemas sociales que tenemos radica de manera fundamental en la educación. Digo que lo creo porque no lo puedo demostrar. Si mi creencia es acertada, debe ser claro que ello implica que la solución no es para nosotros, es decir, es para el futuro. A nosotros nos tocó lo que tenemos (de acuerdo a mi creencia, producto fundamentalmente de una pésima educación durante décadas) y no podremos cambiarlo para disfrutarlo nosotros mismos. Ese es, desgraciadamente, uno de los ingredientes más importantes para que, de alguna manera, muchos no hagamos nada al respecto. Es difícil sacrificar y trabajar para obtener resultados que no veremos, más cuando tenemos desconfianza y nos sentimos vulnerables. Creo que a veces preferimos engañarnos y pensar que hay soluciones que tendrán efectos inmediatos, generales y contundentes. No las hay. Creo también que eso precisamente es lo que hemos estado haciendo en las últimas décadas en nuestro país llegando a un claro resultado: el presente.

Me preocupa ver que hoy sigamos sin tener planes diseñados con una visión a largo plazo e incorporando además pasos pequeños, dirigidos, sólidos, basados en el presente y evaluables. Planes de gran envergadura pero ubicados en la realidad. Planes con la flexibilidad adecuada para ir corrigiendo el rumbo, basándose en evaluación y seguimiento, y al mismo tiempo con un rigor y entusiasmo que garanticen el avance. Planes que nos hagan creer en nuestro país, en nosotros mismos. Estrategias y proyectos que nos hagan partícipes y constructores del futuro. Planes y estrategias en las que nosotros seamos – y nos sintamos – indispensables. Planes incluyentes que contemplen las necesidades de todos los grupos, diseñando programas para que todos, pero todos, desde los más vulnerables hasta los más destacados y de alto rendimiento, potencien sus habilidades y entusiasmos. Planes basados en la idea de que somos una gran nación y no somos inferiores ni incapaces. Aprendiendo y aprovechando lo generado por los demás, pero sin someternos a los demás. Pero no, pareciera que lo único que somos capaces de diseñar y vender son ideas enfocadas a tratar de obtener “resultados” visibles e inmediatos (si son fotografiables mejor), independientemente de si son certeros o eficientes. Me preocupa y mucho.

Me preocupa en parte porque en ese ambiente es difícil contribuir. Es difícil que se tome en cuenta, por ejemplo, a la ciencia, y eso es muy peligroso.

¿Por qué es difícil tomarla en cuenta? Porque los resultados obtenidos por la ciencia no siempre van de acuerdo con lo que nos gustaría escuchar, más bien al contrario. Cuando los gobiernos y grupos de poder tienen en mente estrategias y conceptos de desarrollo, no les es placentero que haya argumentos que muestren alternativas más eficientes o que evidencien debilidades en sus proyectos. El “problema” de la ciencia es que los resultados que obtiene no pueden ser moldeados ni adaptados a los intereses personales o de grupo. En sistemas en que los tomadores de decisiones están acostumbrados a que su palabra sea suficiente para demostrar cualquier verdad, la ciencia no puede ser una aliada y resulta más bien medio “molesta.”

¿Por qué es peligroso que no se tome en cuenta? Precisamente porque al no hacerlo es muy fácil terminar en una situación como la que tenemos en el presente.

Se supone que mi intención es utilizar este espacio para hablar de cosas interesantes sobre ciencia. Si se preguntan “¿qué le pasó a este tipo?, ¿por qué se pone a hablar de estas cosas?, ¿qué no tenía que decir algo sobre ciencia?,” no me queda mas que darles toda la razón y pedirles me disculpen. Hoy no pude. No me salió nada, me falló la inspiración. Por otra parte sentí la necesidad de sacar estos malestares y aprovechándome de su generosidad, decidí compartir esto. Pido disculpas porque no sirve de nada (a ustedes) que deje mis quejas y berrinches así nomás, sin propuestas, sin ideas de cómo resolverlas. Hoy no pude. Prometo intentar no repetir este bochornoso episodio.

 

 

 


¡Ah, la bella y útil incertidumbre!

enero 24, 2019

“¿Qué vas a hacer cuando termines?”

No recuerdo cuántas veces escuché esa pregunta durante el tiempo en que me dedicaba a realizar mi preparación como científico, pero fueron muchas. La parte de la pregunta que más me confundía era el “cuando termines”. ¿Cuando termine qué?, me preguntaba internamente.

En la mayoría de los casos quien preguntaba se refería a “estudiar” y quería saber en qué iba a “trabajar”. Yo no entendía. Me encontraba realizando el doctorado, que consiste en el entrenamiento formal para hacer investigación científica, y para mí eso precisamente era mi trabajo en ese momento. Posteriormente, aunque no sabía con certeza ni dónde ni cuándo, yo sobreentendía que mi labor continuaría en el ámbito académico, incorporándome a alguna universidad o centro de investigación, pero que determinar dónde y cuándo no era algo que pudiera – ni debiera – hacer mientras no conseguía aún el “mínimo de formación” para luego participar en alguna convocatoria y poder tener un primer empleo formal (temporal) como postdoc y eventualmente una posición permanente en alguna universidad. Así era donde yo me encontraba en ese momento y, como es un sistema exitoso, pensé que así (o algo muy similar) sucedía en la mayoría de los lugares.

Poco tiempo después decidí regresar a México y empecé a conocer el sistema que imperaba en nuestras universidades. El sistema era – naturalmente – producto de una serie de factores relacionados al origen de las universidades, las leyes de trabajo y los famosísimos “usos y costumbres”. Algunos factores ayudaron al desarrollo y lograron que escuelas encargadas de solo generar profesionistas en algunas áreas clave con el tiempo se fueran sofisticando y convirtiendo en verdaderas instituciones universitarias. Sin embargo, otros, con tintes de tradición y quizás un poco de confort, atentaban contra el crecimiento y la calidad de las mismas. Uno de los más importantes consistía en la habilitación (y definición) de docentes universitarios.

Durante muchos años, el camino “típico” consistía en concluir estudios de licenciatura e intentar “dar unas clases” o “unas horas” en el mismo programa del cual se había graduado. Esto se fundamenta desde la perspectiva de que si se “terminó” la carrera, entonces se puede “enseñar” lo que se aprendió. Funcionó durante mucho tiempo, sin embargo, conforme las instituciones maduraron al punto de empezar a ser generadoras de conocimiento y por lo tanto universidades en el contexto moderno, se dio la necesidad de que las personas se prepararan a niveles más altos y obtuvieran las habilidades para una docencia más sofisticada asociada a producir conocimiento.

Ahora era necesario prepararse más. Para quienes conocían el esquema anterior esto significaba intentar “agarrar unas horas” para luego “seguir estudiando”. Así, muchas personas conseguían empleo en las universidades y luego continuaban con su formación. De alguna manera primero se “aseguraban” de tener algo “seguro”, y luego se preparaban. Existe de todo en este esquema, pero algo que sucede con bastante frecuencia es que los posgrados realizados bajo este esquema no “rinden igual”. De manera sucinta y sin mucho rodeo: si en un doctorado no se dedica el 100% del tiempo, probablemente no es muy bueno.

Cuando empieza a surgir el fenómeno de que existen personas que deciden primero formarse y luego buscar la oportunidad en una universidad, se empieza a generar un poco de confusión al interior de nuestras instituciones. De repente, personas que nunca estuvieron asociadas a una universidad, participan en convocatorias de plazas y llegan ya formadas con el más alto nivel (que en otros lugares es el mínimo necesario). Durante su preparación, aún cuando pudieron haber tenido la intención de trabajar en algún lugar específico, no sabían dónde exactamente encontrarían un trabajo permanente. Para quienes esperaban adquirir una plaza por haber seguido el camino “viejo” y simplemente tener antigüedad, les sorprendía que alguien de repente llegara “sin haber hecho nada” y ganado el concurso. Claro que era difícil entender que no era verdad que no había “hecho nada” sino que había hecho mucho, mucho más de lo que pudiera imaginarse, solo que no lo había hecho con un “lugar” asegurado. Este tipo de confusiones, aunados a veces al confort, la resistencia al cambio, y muchas veces a mediocridad, han generado toda una serie de interesantes anécdotas a lo largo de las últimas décadas y a lo largo y ancho del país. Ojalá alguien que lea esto y quiera compartir su experiencia lo haga en los comentarios a esta entrada.

Muchas de estas anécdotas resultan ser difíciles para quienes se forman bien primero, y luego intentan conseguir un trabajo. Y aún así, para quienes se forman y compiten en sistemas abiertos, esta situación de no estar – ni intentar estar – vinculado a una institución cuando aún no se tiene la formación, que seguramente se puede describir como de “incertidumbre”, es la cosa más normal, es más, es un ingrediente esencial para que el proceso de crecimiento y desarrollo universitario pueda ser limpio y transparente.


Rudos vs. Técnicos

enero 24, 2019

De repente resulta – nos dicen – que la comunidad científica está dividida en dos grupos muy diferentes. Por un lado – dicen – se encuentran aquellas personas de ciencia que se han corrompido a raíz de los intereses económicos y malvados del mundo, y que han entregado su trabajo, talento y tiempo a enriquecer (y al parecer enriquecerse) a los poderosos. Estos científicos no tienen ningún interés en la sociedad y los problemas que aquejan a la humanidad. Son corruptos y están dispuestos a cualquier cosa por mantener el status quo que les permite vivir cómodamente, sintiéndose superiores a todas las demás personas. En pocas palabras, no tienen ma…
Por otro lado, nos dicen que hay un segundo grupo de personas de ciencia que no solo no se han corrompido por los poderes malvados del mundo, sino que dedican cada segundo de su vida a salvar la humanidad. Se preocupan “de verdad” por las demás personas e intentan resolver los problemas más apremiantes del a civilización. Estas personas entregan su vida a los demás y muchas veces, por ello, sufren – pobrecillas – de marginación y falta de reconocimiento por parte de las manipuladas asociaciones mafiosas de los científicos malvados (los del otro grupo).
Cualquier persona con sentido común, como usted que me lee, sabe que estoy exagerando las posturas descritas arriba (aunque no mucho). Sabe también que como cualquier organización humana, existe en la ciencia una rica diversidad de realidades y por ende comportamientos. Sabe que una simplificación así, burda, solo puede hacerse “seriamente” con un fin cómico o político (que no es lo mismo, pero es igual).
Existen personas corruptas en la ciencia. Existen personas que simulan, que se aprovechan de las deficiencias de los sistemas para salir adelante. Existen timadores profesionales. Hay charlatanes con preparación que buscan la manera de obtener beneficios “jugando” con el sistema. Pero no son mayoría y no representan un grupo significativo de la comunidad científica, ni en el mundo, ni en México.
Lo que sí representa de manera significativa a la comunidad científica mexicana es un esfuerzo permanente por contribuir, en todas las áreas, a pesar de una realidad difícil para dicha tarea. En la comunidad científica mexicana existen varios grupos con características distintas, obviamente y uno de ellos, significativo, está conformado por personas que aportan su trabajo y dedicación para que la ciencia y la educación avancen. Algunas de ellas, pro ejemplo, apoyan económicamente a sus estudiantes. Hay personas que van a lugares del país donde la actividad científica es precaria e intentan por todos los medios de incentivarla, de protegerla. Existen aquellas que, formadas en el extranjero, sin apoyo económico mexicano, buscan regresar a su país para intentar aportar un poco. Existen las que habiendo sido apoyadas por recursos del país, dentro y fuera, regresan para contribuir y retribuir. Existen las que deciden quedarse fuera de las fronteras físicas del país y contribuyen a México desde donde se encuentran. Existen quienes, aunque desearon (desean) regresar al país, no encontraron el lugar y/o situación que les permitiera hacerlo de manera productiva. Existen personas así en todas las áreas del conocimiento.
Como ven, no es verdad que las personas de ciencia se hagan guajes y no quieran trabajar por los demás. En la realidad científica de México lo común es todo lo contrario. Lo común es que esté formada por personas que les mueve la pasión del conocimiento y el desarrollo de la humanidad, lo que incluye su terruño. Recordemos que el aporte de la ciencia a la sociedad ocurre cuando esta se hace con sustento y calidad, independientemente del área. Así entonces, si alguien habla de que hay malos vs buenos, y que los científicos deberían enfocarse en este o aquel tipo de problemas para mostrar que sí tienen interés en la sociedad, tengamos la certeza de que se está hablando desde la ignorancia o desde una plataforma ideológica.