¿Fuga de cerebros? ¿En serio?

septiembre 23, 2019

Muchas veces he escuchado la frase fuga de cerebros para referirse a la situación en la que personas altamente capacitadas o con un gran potencial realizan su vida productiva en un país distinto al que nacieron, sobre todo si nacieron en un país subdesarrollado. Como podrán imaginar, en el ámbito científico es común encontrar esa situación y por ende el uso de esa frase.

¿Es la fuga de cerebros un problema?

La ciencia es una actividad internacional, o dicho de otra manera, es una actividad sin nacionalidad. Bueno, más o menos, al final es imposible quitar por completo los sentimientos de arraigo y nacionalismo por completo. También, el hecho de que ciertos países sean los que producen la mayor parte de los resultados (e invierten la mayor parte de los recursos), ayuda a darle tintes regionales a la ciencia y su desarrollo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, incluyendo los de esos países, las personas que llevaba cabo las investigaciones, creaciones y descubrimientos, son de muchas partes del mundo y hay una gran diversidad.

Por otro lado, no debemos olvidar que las personas que nacen en países no desarrollados tienen muchas menos posibilidades de obtener una educación adecuada que les permita acceder a una vida en la ciencia (y a cualquier profesión, pero me enfoco en la ciencia). Ese es un reto que, en nuestro país, debemos enfrentar y tratar de vencer si queremos avanzar.

Cuando una persona de un país como el nuestro decide dedicarse a la ciencia (en el caso de haber tenido la enorme fortuna de estar en esa condición) debe tomar toda una serie de decisiones relevantes para su futuro. En particular, varias de esas decisiones están relacionadas con el lugar en el que debe/puede prepararse. Si tiene la suerte de ser bien orientada, entenderá rápidamente que lo que más le conviene, en términos de formación integral y de nivel, es realizar su doctorado en alguna institución de uno de los países más desarrollados (desde luego en una buena institución, ya que también pueden tener instituciones malas). Si logra hacerlo, ya sea con el apoyo de su país o, mejor aun, del país en donde estudiará***, se dará cuenta inmediatamente de que las condiciones de trabajo y posibilidades de desarrollo existentes en esos lugares son abismalmente diferentes a las existentes en México. No solo en términos de infraestructura física, sino también en el ambiente y ecosistema de trabajo y desarrollo intelectual (y por ende en las posibilidades de contribuir a la sociedad).

*** Un comentario al calce: en países como el nuestro, cuando alguien logra estudiar y pensar en un posgrado en un área científica, es importante mencionar que es posible hacerlo sin tener los recursos económicos para pagar universidades extranjeras (y sin ser hijos de papi ni mami, ni tener contactos ni “relaciones” –> esos por lo general no se van a las ciencias y no concursan becas extranjeras. Los becan sus relaciones a través del erario y, además, consiguen becas de conacyt). Para lograrlo, “solo” hay que competir por becas extranjeras, es decir, “solo” hay que tener la oportunidad de poder hacer una buena licenciatura, lo que en nuestro país – y en otros como el nuestro – es poco probable pero posible.

Al terminar su doctorado (independientemente de quién le financió) tendrá que decidir dónde buscar un empleo. No será muy difícil imaginar que de tener posibilidades reales de conseguir un empleo en una institución de mucho nivel en un país desarrollado, será difícil no aceptarlo.

Sin embargo existen muchas razones por las que las personas deciden volver o no a su país. Muchas de esas razones no tienen que ver con el ámbito científico. Las que sí, también son variadas, pero insisto, si solo se tomara en cuenta el aspecto estrictamente laboral, académico, y además se tuviera la oferta de trabajo en una muy buena institución, seria muy difícil tomar la decision de regresar a México.

Y no es porque la situación sea muy mala, no, es porque la situación es catastrófica. Hay espinas por cualquier ángulo que se tome. Por un lado los salarios. La mayoría de las personas que nos dedicamos a la ciencia en el país laboramos en universidades, sin embargo no se nos contrata como científicas sino como instructoras. Pagan lo mismo a una persona que tenga la formación como científica que a una que no, ya que en el esquema implementado por el gobierno para las universidades, se supone que todas las personas hacemos lo mismo y al mismo nivel** (un milagro, la verdad). Esto se trata de compensar con el Sistema Nacional de Investigadores, pero ni así se acerca a lo que debería ser.

** Se maquilla la situación diciendo que todas las personas hacen investigación”,solo que le llaman investigación a cualquier cosa.

Pero eso no es (ni por mucho) el mayor de los problemas. Para muchos eso no representa una razón suficiente para no intentar contribuir a la ciencia desde nuestro país. Al final, pocas personas se deciden entregar a la ciencia pensando en hacerse ricas. El problema mayor es la inexistente infraestructura científica y tecnológica del país. La falta de recursos para proyectos de gran nivel, de medio nivel y de nivel individual, así como de recursos para garantizar una infraestructura física mínima que permita hacer ciencia a nivel competitivo de manera sostenida a lo largo y ancho de nuestro país (un país enorme, con una población grande, distribuida en toda su extensión geográfica). La falta de una política pública que dé certeza y su lugar a al ciencia como centro de desarrollo integral del país. Todo ello simplemente inexistente. Sí, inexistente, a pesar de todo lo que a veces se cacarea en los medios y dentro de la misma comunidad científica.

Y hablando de comunidad científica, hay otro aspecto por el cual muchas personas no vuelven. Nosotros mismos no somos capaces de generar ambientes de trabajo y organización con un mínimo de meritocracia y trasparencia. Las contrataciones son oscuras, empantanadas, arregladas. Aprovechando la obtusa burocracia y la conveniente dosis de ineptitud en los esquemas de contrataciones de prácticamente todas las instituciones, seguimos contratando y creciendo de la misma manera: endogamia académica, esquema de favores y conocidos (una versión patética de proteccionismo que nos permite auto-engañarnos/simular y decir que estamos apoyando a nuestros estudiantes), un fingido patriotismo y nacionalismo para no contratar a las mejores opciones, vengan de donde vengan, y luego, al mismo tiempo, con la contradicción característica de nuestro surrealismo (inmensa fuente de orgullo nacional), contratando supuestos gurus extranjeros que pa nada sirven.

Y luego, cuando a pesar de todo ello, las enchiladas, los tacos y la familia hacen que alguna que otra desventurada persona decida regresar, seguramente pasará por toda una serie de nefastas indignaciones y sinsabores administrativos. Si tuvo la suerte, el apoyo, la fortuna de que alguien se haya apiadado de ella (o que se aniquilen los esfuerzos de todos los grupos y hayan optado por contratarle para no contratar a los de los demás) y gracias a ello obtener la dicha de haber sido considerada merecedora de una plaza – de la que se espera esté agradecida y en deuda toda la vida – entonces, en ese momento, cuando pensó que ya había terminado el calvario, justo unos días después, se entera que no, que el infierno apenas empieza (descubrirá que se le llama investigación a casi cualquier cosa, que lo académico es completamente prescindible en comparación con otros intereses, que la calidad produce incomodidad en muchas personas, que en aras de “aplicar el conocimiento” y “desarrollar tecnología” se simula y desperdicia una cantidad asombrosa de recursos. Descubre que intentar poner nivel en los esquemas es un pecado capital. Y luego, como postre, descubre que alguien inventó cosas raras como “Cuerpos académicos”, “perfil”, “estímulos docentes”, etc…………..).

La fuga de cerebros no existe. Lo que existe es una deficiente y mediocre organización de la estructura laboral científica en el país. Debemos intentar contribuir a que cambie y dejar de acusar a lo tonto a jóvenes que están buscando su futuro y construir más conocimiento. No hay nada más noble que eso: el haber querido estudiar y aprovechar las oportunidades que pocas personas tienen. Debemos invertir en ciencia y en particular en la formación científica de un montón de personas para que, una vez formadas y preparadas, hagan ciencia competitiva y por ende útil, independientemente del área (disciplina) y lugar.

Para que lo hagan en México será necesario invertir en mejorar la estructura administrativa de la ciencia y la educación. ¿Cómo? Apoyando más y decididamente a las universidades públicas del país. Sí, exigiéndoles claridad, absoluta transparencia e incentivando políticas de contratación basadas en calidad académica. Dejando de pensar en ellas como simple productoras de profesionistas y enfocando recursos a áreas científicas para formación de pregrado de alto nivel como primera fase.

Si lo hacemos, más pronto de lo que imaginamos, la gente regresará y ya no será necesario que a alguien se le ocurra hacer el increíble ridículo de exigirles compromisos de retorno (a la nada) por una beca. Regresarán automáticamente y muchas personas de todo el mundo desearán poder trabajar y contribuir a la ciencia desde instituciones mexicanas.

no_bullshit


SOS a la comunidad científica

septiembre 15, 2019

Hace unas semanas asistí a dar un curso en la Escuela de Física Fundamental, este año celebrada en el CINVESTAV. Ahí tuve la oportunidad de ver a varios colegas y platicar sobre la situación general de la ciencia en el país, tema que siempre comentamos, pero que hoy han tomado una emergencia/interés peculiar.

El tema nos llevó a hablar de la presencia de la pseudociencia en el discurso oficial y de cómo, a mi parecer, la comunidad científica no ha reaccionado de manera contundente al respecto. Ya entrados en ese tema, en una de las charlas me enteré de la existencia de un aparato milagroso, inventado por un físico indio, que según dice tiene el potencial de curar cualquier enfermedad. Dicho portento tecnológico lleva el creativo nombre de “cytotrón”. Nunca antes había escuchado de esa maravillosa y milagrosa tecnología, así que me entró la curiosidad y me puse a investigar. Era obvio que se trataba de una locura, pero quería saber los detalles porque, según se comentó, el aparatito ya estaba en hospitales. No lo creí, pero uno nunca sabe.

Bastaron 5 minutos para saber que se trata, efectivamente, de una basura pseudocientífica de lo más burdo. No le voy a insultar describiendo los mecanismos que dicho aparato milagroso utiliza, pero si le interesa ver cómo se escribe una descripción pseudocientífica de gran envergadura, el afamado inventor no le decepcionará y ha creado una página de internet con todos los detalles, utilizando toda la palabrería y estilo adecuados. No le daré promoción directa, así que no publicaré en este espacio su página, pero si usted tiene ganas, fácilmente la encontrará buscando “cytotrón” (solo en inglés, pero quizás pronto alguien tenga una traducción).

Lo malo es que sí es verdad que un hospital ya cayó en el timo desde hace más de un año. De alguna manera, algún vendedor muy hábil, había logrado insertar un “cytotrón” para hacer “pruebas” en el Hospital Infantil de México Federico Gómez.

Mi reacción inmediata fue poner un tweet y contactar a un amigo que conoce mucho sobre los temas de fraudes tecnológicos y su relación con las autoridades. Le envié un mensaje a Luis Mochán, investigador del IFC-UNAM en Morelos, y le comenté la situación. Luis inmediatamente me respondió y empezó su propia indagación. Compartió nuestra preocupación y, entre otras cosas, contactó a una colega física médica del IFUNAM, María Esther Brandán, que es experta en el tema y ya ha lidiado con otros fraudes similares (como el del sostén que detecta cáncer de mama y que Peña Nieto anunció con bombo y platillo desde Los Pinos como un gran emprendimiento de juventud).

No tengo mucho espacio pero entiendo que el aparato se promueve citando publicaciones que no le son relevantes, no hay ningún ensayo clínico que verifique su efectividad, no tiene ninguna certificación y su uso preocupa a reconocidos médicos, incluyendo oncólogos. En México no se han comprado aún, se hallan en comodato, pero se están “probando” en niños con cáncer en fase terminal. ¿Cómo lo permitieron? No lo sé. La descripción del aparatito es tan burda y ridícula, que da miedo pensar que algo así pueda suceder en un hospital tan importante. No quiero imaginar que los médicos encargados de dictaminar si una nueva tecnología/herramienta deba ser puesta a prueba en hospitales no hayan sido capaces de determinar que se trata de un timo evidente y obsceno. Si efectivamente cayeron en el engaño, será muy difícil que lo reconozcan y dejen de tajo el “ensayo”, que solo logrará mantener esperanzas falsas a quienes están sufriendo la enfermedad, y un desperdicio irracional de recursos y tiempo por parte del hospital. En todo caso, es urgente verificar que el protocolo tenga los controles adecuados. Si no cayeron en el timo y son sus promotores, ya no tengo palabras que pueda publicar aquí para referirme a ellos.

Insisto, la cosa es tan ridícula que muy ingenuamente pensé que la situación ahí había quedado. Sin embargo hace unos días me entero que al parecer las “pruebas” siguen en el hospital. Por otro lado, con la reciente situación que hemos tenido en el país en relación a los medicamentos asociados a las quimioterapias, no quiero imaginar que parte de la propuesta para vencer a las farmacéuticas asesinas vaya a ser recurrir a estas tecnologías “alternativas” y le vayan a llevar la idea al presidente. Es esta posibilidad la que me obliga a intentar hacer algo de ruido y mandar un SOS: colegas, hagamos lo que esté a nuestro alcance para intentar frenar estas amenazas a la salud.

Luis: gracias por tu apoyo con este artículo.

#NoBullshit

no_bullshit

 


Los renglones retorcidos de odios(os)

julio 30, 2019

Quienes hayan tenido la enorme fortuna de seguirme por aquí saben que varias veces he mencionado que la ciencia en nuestro país no ha sido apoyada. No es un misterio, la ciencia nunca ha sido considerada como una parte importante, ya no digamos esencial, de los proyectos de país. Ha existido como un rubro, uno más de muchos, que hay que incluir y darle “algo de dinero” para que no se diga que no existe. Nunca se ha entendido a la ciencia como un ingrediente estratégico en el que se fundamenten todos los programas y proyectos.

Quienes me leen saben que digo esto de la importancia y sustancia de la ciencia no porque yo sea científico. Es precisamente por su relevancia que algún día decidí dedicarme a la ciencia. En otras palabras, esto no pretende ser una queja por pertenecer a sector que no ha sido tomado en cuenta, esto es una preocupación general de que, al no considerar la ciencia como una de las guías más útiles e importantes para el desarrollo del país, estamos destinados al fracaso. Si no lo cree, considere que la realidad actual del país es evidencia contundente del desinterés y poco entendimiento de ello que tuvieron los gobiernos del pasado.

Se habla de que en tal o cual administración se aumentó o disminuyó el presupuesto, que se crearon o cerraron centros, becas, etcétera. La verdad es que hay ciencia (básica, sobre todo) en México gracias a esfuerzos descomunales de personas que han logrado sobrevivir en un ambiente poco propicio, sobre todo fuera del centro del país (ahí sí han estado un poco más “protegidas”). También, y en mucho gracias a esas condiciones, se han desarrollado vicios, usos y costumbres dentro de las pequeñas comunidades científicas que afectan su desarrollo pleno y transparente, así como una enorme cantidad de simulación en lo que corresponde al supuesto “desarrollo tecnológico” y “aplicación” de la ciencia. Dicho de otra manera: existe ciencia en México. Poca, mal organizada y con problemas de crecimiento y perspectiva. Todo esto derivado de una casi nula inversión y un definitivo desinterés y desconocimiento por parte de quienes han gobernado.

Hoy no es diferente. Bueno, quizás un poco.

Se esperaba una oportunidad. No sucedió. Y no es como antes, lo percibo diferente. Antes no significábamos nada, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual. Ahora tengo la sensación de que significamos algo negativo, malo. No solo innecesario, sino contrario y opuesto a la sociedad. Ahora parece que la ciencia, y más concretamente quienes nos dedicamos a ella, no tenemos ningún respeto, interés ni sensibilidad por los problemas que aquejan a la sociedad. No, al parecer somos personas que estamos en “nuestro mundillo”, despreocupados y siempre pidiendo dinero. No queremos incomodarnos; gozamos de comodidad y no la queremos perder. No nos importa nadie. Bueno, tampoco, al parecer lo que sí nos interesa es apoyar a las grandes empresas e imperios a retener su poder y opresión sobre los demás. Al parecer, estamos enterándonos en este momento, de que un gran número de personas que nos dedicamos a la ciencia, hemos estado manipuladas, engatusadas y “ensuciadas de la mente” con ideas que solo benefician a los poderes opresores de la sociedad y de la naturaleza. Somos odiosos, la verdad.

Otro aspecto (relacionado) que en lo personal me inquieta mucho: uno de los factores que desde “pequeño” identifiqué como preocupante en nuestra falta de apropiación de la ciencia y el conocimiento era, aparte de una educación deficiente y desinteresada, el de una gran afección por la superstición. Eso no es exclusivo de México, pero es fuerte en nuestra sociedad. Ese tipo de pensamiento no solo se contrapone con el pensamiento científico, sino que al ser tomado en serio por muchas personas, atrofia el desarrollo social. Hoy parece institucionalizarse. Si es así, será devastador.

Al margen de todo esto, que al final del día es solo una expresión de desilusión, lo que queda evidenciado de manera contundente es que la ciencia, y su comunidad mexicana, son consideradas completamente innecesarias para el futuro de este país. Dos renglones, no perdón, menos, cinco renglones, lo evidencian.


Está cañón

julio 30, 2019

No existe la menor duda de que usted puede creer y pensar lo que quiera. También es verdad que nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de imponerle una idea ni forzarle a creer algo. Y aun así, tampoco existe la menor duda de que durante su vida le han impuesto un montón de ideas y conceptos que incluso a veces resulta muy difícil distinguir cuáles son.

Al margen de determinar cuáles son impuestas y cuáles no, todas las personas tenemos “nuestras” ideas y casi siempre intentamos defenderlas. Algunas personas utilizan argumentos lógicos, otras no. Lo que es muy común es que casi siempre nos gusta tener la razón, la tengamos o no.

Por otro lado, tenemos curiosidades y dudas, muchas dudas. Para todas ellas, casi siempre, tenemos alguna idea, opinión o incluso creencia, pero en algunas sabemos que dudamos. Cuando estas surgen y se manifiestan ante las demás personas, al recibir respuestas e ideas sobre ellas, hay por lo general dos maneras de reaccionar: estamos de acuerdo si más o menos se apegan a lo que creemos, o las rechazamos si medio contradicen lo que pensábamos. No importa si lo que escuchamos viene de parte de una persona experta en el tema o no, si nos gusta lo que oímos, lo aceptamos con mayor gracia que si contradice nuestros prejuicios. Cuando logramos que no sea así, es decir, cuando sí aceptamos lo que nos dice una persona experta, independientemente de si nos contradice, es porque en realidad sí tenemos un verdadero interés en satisfacer la curiosidad.

Todo este rollo es para introducir la siguiente pregunta ¿Existen cañones antigranizo, que se puedan utilizar en algún rancho o ejido y que puedan afectar las lluvias en el estado?

La respuesta rápida y contundente es no. No existen cañones antigranizo que puedan hacer eso.

Entonces, ¿por qué se habla tanto de ello? Por muchas y variadas razones. Algunas razones atienden a intereses “politicoides”, otras a intereses económicos (a veces relacionados con los politicoides), otras a la desesperación (real) de los sectores agrícolas, y también a nuestro gusto por la conspiración y el chisme.

Como todas las charlatanerías, los argumentos que se utilizan para generar confort en las mentes ansiosas de decir y sentir que sí existen son vagos y no se acotan a la pregunta enunciada. Sí existen técnicas para intentar modificar patrones de las nubes que utilizan “cañones”, solo que se requiere llevarlos en aviones para, después de haber estudiado a detalle regiones extensas de nubes, poder meterlos en los lugares adecuados y estudiar su efecto. Pensar que esto pueda ser hecho desde un rancho, simplemente apuntando a cualquier nube y que tenga efecto localizado en donde tienen sus sembradíos, es fantasía. Pero ya que sí existen el tipo de estudios que acabo de mencionar, no falta que la frase “ah, ya ves, ¿no que no existían?” sirva para calmar los nervios de quien, desde antes de averiguar, ya cree que existen y que afectan las lluvias en Colima.

Y así, gracias a esa inquietud, existe la posibilidad de utilizar estas ideas para aprovecharse. Si usted quiere creer porque le gustaría evitar que una granizada le destruya su cosecha, siempre habrá alguien dispuesto a venderle el “súper cañón”. Será difícil la venta porque será caro y usted, al tener que invertir el recurso, seguramente se pondrá en una actitud más escéptica. Sin embargo, hay vendedores muy hábiles que lograrán vender algunos. Una vez comprados, y con funcionamiento nulo, sucederá algo muy interesante: la persona estafada preferirá creer que sí le está funcionando antes que reconocer (a veces hasta a sí misma) que la estafaron. Por otro lado, si usted ya cree que existen y tiene pleno convencimiento de que son utilizados por empresarios y productores malvados que controlan y afectan el agua que cae del cielo de todos los colimenses, será casi imposible convencerle de que no es cierto. En ese caso, si la cantidad de personas con ese sentir es significativo, se vuelve un problema de interés (capital) político y no faltará quien se ponga a defender la sagrada lluvia de esos maliciosos cañones.

Lo peculiar de todo esto es que, a diferencia de temas en los que es difícil determinar con certeza la validez de las hipótesis o ideas, en esto hay certeza. No funcionan (ojalá fuera posible controlar las lluvias, pero no). Si usted tiene una duda genuina sobre si existen y son funcionales en los términos mencionados, no dude más. Si su duda no es genuina, entonces nunca dudó y solo quiere tener razón. Ah, por cierto y aprovechando el viaje: sí “fuimos” a la Luna.


Exigente

marzo 24, 2019

Los eclipses son algo bello. Los eclipses son algo normal. Como muchos otros fenómenos naturales, inspiran a la imaginación, a veces de maneras extravagantes. Existen “ideas” como la de que durante un eclipse la atracción gravitacional sufre modificaciones y “se reduce” o que los péndulos se comportan de manera “extraña”. Algunas personas dicen que eso demuestra que Einstein estaba mal, un enunciado muy famoso entre soñadores y charlatanes.

Yo creo que los eclipses causan mucha conmoción porque a pesar de ser normales y frecuentes, no lo son en la misma región de la Tierra y, a menos que andemos viajando cada dos años persiguiéndolos, la mayoría tendremos oportunidad de ver muy pocos. Sin embargo, los podemos entender y podemos darnos una idea de si las cosas que escuchamos, sobre todo aquellas que infieren que hay algo misterioso y “oscuro”, tienen algo de sentido o son simplemente locuras imaginadas.

Sabemos que nuestro planeta se encuentra en órbita alrededor del Sol. Lo que quizá no sepamos o recordemos, son las características básicas de dicha órbita. Para empezar, la distancia promedio entre la Tierra y el Sol es de aproximadamente 150 millones de kilómetros. Es una distancia muy difícil de imaginar, ya que nuestra experiencia cotidiana no nos ofrece esas magnitudes. El diámetro de nuestro planeta es de aproximadamente 12,700 km. Si pensamos en el diámetro de la Tierra y lo comparamos con la distancia promedio al Sol, vemos que es menos de una diezmilésima parte: para el Sol, nuestro planeta es prácticamente un punto.

La Luna se encuentra mucho más cerca de nosotros que el Sol. Sabemos que la Luna está en una órbita alrededor de la Tierra y se encuentra a una distancia promedio de 384,400 km.

Si usted piensa que la oscuridad causada por un eclipse puede afectar el desarrollo de un feto, en el sentido de causar malformaciones, por ejemplo, tenga en cuenta que esa oscuridad es la misma que tendría si usted se encerrara en cualquier habitación y cerrara las ventanas impidiendo que la luz del sol le llegara. Si piensa que no es solo la oscuridad, sino que – al mismo tiempo – la atracción gravitacional de los dos objetos (Luna y Sol) al estar “tan juntos” también producen un efecto, otra vez, recupere la tranquilidad, eso sucede todo el tiempo ya que cuando no hay luna en las noches, es porque anda encima de nosotros durante el día, solo que su sombra no “nos toca”.

Si piensa que los eclipses causan temblores y lo argumenta diciendo que es por los jalones gravitacionales del Sol y la Luna, que se juntan y “jalan” más, casi tiene razón, excepto por el hecho de que no es el eclipse. Eso sucede todo el tiempo ya que, como dije antes, cuando no hay luna en la noche, anda encima de nosotros durante el día y “jala” con el Sol. Así que esas fluctuaciones gravitacionales son algo común, van y vienen con el ciclo lunar, independientemente de si la sombra de la luna le pega a su rancho/ciudad/región o no. Su efecto en los sismos es algo que se estudia en la actualidad.

Ahora, si piensa que con un listón rojo y/o un objeto de metal usted contrarresta los efectos negativos de un eclipse, usted tiene un nivel de “pensamiento” similar al promedio existente durante la edad media, en donde no existía educación ni información colectiva.

Si usted, después de informarse y escuchar la información emitida por profesionales, de todas maneras “argumenta” que usará o recomendará usar esas medidas “por si las dudas” o porque “no pierdo nada” o “no vaya a ser” o cualquier cosa similar en referencia a los efectos negativos en la formación de un feto derivados de un eclipse (o de cualquier información proveniente de la ciencia que contradiga sus expectativas), entonces, usted en realidad no tiene un interés en saber, quiere tener razón aunque no la tenga.


Conversatorio sobre ciencia

marzo 13, 2019

 

Hoy participé en el conversatorio que se llevó acabo en la Cámara de Diputados  para discutir sobre las posibilidades de la nueva ley de ciencia tecnología y la situación general de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. Les comparto las notas que utilicé para guiar mi presentación dentro de la mesa seis con el tema general de recursos humanos, educación, divulgación científica y la transversalidad de la equidad de género.

 

Gracias por la oportunidad.

Hay muchas peticiones e intereses de diversa índole. Hay quien viene con una perspectiva general y visión a largo plazo, hay quienes tienen una preocupación más inmediata. También hay expectativas personales y de grupo o institucionales. A nivel personal yo tengo inquietudes en todas esas categorías, pero hoy quiero centrarme en lo que considero puede tener un impacto más general para el país y la sociedad.
Hablamos de ciencia y tecnología. De la ley (de ciencia). De su impacto y apropiación y de su comunidad (en esta mesa en particular sobre los recursos humanos).

Lo primero que me gustaría comentar es que se trata de un problema muy relevante.

Es importante mencionarlo y explicarlo ya que esto está sucediendo dentro de un contexto muy complicado en nuestro país: violencia, pobreza, corrupción, etcétera.

Esta compleja situación puede hacer que el problema de la ciencia se perciba como uno más, de muchos, y quizás no tan apremiante.

Esto es un problema en sí que debemos intentar modificar. Está precisamente relacionado con la apropiación social de la ciencia y su impacto. Debemos hacer todo lo posible por convencerles de que estamos hablando sobre algo que es indispensable para que lo demás funcione.

La ciencia no ha sido apoyada en nuestro país. Dejemos de repetir eso. La ciencia que se realiza en nuestro país no ha contado nunca con un apoyo firme ni ha sido considerada como parte toral de los planes nacionales de desarrollo.

Cuando nos preguntamos sobre la apropiación, sobre el impacto, etc. no debemos olvidar que eso surge como un producto natural de una sólida y duradera inversión. Con tiempo y sustento, sin atajos ni simulaciones. Hay una desesperación natural, entendible. Pero es importante entender que se necesita hacer mucho más para lograrlo…

La ciencia, además, tiene un problema particular con el ámbito de la política. La ciencia produce respuestas y estrategias que a veces no se pueden acomodar. En sistemas de gobierno y de toma de decisiones en los que la opinión de gobernantes y/o grupo de poder son lo más importante, la ciencia muchas veces resulta ser incómoda. Esto es importante mencionarlo y entenderlo ya que, si queremos lograr que se le de el lugar que necesita para transformar al país, debemos saber sortear esa realidad.

Esta discusión es, entonces, de lo más trascendente

Disculpen si insisto sobre la importancia. Creo que la mayoría de quienes estamos aquí compartimos a algún nivel esta inquietud. No me alcanza el tiempo para poder brindar más sustento a esta declaración, pero algo que puedo decirle a quienes legislan es que consideren lo siguiente. Una evidencia de que NO invertir en ciencia de manera firme, contundente, sin vacilación y durante mucho tiempo, resulta catastrófico para un país, es el día de hoy.

PROPUESTAS

Me enfoco a un problema central.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia que pretenda lograr que la situación cambie: es uno de los ingredientes imprescindibles de cualquier estrategia: es necesario construir y fomentar una verdadera “masa crítica”. Necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez.
Necesitamos empezar a crear y fomentar licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas a lo largo y ancho del país. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo.
Necesitamos fomentar una internacionalización congruente y científica. Las culturas que han florecido en el ámbito científico y académico lo han logrado a través de fomentar la diversidad. Esto no está peleado con el desarrollo local y de “lo nuestro”, al contrario, realizado dentro de un contexto transparente y sin corrupción, fortalece a todo el sistema.
Propuestas concretas:

Primero una propuesta general que incide en todos los temas de todas las mesas: El conacyt debe siempre gestionar más recursos para la ciencia (esa debe ser su función principal) y muy importante, la pseudociencia no debe estar en conacyt.

 

Ahora sí:
1. La creación de grupos pequeños/medianos de investigación en áreas básicas dentro de todas las universidades públicas en los diferentes estados de la república. Grupos que estén conformados por investigadores del más alto nivel que cuenten con independencia académica (formación y experiencia sólidas) que les permita realizar investigación científica de manera independiente (con redes nacionales y extranjeras) y al mismo tiempo llevar bajo su responsabilidad programas de licenciatura en las áreas básicas. Existen muchas personas jóvenes en el mundo con el perfil necesario que podrían ser contratadas bajo este esquema. La consolidación y evolución natural de esos grupos, con el apoyo constante, adecuado y evaluado, harán que crezcan y vaya generando más oportunidades en al menos dos direcciones: creación y desarrollo de áreas diferentes a la básica con un fuerte sustento y desarrollo de oportunidades para futuras generaciones de científicas y científicos que podrán incorporarse a la comunidad científica del país de manera productiva.
2. Creación de “bachilleratos científicos” en donde colaboren de manera directa quienes hacen investigación en los grupos anteriormente descritos.
3. Apoyos complementarios a docentes de nivel medio superior de áreas científicas que participen en programas de capacitación y desarrollo disciplinar (que puede incorporar elementos didácticos de manera complementaria).
4. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien el nivel medio superior y que participen en programas extracurriculares enfocados a las áreas de ciencia.
5. Apoyos mensuales para todas las mujeres que estudien una carrera científica o de ingeniería a nivel licenciatura.
6. Reclasificación de los niveles en el SNI para que a las mujeres se les otorguen estímulos adicionales (parecido al estímulo a personas que laboran fuera de la CDMX).
7. Apoyo complementario para personas de nueva incorporación en lugares donde no existe una comunidad científica establecida.
8. Becas de estudio a nivel licenciatura y posgrado para estudiantes de países de Centroamérica.

Conclusión:
Sé que esto puede sonar un poco alejado de las inquietudes que algunos de mis colegas tienen en este momento y que les preocupa se resuelvan de manera inmediata. Comparto esa ansiedad y por supuesto deben de considerarse propuestas que puedan dar respuesta a esas inquietudes.
Me concentro en estas propuestas y concluyo así porque no hay más tiempo. Hay tantas otras cosas que debemos discutir e incorporar, pero en la situación actual de mi país, y la preocupación personal del rumbo que pareciera quiere dársele a la administración de la ciencia, me exige ir a lo toral, a lo verdaderamente fundamental para el desarrollo del país.


La solución

marzo 8, 2019

Uno de los temas más candentes en la frontera del conocimiento científico consiste en entender y determinar qué es la “materia oscura”. Ya encontraré un espacio para describir de qué trata ese tema, por hoy solo menciono que se trata de materia que no podemos ver con la luz, es “invisible”. Hoy quiero aprovechar el espacio para hablar de otra oscuridad.

Es claro que nuestro país pasa por momentos difíciles, oscuros. Como en cualquier arena, cuando hay problemas y situaciones complicadas, tomar decisiones acertadas es muy difícil. Si hay problemas, si no nos sentimos bien, si tenemos desesperación, miedo, incertidumbre, es muy probable que nuestras decisiones no sean muy razonadas. También, colectivamente, si además, de tener una situación compleja y llena de problemas que son difíciles de controlar, no tenemos el mínimo interés en resolver o mejorar la situación general y solo vemos por intereses personales, imaginen qué tipo de “decisiones” podremos tomar. ¿No se pueden imaginar? Qué tal algo como reducir presupuestos a educación, ciencia, salud. Si les suena familiar, de seguro es solo una coincidencia.

Hoy la situación de la ciencia en el país es oscura. Más que oscura, podría decir que el interés que se tiene sobre la ciencia como elemento de cambio por parte de tomadores de decisiones, y quizá también por grandes sectores de la población, es simplemente inexistente. La ciencia en México es percibida como una cosilla por ahí, insignificante, inútil e invisible. En el mejor de los casos, pareciera un lujo tonto por el que no debemos preocuparnos, menos cuando hay tantos otros problemas. Sí, es verdad que otros países, esos que rigen el mundo, cuando tienen crisis recurren a invertir en ciencia y educación, pero eso lo hacen ellos, nosotros no, ¿para qué? Sí, es verdad que la inversión de esos países en esos sectores es precisamente lo que les permitió llegar a donde están, pero ¿de verdad queremos eso?

La ciencia en México es materia oscura.

Se debe decir que parte del problema es que a veces nosotros mismos – la comunidad científica – no podemos reconocer que no existimos. Nos cuesta trabajo reconocer que, en realidad, en nuestro país no hay ciencia. Caemos en el juego de que sí hemos avanzado y que “ahí la llevamos”. La verdad, tomando en cuenta el tamaño y riqueza del país: no existimos. Los intentos individuales y de algunos grupos son loables, pero en realidad no existimos. Es importante reconocerlo ya que las estrategias que podamos proponer y llevar a cabo deberán estar sustentadas en la realidad, no en la creencia (o enorme deseo o descarada simulación) de que las cosas van “más o menos” bien.

Es muy poco el espacio para un análisis profundo. Afortunadamente hay un aspecto que es muy sencillo de identificar como parte del inicio de cualquier estrategia. Primero, una vez reconocido por quienes hacemos ciencia, que a nosotros “no nos tocó”, y que como científicos, analicemos y veamos qué podemos hacer para que la situación cambie en el futuro, es muy fácil describir al menos uno de los ingredientes primarios, fundamentales, imprescindibles de cualquier estrategia: para hacer una diferencia, para que nos escuchen, para obligar el cambio (ya que no vendrá de otro lado, sino de la presión que podamos ejercer), es necesaria una verdadera “masa crítica”. Aunque no haya dinero, aunque nadie quiera contratar, aunque signifique sacrificar generaciones, aunque parezca que no tenga sentido, necesitamos incrementar el número de personas capacitadas para la ciencia por al menos un factor de diez. Necesitamos empezar a producir licenciaturas que produzcan personas de mucha calidad en las áreas básicas. Generarlas por montones para que luego vayan a doctorarse a los mejores lugares del mundo y así, en unos diez, quince o veinte años, el sistema colapsará y no habrá de otra (como dije, este es un ingrediente imprescindible, mas no el único). Desgraciadamente solo así forzaremos a que se nos escuche. Eso es importante porque no representamos simplemente una voz más exigiendo atención, no, la cosa es que la ciencia representa la salida, la solución.