Los renglones retorcidos de odios(os)

julio 30, 2019

Quienes hayan tenido la enorme fortuna de seguirme por aquí saben que varias veces he mencionado que la ciencia en nuestro país no ha sido apoyada. No es un misterio, la ciencia nunca ha sido considerada como una parte importante, ya no digamos esencial, de los proyectos de país. Ha existido como un rubro, uno más de muchos, que hay que incluir y darle “algo de dinero” para que no se diga que no existe. Nunca se ha entendido a la ciencia como un ingrediente estratégico en el que se fundamenten todos los programas y proyectos.

Quienes me leen saben que digo esto de la importancia y sustancia de la ciencia no porque yo sea científico. Es precisamente por su relevancia que algún día decidí dedicarme a la ciencia. En otras palabras, esto no pretende ser una queja por pertenecer a sector que no ha sido tomado en cuenta, esto es una preocupación general de que, al no considerar la ciencia como una de las guías más útiles e importantes para el desarrollo del país, estamos destinados al fracaso. Si no lo cree, considere que la realidad actual del país es evidencia contundente del desinterés y poco entendimiento de ello que tuvieron los gobiernos del pasado.

Se habla de que en tal o cual administración se aumentó o disminuyó el presupuesto, que se crearon o cerraron centros, becas, etcétera. La verdad es que hay ciencia (básica, sobre todo) en México gracias a esfuerzos descomunales de personas que han logrado sobrevivir en un ambiente poco propicio, sobre todo fuera del centro del país (ahí sí han estado un poco más “protegidas”). También, y en mucho gracias a esas condiciones, se han desarrollado vicios, usos y costumbres dentro de las pequeñas comunidades científicas que afectan su desarrollo pleno y transparente, así como una enorme cantidad de simulación en lo que corresponde al supuesto “desarrollo tecnológico” y “aplicación” de la ciencia. Dicho de otra manera: existe ciencia en México. Poca, mal organizada y con problemas de crecimiento y perspectiva. Todo esto derivado de una casi nula inversión y un definitivo desinterés y desconocimiento por parte de quienes han gobernado.

Hoy no es diferente. Bueno, quizás un poco.

Se esperaba una oportunidad. No sucedió. Y no es como antes, lo percibo diferente. Antes no significábamos nada, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual. Ahora tengo la sensación de que significamos algo negativo, malo. No solo innecesario, sino contrario y opuesto a la sociedad. Ahora parece que la ciencia, y más concretamente quienes nos dedicamos a ella, no tenemos ningún respeto, interés ni sensibilidad por los problemas que aquejan a la sociedad. No, al parecer somos personas que estamos en “nuestro mundillo”, despreocupados y siempre pidiendo dinero. No queremos incomodarnos; gozamos de comodidad y no la queremos perder. No nos importa nadie. Bueno, tampoco, al parecer lo que sí nos interesa es apoyar a las grandes empresas e imperios a retener su poder y opresión sobre los demás. Al parecer, estamos enterándonos en este momento, de que un gran número de personas que nos dedicamos a la ciencia, hemos estado manipuladas, engatusadas y “ensuciadas de la mente” con ideas que solo benefician a los poderes opresores de la sociedad y de la naturaleza. Somos odiosos, la verdad.

Otro aspecto (relacionado) que en lo personal me inquieta mucho: uno de los factores que desde “pequeño” identifiqué como preocupante en nuestra falta de apropiación de la ciencia y el conocimiento era, aparte de una educación deficiente y desinteresada, el de una gran afección por la superstición. Eso no es exclusivo de México, pero es fuerte en nuestra sociedad. Ese tipo de pensamiento no solo se contrapone con el pensamiento científico, sino que al ser tomado en serio por muchas personas, atrofia el desarrollo social. Hoy parece institucionalizarse. Si es así, será devastador.

Al margen de todo esto, que al final del día es solo una expresión de desilusión, lo que queda evidenciado de manera contundente es que la ciencia, y su comunidad mexicana, son consideradas completamente innecesarias para el futuro de este país. Dos renglones, no perdón, menos, cinco renglones, lo evidencian.


Está cañón

julio 30, 2019

No existe la menor duda de que usted puede creer y pensar lo que quiera. También es verdad que nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de imponerle una idea ni forzarle a creer algo. Y aun así, tampoco existe la menor duda de que durante su vida le han impuesto un montón de ideas y conceptos que incluso a veces resulta muy difícil distinguir cuáles son.

Al margen de determinar cuáles son impuestas y cuáles no, todas las personas tenemos “nuestras” ideas y casi siempre intentamos defenderlas. Algunas personas utilizan argumentos lógicos, otras no. Lo que es muy común es que casi siempre nos gusta tener la razón, la tengamos o no.

Por otro lado, tenemos curiosidades y dudas, muchas dudas. Para todas ellas, casi siempre, tenemos alguna idea, opinión o incluso creencia, pero en algunas sabemos que dudamos. Cuando estas surgen y se manifiestan ante las demás personas, al recibir respuestas e ideas sobre ellas, hay por lo general dos maneras de reaccionar: estamos de acuerdo si más o menos se apegan a lo que creemos, o las rechazamos si medio contradicen lo que pensábamos. No importa si lo que escuchamos viene de parte de una persona experta en el tema o no, si nos gusta lo que oímos, lo aceptamos con mayor gracia que si contradice nuestros prejuicios. Cuando logramos que no sea así, es decir, cuando sí aceptamos lo que nos dice una persona experta, independientemente de si nos contradice, es porque en realidad sí tenemos un verdadero interés en satisfacer la curiosidad.

Todo este rollo es para introducir la siguiente pregunta ¿Existen cañones antigranizo, que se puedan utilizar en algún rancho o ejido y que puedan afectar las lluvias en el estado?

La respuesta rápida y contundente es no. No existen cañones antigranizo que puedan hacer eso.

Entonces, ¿por qué se habla tanto de ello? Por muchas y variadas razones. Algunas razones atienden a intereses “politicoides”, otras a intereses económicos (a veces relacionados con los politicoides), otras a la desesperación (real) de los sectores agrícolas, y también a nuestro gusto por la conspiración y el chisme.

Como todas las charlatanerías, los argumentos que se utilizan para generar confort en las mentes ansiosas de decir y sentir que sí existen son vagos y no se acotan a la pregunta enunciada. Sí existen técnicas para intentar modificar patrones de las nubes que utilizan “cañones”, solo que se requiere llevarlos en aviones para, después de haber estudiado a detalle regiones extensas de nubes, poder meterlos en los lugares adecuados y estudiar su efecto. Pensar que esto pueda ser hecho desde un rancho, simplemente apuntando a cualquier nube y que tenga efecto localizado en donde tienen sus sembradíos, es fantasía. Pero ya que sí existen el tipo de estudios que acabo de mencionar, no falta que la frase “ah, ya ves, ¿no que no existían?” sirva para calmar los nervios de quien, desde antes de averiguar, ya cree que existen y que afectan las lluvias en Colima.

Y así, gracias a esa inquietud, existe la posibilidad de utilizar estas ideas para aprovecharse. Si usted quiere creer porque le gustaría evitar que una granizada le destruya su cosecha, siempre habrá alguien dispuesto a venderle el “súper cañón”. Será difícil la venta porque será caro y usted, al tener que invertir el recurso, seguramente se pondrá en una actitud más escéptica. Sin embargo, hay vendedores muy hábiles que lograrán vender algunos. Una vez comprados, y con funcionamiento nulo, sucederá algo muy interesante: la persona estafada preferirá creer que sí le está funcionando antes que reconocer (a veces hasta a sí misma) que la estafaron. Por otro lado, si usted ya cree que existen y tiene pleno convencimiento de que son utilizados por empresarios y productores malvados que controlan y afectan el agua que cae del cielo de todos los colimenses, será casi imposible convencerle de que no es cierto. En ese caso, si la cantidad de personas con ese sentir es significativo, se vuelve un problema de interés (capital) político y no faltará quien se ponga a defender la sagrada lluvia de esos maliciosos cañones.

Lo peculiar de todo esto es que, a diferencia de temas en los que es difícil determinar con certeza la validez de las hipótesis o ideas, en esto hay certeza. No funcionan (ojalá fuera posible controlar las lluvias, pero no). Si usted tiene una duda genuina sobre si existen y son funcionales en los términos mencionados, no dude más. Si su duda no es genuina, entonces nunca dudó y solo quiere tener razón. Ah, por cierto y aprovechando el viaje: sí “fuimos” a la Luna.


Exigente

marzo 24, 2019

Los eclipses son algo bello. Los eclipses son algo normal. Como muchos otros fenómenos naturales, inspiran a la imaginación, a veces de maneras extravagantes. Existen “ideas” como la de que durante un eclipse la atracción gravitacional sufre modificaciones y “se reduce” o que los péndulos se comportan de manera “extraña”. Algunas personas dicen que eso demuestra que Einstein estaba mal, un enunciado muy famoso entre soñadores y charlatanes.

Yo creo que los eclipses causan mucha conmoción porque a pesar de ser normales y frecuentes, no lo son en la misma región de la Tierra y, a menos que andemos viajando cada dos años persiguiéndolos, la mayoría tendremos oportunidad de ver muy pocos. Sin embargo, los podemos entender y podemos darnos una idea de si las cosas que escuchamos, sobre todo aquellas que infieren que hay algo misterioso y “oscuro”, tienen algo de sentido o son simplemente locuras imaginadas.

Sabemos que nuestro planeta se encuentra en órbita alrededor del Sol. Lo que quizá no sepamos o recordemos, son las características básicas de dicha órbita. Para empezar, la distancia promedio entre la Tierra y el Sol es de aproximadamente 150 millones de kilómetros. Es una distancia muy difícil de imaginar, ya que nuestra experiencia cotidiana no nos ofrece esas magnitudes. El diámetro de nuestro planeta es de aproximadamente 12,700 km. Si pensamos en el diámetro de la Tierra y lo comparamos con la distancia promedio al Sol, vemos que es menos de una diezmilésima parte: para el Sol, nuestro planeta es prácticamente un punto.

La Luna se encuentra mucho más cerca de nosotros que el Sol. Sabemos que la Luna está en una órbita alrededor de la Tierra y se encuentra a una distancia promedio de 384,400 km.

Si usted piensa que la oscuridad causada por un eclipse puede afectar el desarrollo de un feto, en el sentido de causar malformaciones, por ejemplo, tenga en cuenta que esa oscuridad es la misma que tendría si usted se encerrara en cualquier habitación y cerrara las ventanas impidiendo que la luz del sol le llegara. Si piensa que no es solo la oscuridad, sino que – al mismo tiempo – la atracción gravitacional de los dos objetos (Luna y Sol) al estar “tan juntos” también producen un efecto, otra vez, recupere la tranquilidad, eso sucede todo el tiempo ya que cuando no hay luna en las noches, es porque anda encima de nosotros durante el día, solo que su sombra no “nos toca”.

Si piensa que los eclipses causan temblores y lo argumenta diciendo que es por los jalones gravitacionales del Sol y la Luna, que se juntan y “jalan” más, casi tiene razón, excepto por el hecho de que no es el eclipse. Eso sucede todo el tiempo ya que, como dije antes, cuando no hay luna en la noche, anda encima de nosotros durante el día y “jala” con el Sol. Así que esas fluctuaciones gravitacionales son algo común, van y vienen con el ciclo lunar, independientemente de si la sombra de la luna le pega a su rancho/ciudad/región o no. Su efecto en los sismos es algo que se estudia en la actualidad.

Ahora, si piensa que con un listón rojo y/o un objeto de metal usted contrarresta los efectos negativos de un eclipse, usted tiene un nivel de “pensamiento” similar al promedio existente durante la edad media, en donde no existía educación ni información colectiva.

Si usted, después de informarse y escuchar la información emitida por profesionales, de todas maneras “argumenta” que usará o recomendará usar esas medidas “por si las dudas” o porque “no pierdo nada” o “no vaya a ser” o cualquier cosa similar en referencia a los efectos negativos en la formación de un feto derivados de un eclipse (o de cualquier información proveniente de la ciencia que contradiga sus expectativas), entonces, usted en realidad no tiene un interés en saber, quiere tener razón aunque no la tenga.


Conversatorio sobre ciencia

marzo 13, 2019

 

Hoy participé en el conversatorio que se llevó acabo en la Cámara de Diputados  para discutir sobre las posibilidades de la nueva ley de ciencia tecnología y la situación general de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. Les comparto las notas que utilicé para guiar mi presentación dentro de la mesa seis con el tema general de recursos humanos, educación, divulgación científica y la transversalidad de la equidad de género.

 

Gracias por la oportunidad.

Hay muchas peticiones e intereses de diversa índole. Hay quien viene con una perspectiva general y visión a largo plazo, hay quienes tienen una preocupación más inmediata. También hay expectativas personales y de grupo o institucionales. A nivel personal yo tengo inquietudes en todas esas categorías, pero hoy quiero centrarme en lo que considero puede tener un impacto más general para el país y la sociedad.
Hablamos de ciencia y tecnología. De la ley (de ciencia). De su impacto y apropiación y de su comunidad (en esta mesa en particular sobre los recursos humanos).

Lo primero que me gustaría comentar es que se trata de un problema muy relevante.

Es importante mencionarlo y explicarlo ya que esto está sucediendo dentro de un contexto muy complicado en nuestro país: violencia, pobreza, corrupción, etcétera.

Esta compleja situación puede hacer que el problema de la ciencia se perciba como uno más, de muchos, y quizás no tan apremiante.

Esto es un problema en sí que debemos intentar modificar. Está precisamente relacionado con la apropiación social de la ciencia y su impacto. Debemos hacer todo lo posible por convencerles de que estamos hablando sobre algo que es indispensable para que lo demás funcione.

La ciencia no ha sido apoyada en nuestro país. Dejemos de repetir eso. La ciencia que se realiza en nuestro país no ha contado nunca con un apoyo firme ni ha sido considerada como parte toral de los planes nacionales de desarrollo.

Cuando nos preguntamos sobre la apropiación, sobre el impacto, etc. no debemos olvidar que eso surge como un producto natural de una sólida y duradera inversión. Con tiempo y sustento, sin atajos ni simulaciones. Hay una desesperación natural, entendible. Pero es importante entender que se necesita hacer mucho más para lograrlo…

La ciencia, además, tiene un problema particular con el ámbito de la política. La ciencia produce respuestas y estrategias que a veces no se pueden acomodar. En sistemas de gobierno y de toma de decisiones en los que la opinión de gobernantes y/o grupo de poder son lo más importante, la ciencia muchas veces resulta ser incómoda. Esto es importante mencionarlo y entenderlo ya que, si queremos lograr que se le de el lugar que necesita para transformar al país, debemos saber sortear esa realidad.

Esta discusión es, entonces, de lo más trascendente

Disculpen si insisto sobre la importancia. Creo que la mayoría de quienes estamos aquí compartimos a algún nivel esta inquietud. No me alcanza el tiempo para poder brindar más sustento a esta declaración, pero algo que puedo decirle a quienes legislan es que consideren lo siguiente. Una evidencia de que NO invertir en ciencia de manera firme, contundente, sin vacilación y durante mucho tiempo, resulta catastrófico para un país, es el día de hoy.

PROPUESTAS

Me enfoco a un problema central.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia que pretenda lograr que la situación cambie: es uno de los ingredientes imprescindibles de cualquier estrategia: es necesario construir y fomentar una verdadera “masa crítica”. Necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez.
Necesitamos empezar a crear y fomentar licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas a lo largo y ancho del país. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo.
Necesitamos fomentar una internacionalización congruente y científica. Las culturas que han florecido en el ámbito científico y académico lo han logrado a través de fomentar la diversidad. Esto no está peleado con el desarrollo local y de “lo nuestro”, al contrario, realizado dentro de un contexto transparente y sin corrupción, fortalece a todo el sistema.
Propuestas concretas:

Primero una propuesta general que incide en todos los temas de todas las mesas: El conacyt debe siempre gestionar más recursos para la ciencia (esa debe ser su función principal) y muy importante, la pseudociencia no debe estar en conacyt.

 

Ahora sí:
1. La creación de grupos pequeños/medianos de investigación en áreas básicas dentro de todas las universidades públicas en los diferentes estados de la república. Grupos que estén conformados por investigadores del más alto nivel que cuenten con independencia académica (formación y experiencia sólidas) que les permita realizar investigación científica de manera independiente (con redes nacionales y extranjeras) y al mismo tiempo llevar bajo su responsabilidad programas de licenciatura en las áreas básicas. Existen muchas personas jóvenes en el mundo con el perfil necesario que podrían ser contratadas bajo este esquema. La consolidación y evolución natural de esos grupos, con el apoyo constante, adecuado y evaluado, harán que crezcan y vaya generando más oportunidades en al menos dos direcciones: creación y desarrollo de áreas diferentes a la básica con un fuerte sustento y desarrollo de oportunidades para futuras generaciones de científicas y científicos que podrán incorporarse a la comunidad científica del país de manera productiva.
2. Creación de “bachilleratos científicos” en donde colaboren de manera directa quienes hacen investigación en los grupos anteriormente descritos.
3. Apoyos complementarios a docentes de nivel medio superior de áreas científicas que participen en programas de capacitación y desarrollo disciplinar (que puede incorporar elementos didácticos de manera complementaria).
4. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien el nivel medio superior y que participen en programas extracurriculares enfocados a las áreas de ciencia.
5. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien una carrera científica o de ingeniería a nivel licenciatura.
6. Reclasificación de los niveles en el SNI para que a las mujeres se les otorguen estímulos adicionales (parecido al estímulo a personas que laboran fuera de la CDMX).
7. Apoyo complementario para personas de nueva incorporación en lugares donde no existe una comunidad científica establecida.
8. Becas de estudio a nivel licenciatura y posgrado para estudiantes de países de Centroamérica.

Conclusión:
Sé que esto puede sonar un poco alejado de las inquietudes que algunos de mis colegas tienen en este momento y que les preocupa se resuelvan de manera inmediata. Comparto esa ansiedad y por supuesto deben de considerarse propuestas que puedan dar respuesta a esas inquietudes.
Me concentro en estas propuestas y concluyo así porque no hay más tiempo. Hay tantas otras cosas que debemos discutir e incorporar, pero en la situación actual de mi país, y la preocupación personal del rumbo que pareciera quiere dársele a la administración de la ciencia, me exige ir a lo toral, a lo verdaderamente fundamental para el desarrollo del país.


La solución

marzo 8, 2019

Uno de los temas más candentes en la frontera del conocimiento científico consiste en entender y determinar qué es la “materia oscura”. Ya encontraré un espacio para describir de qué trata ese tema, por hoy solo menciono que se trata de materia que no podemos ver con la luz, es “invisible”. Hoy quiero aprovechar el espacio para hablar de otra oscuridad.

Es claro que nuestro país pasa por momentos difíciles, oscuros. Como en cualquier arena, cuando hay problemas y situaciones complicadas, tomar decisiones acertadas es muy difícil. Si hay problemas, si no nos sentimos bien, si tenemos desesperación, miedo, incertidumbre, es muy probable que nuestras decisiones no sean muy razonadas. También, colectivamente, si además, de tener una situación compleja y llena de problemas que son difíciles de controlar, no tenemos el mínimo interés en resolver o mejorar la situación general y solo vemos por intereses personales, imaginen qué tipo de “decisiones” podremos tomar. ¿No se pueden imaginar? Qué tal algo como reducir presupuestos a educación, ciencia, salud. Si les suena familiar, de seguro es solo una coincidencia.

Hoy la situación de la ciencia en el país es oscura. Más que oscura, podría decir que el interés que se tiene sobre la ciencia como elemento de cambio por parte de tomadores de decisiones, y quizá también por grandes sectores de la población, es simplemente inexistente. La ciencia en México es percibida como una cosilla por ahí, insignificante, inútil e invisible. En el mejor de los casos, pareciera un lujo tonto por el que no debemos preocuparnos, menos cuando hay tantos otros problemas. Sí, es verdad que otros países, esos que rigen el mundo, cuando tienen crisis recurren a invertir en ciencia y educación, pero eso lo hacen ellos, nosotros no, ¿para qué? Sí, es verdad que la inversión de esos países en esos sectores es precisamente lo que les permitió llegar a donde están, pero ¿de verdad queremos eso?

La ciencia en México es materia oscura.

Se debe decir que parte del problema es que a veces nosotros mismos – la comunidad científica – no podemos reconocer que no existimos. Nos cuesta trabajo reconocer que, en realidad, en nuestro país no hay ciencia. Caemos en el juego de que sí hemos avanzado y que “ahí la llevamos”. La verdad, tomando en cuenta el tamaño y riqueza del país: no existimos. Los intentos individuales y de algunos grupos son loables, pero en realidad no existimos. Es importante reconocerlo ya que las estrategias que podamos proponer y llevar a cabo deberán estar sustentadas en la realidad, no en la creencia (o enorme deseo o descarada simulación) de que las cosas van “más o menos” bien.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia. Primero, una vez reconocido por quienes hacemos ciencia, que a nosotros “no nos tocó”, y que como científicos, analicemos y veamos qué podemos hacer para que la situación cambie en el futuro, es muy fácil describir al menos uno de los ingredientes primarios, fundamentales, imprescindibles de cualquier estrategia: para hacer una diferencia, para que nos escuchen, para obligar el cambio (ya que no vendrá de otro lado, sino de la presión que podamos ejercer), es necesaria una verdadera “masa crítica”. Aunque no haya dinero, aunque nadie quiera contratar, aunque signifique sacrificar generaciones, aunque parezca que no tenga sentido, necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez. Necesitamos empezar a producir licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo y así, en unos diez, quince o veinte años, el sistema colapsará y no habrá de otra (como dije, este es un ingrediente imprescindible, mas no el único). Desgraciadamente solo así forzaremos a que se nos escuche. Eso es importante porque no representamos simplemente una voz más exigiendo atención, no, la cosa es que la ciencia representa la salida, la solución.


Beatriz

febrero 25, 2019

Esta semana ha sido intensa. Hay tantas cosas que me gustaría comentar que no encuentro ni por dónde empezar. Seguramente en las próximas semanas iré descargando algunas ideas y comentarios sobre lo que está sucediendo a nivel nacional en el ámbito de la administración científica. Hoy prefiero platicarles de mi viaje a Lázaro Cárdenas.

El fin de semana pasado me invitaron a dar una charla en Lázaro Cárdenas Michoacán. Como cada sábado, un grupo de estudiantes de secundaria se reúnen para recibir entrenamiento y clases de temas científicos por parte de un puñado de docentes (de secundaria y de preparatoria) que dedican parte de su tiempo a ello. El esfuerzo, dedicación y aporte de estas personas es verdaderamente inspirador. Uno de los profesores de preparatoria fue quien me invitó a participar.

No será muy difícil convencerles de que hablar ante una audiencia de jóvenes con interés en temas de ciencia es una experiencia gratificante. Para empezar no es necesario intentar motivar el tema, ya están esperando hacer preguntas y participar. Además, ver a alrededor de ochenta estudiantes de esa edad con entusiasmo por una charla sobre temas de ciencia, hace que la experiencia sea aun más cálida. Mi charla se enfocó al tema general de por qué alguien puede querer dedicarse a la ciencia. Dentro de ese marco, me fue posible hablar de la ciencia en general, de muchas disciplinas y experiencias. Todo el tiempo con un público atento y participativo.

La experiencia dando este tipo de charlas hace que uno pueda ir viendo cómo reacciona la audiencia. A veces es necesario acelerar, a veces detenerse un poco. Otras veces es prudente hasta cambiar de tema. No es difícil ver cuando se están aburriendo o cuando de plano no se logra captar el interés. Una de las cosas que he aprendido a identificar es la “mirada” o más bien actitud de estudiantes que reaccionan a temas científicos con cierta “chispa”. Hay algo particular en la reacción que tienen cuando estos temas les llegan a sus fibras íntimas. Casi siempre me encuentro un par. En esta ocasión no fue la excepción y de verdad que es muy fácil identificarles. Me llamó la atención en particular una estudiante, a la que llamaré Beatriz. Contestaba todas las preguntas y estaba muy inquieta (su mente).

Al terminar la charla, como siempre, se acercan estudiantes a preguntar y saludar. Beatriz fue de las primeras y me atacó con un montón de preguntas sobre agujeros negros, el tiempo, reacciones químicas, etc. No era la única, pero le veía un interés “desesperado”. Cuando finalmente se despidió, me dio una sensación de que quería preguntar algo más, pero no lo hizo. Le dije que si tenía otra pregunta y me respondió que no, pero no le creí. Pensé que se tenía que retirar o algo así. Seguí hablando con más estudiantes, también con mucho interés y preguntas bonitas. De repente, veo que Beatriz regresa con una compañera y un compañero. El chico toma la palabra y pide permiso para preguntar algo. “Oiga, usted… ustedes en la ciencia ¿creen en algo?… um.. es decir, lo que quiero saber es si los científicos pueden ser religiosos”. Es una pregunta que siempre me hacen después de estar hablando del bigbang y de la historia de la civilización humana, así que no me sorprendió. Lo que se me hizo raro fue que cuando me han preguntado eso antes, invariablemente me lo preguntan dos tipos de personas. Unas las que lo hacen con un tono de molestia y las otras que preguntan con un poco de miedo. En el caso de este chico noté indiferencia. Le empecé a responder con mi rollo de siempre, que prácticamente todas las personas tenemos una religión al nacer, que cuál es depende de dónde hayas nacido, etc. Que cuando nos empezamos a formar en la ciencia, un grupo considerable se aleja de las religiones, pero que hay quienes deciden mantener sus tradiciones y creencias, etc. Estoy en eso cuando me doy cuenta que en realidad la que quería preguntar era Beatriz (le dijo a su amigo que preguntara por ella, ella tenía miedo) ya que me interrumpió diciendo “¡no!, lo que pasa es que a mí en mi casa me regañan cuando quiero hablar de estas cosas. Me dicen que yo no sé nada, que me calle y que para eso no me mandan a la escuela”. Trato de decirle algo y en lo que empiezo a formular la primera frase me vuelve a interrumpir. “No profe, es que usted no sabe. En mi casa son muy católicos y no … pero yo ya sé que cuando les diga que quiero ser científica me van a decir que no, que la ciencia o ellos”.

No es la primera vez que me pasa, pero por alguna razón me impactó más de lo normal. Hablé con ella un poco sobre el tema, le dije que aun faltaba tiempo para que llegara a ese momento y que quizás para entonces su familia podría ir suavizando su postura. Le dije que pensara siempre que su familia la está tratando de proteger, pero que a veces no saben cómo hacerlo. Que si un día llegaba a una situación como la que temía, que seguramente el amor que su familia le ayudaría a que le apoyaran en sus decisiones. Luego me dice “sí, exactamente, ¿Qué no se supone que el amor es lo más importante en la religión? ¡Pero no lo entienden!”

 


Poco propositivo…. a propósito

febrero 4, 2019

Buscando en mis archivos me topé con un escrito que publiqué en un periódico de Colima en el 2014. Ahí describía mi frustración con algunos temas relacionados a la situación social del país y su relación con la educación, ciencia y la pobre política nacional. Lo leí de nuevo y me pareció pertinente compartirlo de nuevo en este momento. Ustedes dirán si se puede adaptar a lo que está sucediendo justo ahora (en el 2104 era seguro, sin lugar a dudas). Aquí se los dejo….. espero sus comentarios.

No sé qué escribir. He intentado buscar ideas interesantes para compartir con ustedes y aun cuando hay muchas y bonitas, no he podido concretar nada. Me siento un poco desanimado. No: desanimado no es la palabra correcta, estoy más bien preocupado, algo deprimido y en ocasiones podría decir que molesto.

Me molesta, me preocupa y me asusta la situación que vivimos en el país. Hay una evidente y fuerte descomposición social y política (no pueden estar separadas) que nos tiene al borde de la locura. Suceden cosas que creería solo poder encontrar en cuentos (y malitos) y parece que no nos damos cuenta, o que no nos importa, o que es de lo más normal. Luego, cuando todo parece indicar que ya se llegó al fondo, y que por lo tanto la situación ya no puede empeorar, la “creatividad” y el surrealismo de este país florecen para mostrarme lo equivocado e ingenuo que soy.

Creo firmemente que la solución a todos los problemas sociales que tenemos radica de manera fundamental en la educación. Digo que lo creo porque no lo puedo demostrar. Si mi creencia es acertada, debe ser claro que ello implica que la solución no es para nosotros, es decir, es para el futuro. A nosotros nos tocó lo que tenemos (de acuerdo a mi creencia, producto fundamentalmente de una pésima educación durante décadas) y no podremos cambiarlo para disfrutarlo nosotros mismos. Ese es, desgraciadamente, uno de los ingredientes más importantes para que, de alguna manera, muchos no hagamos nada al respecto. Es difícil sacrificar y trabajar para obtener resultados que no veremos, más cuando tenemos desconfianza y nos sentimos vulnerables. Creo que a veces preferimos engañarnos y pensar que hay soluciones que tendrán efectos inmediatos, generales y contundentes. No las hay. Creo también que eso precisamente es lo que hemos estado haciendo en las últimas décadas en nuestro país llegando a un claro resultado: el presente.

Me preocupa ver que hoy sigamos sin tener planes diseñados con una visión a largo plazo e incorporando además pasos pequeños, dirigidos, sólidos, basados en el presente y evaluables. Planes de gran envergadura pero ubicados en la realidad. Planes con la flexibilidad adecuada para ir corrigiendo el rumbo, basándose en evaluación y seguimiento, y al mismo tiempo con un rigor y entusiasmo que garanticen el avance. Planes que nos hagan creer en nuestro país, en nosotros mismos. Estrategias y proyectos que nos hagan partícipes y constructores del futuro. Planes y estrategias en las que nosotros seamos – y nos sintamos – indispensables. Planes incluyentes que contemplen las necesidades de todos los grupos, diseñando programas para que todos, pero todos, desde los más vulnerables hasta los más destacados y de alto rendimiento, potencien sus habilidades y entusiasmos. Planes basados en la idea de que somos una gran nación y no somos inferiores ni incapaces. Aprendiendo y aprovechando lo generado por los demás, pero sin someternos a los demás. Pero no, pareciera que lo único que somos capaces de diseñar y vender son ideas enfocadas a tratar de obtener “resultados” visibles e inmediatos (si son fotografiables mejor), independientemente de si son certeros o eficientes. Me preocupa y mucho.

Me preocupa en parte porque en ese ambiente es difícil contribuir. Es difícil que se tome en cuenta, por ejemplo, a la ciencia, y eso es muy peligroso.

¿Por qué es difícil tomarla en cuenta? Porque los resultados obtenidos por la ciencia no siempre van de acuerdo con lo que nos gustaría escuchar, más bien al contrario. Cuando los gobiernos y grupos de poder tienen en mente estrategias y conceptos de desarrollo, no les es placentero que haya argumentos que muestren alternativas más eficientes o que evidencien debilidades en sus proyectos. El “problema” de la ciencia es que los resultados que obtiene no pueden ser moldeados ni adaptados a los intereses personales o de grupo. En sistemas en que los tomadores de decisiones están acostumbrados a que su palabra sea suficiente para demostrar cualquier verdad, la ciencia no puede ser una aliada y resulta más bien medio “molesta.”

¿Por qué es peligroso que no se tome en cuenta? Precisamente porque al no hacerlo es muy fácil terminar en una situación como la que tenemos en el presente.

Se supone que mi intención es utilizar este espacio para hablar de cosas interesantes sobre ciencia. Si se preguntan “¿qué le pasó a este tipo?, ¿por qué se pone a hablar de estas cosas?, ¿qué no tenía que decir algo sobre ciencia?,” no me queda mas que darles toda la razón y pedirles me disculpen. Hoy no pude. No me salió nada, me falló la inspiración. Por otra parte sentí la necesidad de sacar estos malestares y aprovechándome de su generosidad, decidí compartir esto. Pido disculpas porque no sirve de nada (a ustedes) que deje mis quejas y berrinches así nomás, sin propuestas, sin ideas de cómo resolverlas. Hoy no pude. Prometo intentar no repetir este bochornoso episodio.