Patentes

abril 13, 2015

Hay una cualidad de los países en desarrollo, o más bien, de algunas de las personas que dirigen esos países que consiste en lo siguiente: ante la incesante demanda de soluciones y recursos por parte de los diferentes sectores, esas personas diseñan estrategias que ahuyentan o cuando menos tranquilizan al mayobs1r número de demandantes. Entre más insistentes y bien fundamentadas sean las demandas, la estrategia invariablemente desemboca en, de alguna manera, culpar a los mismos demandantes de su situación. Es en verdad un arte.
Quiero concretar. Escojamos a uno de esos países en desarrollo y llamémoslo, solo como ejemplo, México. Ahora escojamos un sector de los “pediches” al azar ….. ¡ciencia!. Muy bien, ya tenemos los actores. Ahora va una común y breve conversación entre los “pediches” y los demandados:

(pediches) “Es necesario y muy importante que se designen recursos para la investigación científica. Es indispensable que las ciencias básicas se consoliden y que incremente la presencia de la cultura científica en el país.”

(demandados) “¿Cuánto quieren?”

(pediches) “Los países desarrollados invierten en ciencia y tecnología, al menos (al menititititos) el 1% de su PIB.”

(demandados) “Sí, pero esos son los desarrollados.”

(pediches) “Sí, por eso nosotros deberíamos invertir aun más.”

(demandados) No dicen nada por que no pueden hablar de la risa.

(pediches) “Si no se invierte en ciencia nunca saldremos del gran atraso en el que nos encontramos. Con ciencia se incentiva la economía, mejora la educación, se ataca la pobreza. Es un plan a largo plazo pero se puede…….”

(demandados)”Si, si, está bien, pero a ver, si ya se les ha dado dinero en el pasado díganme qué han logrado. ¿Cuántas cosas útiles han hecho? Dicen que otros dan mucho dinero, bien, pero allá sí producen tecnología y cosas verdaderamente útiles a la sociedad. Ellos no andan con abstracciones que no sirven pa’nada. Mejor pónganse a trabajar y háganle como esos lugares. A ver ¿cuántas patentes han producido?

(pediches) ¿Sabe usted qué es una patente? ¿Sabe usted qué es ciencia? ¿Sabe usted cómo es que la ciencia puede llegar a ser útil a la sociedad? …. Para este momento los pediches ya están hablando solos. El “argumento” del demandado fue decisivo, certero y maravilloso. No producimos por flojos, por querer estudiar puras cosas inservibles y porque somos muy cómodos. Cuando decidamos resolver problemas “verdaderamente importantes” para la sociedad, entonces es cuando veremos la luz.

Este tipo de “encuentros” son muy comunes. Me gustaría ahora compartir un poco de información que creo nos puede ayudar a entender dónde falla el maravilloso “argumento.” Voy a comparar datos (obtenidos de reportes del banco mundial) entre dos países, uno desarrollado tecnológicamente y otro como el nuestro. Es más, con el nuestro.
Querida lectora, estimado lemoneyctor, estoy casi seguro de que estarán de acuerdo conmigo en que Japón es considerado un país desarrollado tecnológicamente. Es un país que produce una gran cantidad de tecnología que influye la vida de muchas personas alrededor del mundo. Bien, permítanme escoger Japón y hacer una comparación con México en términos de sus científicos y lo que hacen, para dar validez al maravilloso argumento de (algunos) de nuestros demandados. Aquí va:
La población de Japón es de alrededor de 130 millones personas, mientras que en México somos como 120 millones. Japón tiene 5,158 científicos por millón de habitantes. México 386. El porcentaje de científicos dedicados a la ciencia básica (es decir, al estudio sistemático de la naturaleza y no enfocado a resolver problemas “prácticos”) en Japón es de 24%. En México cercano al 10%. La inversión pública en ciencia y tecnología: Japón 3.4% de su PIB, México 0.43% de su PIB. Un dato muy interesante y en mi opinión revelador es el siguiente: del recurso destinado a ciencia y tecnología, el porcentaje de la inversión dedicada a ciencia básica en Japón corresponde al 78%. En México es el 69%. El número de patentes producidas al año (2013): Japón 330,000 y México 15,000, de las cuales en Japón 290,000 son de alta tecnología mientras que solo 1,300 en México corresponden a ese rubro.
Como podemos ver, Japón no solo invierte más dinero en ciencia y tecnología, sino que invierte más (pero mucho más) que nosotros en ciencia básica. De hecho, el 65% del dinero invertido en ciencia básica lo invierte en experimentación, es decir, en proyectos diseñados para entender la naturaleza que no tienen, a priori, ninguna intención de obtener algo aplicable, es más, en algunos de esos experimentos no saben qué encontrarán. Ese es uno de los ingredientes de la ciencia: buscar y encontrar lo inesperado. Luego resulta que al conocer la naturaleza, salen cosas aplicables.
¿Cómo le hacen entonces los japoneses para ser potencia tecnológica y de patentes? Ah, muy interesante, el gobierno apoya ciencia y tecnología, fortaleciendo las bases, y el sector privado INVESTIGA e INVIERTE en la aplicación del conocimiento. Así salen las buenas y numerosas patentes.

Se aprecian comentarios….

twitter: @alfredoaranda
facebook: Fefo Aranda


Cuidado: ¡Estamos a punto de morir en Colima!

octubre 6, 2014

Querido lector, estimada lectora, les he engañado. En estos días es sumamente importante llamar la atención, no importa cómo. ¿A quién le puede interesar la veracidad de una noticia? ¿lo aburrido de un análisis honesto y sensato? A nadie. Los lectores son personas desinteresadas, apáticas, ignorantes y sobre todo fáciles de manipular. Al menos eso es lo que parece decir la mayoría de reportes y artículos en muchos medios de comunicación. No hay respeto por el respeto a los lectores, a los temas, a la veracidad. Solo interesa llamar la atención, promover nuestras ideas o dar credibilidad a nuestros intereses. Es más importante “ir a favor de” o “en contra de,” que la veracidad y la búsqueda de la posible objetividad.

gonna-dieLa difusión de noticias científicas no es la excepción, sucede lo mismo: “Científicos demuestran que el cáncer se puede curar con pedos,” “ Investigadores de la Universidad de (alguna famosa extranjera) confirman que transgénicos desarrollan tumores en ratas,” “nos encontramos ante la siguiente extinción masiva en el planeta,” “la NASA anuncia que construyen nave que rebasará la velocidad de la luz,” “científico mexicano patenta una batería de energía infinita,” “Stephen Hawking dice que el Higgs destruirá el universo,” “Afirma Chabelo que conoció al último dinosaurio.”

Al parecer, nuestra necesidad de encontrar eco en la sociedad y dar a conocer nuestros resultados e intereses, nos lleva a exagerar y a mentir, en lugar de simplemente reportar, informar o emitir una opinión basada en evidencia o conocimiento. La competencia por atención y recursos nos ha hecho, a algunos, caer en el juego de gritar más fuerte que los otros para notarnos más, para sobresalir. Yo creo que es lamentable, aunque claramente es solo una opinión. La cuestión en realidad no depende para nada de lo que yo pueda opinar, más bien depende de si funciona o no. Entonces, ¿funciona?

Ante la creciente ola de información, tanto en su acceso como en su distribución, los científicos no se pueden quedar callados. Son tantas las voces y tantos los disparates, que me atrevo a decir que hoy, más que nunca, hace falta que los expertos griten y pataleen, para poder contrarrestar (intentar al menos) toda la abrumadora cantidad de basura y malentendidos, disponibles a tan solo unas cuantas tecleadas de distancia. Cuando existe mucha información, y además a la mano, es muy fácil perderse. Es muy fácil también pensar que con leer un par de artículos sobre algún tema ya lo sepamos.

Sí, me parece que los científicos cometemos un error cuando utilizamos algunas de las mismas tácticas sensacionalistas y mentirosas, pero entiendo – digamos que no me sorprende – que a veces suceda. Es posible, sobre todo en algunos lugares muy bonitos de nuestro planeta, que grupos deshonestos y charlatanes, por gritar más y llamar más la atención (quizá prometiendo cositas), obtengan mayores apoyos que los grupos serios de expertos que, además de posiblemente no gritar tan fuerte, pueden obtener resultados que no necesariamente sean del gusto, ni vayan de la mano, de los intereses o visiones de los órganos que aportan los recursos, sean estos gubernamentales o privados.

Así pues las cosas. Estamos invadidos de información y mucha de ella es simplemente basura. Además, alguna de esa basura es completamente intencional y tiene como propósito modificar nuestras percepciones y opiniones sobre diferentes temas. Afortunadamente existe la posibilidad de ver a través de eso, sin embargo, como casi todo lo bueno, requiere de un poco de entrenamiento y esfuerzo. Requiere también de un genuino interés por informarse y analizar.

Cambiando un poco de tema, aunque no del todo, quiero invitarlos a realizar el siguiente experimento en el que voy a hacerles unas preguntas: ¿Consideras que los alimentos transgénicos son buenos o malos? Siguiente: El Monóxido de dihidrógeno es letal para el ser humano en ciertas cantidades. Su presencia se ha constatado científicamente en cantidades elevadas durante los últimos huracanes y ciclones alrededor del mundo. Actualmente cualquier persona puede obtenerlo y manipularlo sin regulación alguna. ¿Estarías de acuerdo que se regulara su uso y suministro en el sector industrial? ¿en el público? Muchas gracias por responder y por participar.

Para determinar de manera individual qué tan influenciados podemos estar, les invito ahora a que piensen sobre lo siguiente: seguramente tuvieron una opinión sobre la pregunta de los transgénicos, y podría apostar que algunos tengan una fuerte opinión al respecto. Ahora les pido que respondan a esta otra pregunta de la manera más profunda posible ¿Qué es un gen? No sé cuántos de ustedes sepan la respuesta (porque la hay, no es cuestión de opinión), pero puedo sospechar que algunos no lo sepan o tengan una idea muy superficial y sin embargo, aún ignorándolo, tengan una fuerte opinión sobre el tema de transgénicos. Les invito a pensar sobre eso. Ahora, espero que la mayoría de ustedes haya contestado que no estarían de acuerdo en regular el Monóxido de dihidrógeno ya que, aun cuando todo lo que se dijo sobre sus propiedades es verdad, necesitamos del acceso libre al agua para poder vivir.


Decadencia

julio 26, 2014

Terminando la gira de trabajo que me ha ocupado estas últimas semanas, buscando algunas posibilidades de colaboración científica para la Universidad de Colima, me da la oportunidad de compartir algo que tenía tiempo queriendo hacer y no me decidía. Curiosamente esta gira me ha ayudado a convencerme.

Desde hace algunos años hemos estado invadidos – comercialmente – por una serie de charlatanerías y estafas relacionadas con la salud. Las ideas en sí no son recientes, al menos no la mayoría, pero sí el ímpetu y aceptación que han tenido en la población, los gobiernos e incluso algunos médicos. Que haya personas que caigan en la estafa no es para nada sorprendente, pero que gobiernos y médicos lo hagan no es aceptable, sobre todo cuando hablamos de gobiernos que incluyen países de primer mundo.

bs1Para mí esto representa otro indicador contundente del gran fracaso reciente de la educación básica y superior en prácticamente todos los países. La masificación de la educación, hecha de manera no solo obligada sino sobre todo apresurada, ha generado algunos aspectos negativos, como por ejemplo, el que el nivel general de la misma se haya reducido considerablemente. La capacidad crítica y de análisis, así como la educación científica general, han sufrido transformaciones extraordinarias motivadas por la necesidad de que la mayoría de los estudiantes aprueben a toda costa. Claro está que reducir el nivel no es la única “solución” para que todos o una gran mayoría apruebe, pero sí es la “más fácil” (y por supuesto inefectiva en términos educativos reales). Entre los muchos resultados que se obtienen de dicho esquema está uno que asusta: personas que reciben una supuesta educación, además certificada, que en realidad no están preparadas. Abaladas por títulos y certificados sí, pero no verdaderamente con la capacidad de utilizar el conocimiento, entenderlo y/o generarlo. Eso es muy peligroso y de alguna manera ya estamos viendo los resultados.

vaccine1Algunos países europeos (que en general se considera tienen una mejor educación, al menos en los famosos y obviamente confiables rankings y estudios ad hoc) cuentan con una moda muy fuerte de esoterismo y charlatanería. Por ejemplo, campañas anti-vacunas y en contra de antibióticos que han ido tomando fuerza en la última década, generando problemas de salud importantes en varias comunidades. Otro ejemplo: Las farmacias proporcionan, además de medicinas probadas científicamente, toda clase de remedios o técnicas medievales (uso la palabra como adjetivo) y/o fantasiosos como la homeopatía, la iriología, la quiroprática, etcétera. Otro ejemplo de mucha actualidad es la resistencia a lo “transgénico.” Muchas de las personas con las que he hablado sobre estos temas (estudiantes, profesores, gente fuera de la academia) desconocen qué es un gen, qué significa homeopatía o cómo funciona una vacuna, pero la mayoría tiene opiniones fuertes y de mucha convicción sobre esos temas. Insisto, y deseo insistir fuertemente en esto: no tiene nada de malo que personas en general crean o quieran creer lo que se les venga en mente. El problema no es ese. El problema es que muchas de esas personas han tenido una “educación” formal. El problema es que sistemas de salud públicos, médicos, personas en general relacionadas con el cuidado de la salud, asociaciones certificadoras, etcétera, no sean capaces de entender que la inoperatividad y falsedad de esos métodos no son cuestión de opinión. Preocupa enormemente que las crean o en su defecto, que se aprovechen de la ignorancia y desesperación de las personas a las que deben servir y apoyar. Preocupa incluso, regresando a lo de la educación, que instituciones de educación superior avalen a algunas de estas charlatanerías y las incluyan en sus programas y actividades. Vaya, sabemos que pueden ser populares, ¡pero no la amuelen!

vaccines2Ante el cuestionamiento de por qué hacen eso, una respuesta típica es la de que la ciencia, y en el caso particular la medicina, no lo sabe todo. En efecto, eso es verdad, no se sabe todo. Sin embargo, si continuamos con el análisis crítico, la ciencia y la medicina sí saben algo, y cada día se intenta aprender más. Muchas veces se ha tenido que cambiar lo que se sabía para mejorar, muchas veces se descubre algo completamente nuevo y resulta que ayuda a mejorar tratamientos o curar enfermedades. Pero lo que sucede con más frecuencia es que las ideas no funcionen, es decir, se realizan estudios para determinar si algo funciona o no y muchas veces se determina que no. La ciencia sí puede determinar si algo no funciona. Ese es su principal valor. Casi siempre, desde luego, no escuchamos de las cosas que no funcionaron. Nos enteramos de las que sí porque nos las recetan y nos salvan la vida.

alternative-medicineLas veces que nos enteramos que algo no funciona es cuando alguien nos presenta una supuesta solución alternativa. Lo primero que se hace es determinar si funciona o no y cómo. Hay dos posibles resultados que son: no funciona o si funciona. En caso de que no, por lo general aquellas personas que la propusieron se sienten ofendidas y arguyen que la ciencia y las farmacéuticas no quieren reconocer sus descubrimientos. En caso de que sí funcione, deja de ser medicina alternativa y se convierte en medicina.


Malas palabras

mayo 20, 2014

Ahora que he estado presentando la conferencia titulada “¿De qué estamos hechos?” surgió una inquietud interesante. Una persona con la mala suerte de escucharme durante mi reciente presentación en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, se interesó en el tema del Gran Colisionador de Hadrones y se puso a investigar en internet todo lo que pudo al respecto. Se puso a verificar lo que mencioné durante la charla, revisó videos, entrevistas, blogs, etcétera.

Al verlo unos días después de mi charla me comentó todo lo que había estado haciendo. Confirmó que lo todo fue muy interesante y motivador, sin embargo, hubo algo que no le gustó y me preguntó sobre ello. Resulta que durante sus búsquedas se entera de lo que significan las siglas del CERN (que yo mencioné pero seguramente en ese momento no le inquietó), el centro de investigación en donde está construido el Gran Colisionador de Hadrones. CERN son las siglas en francés de “Centro Europeo de Investigaciones Nucleares.” Cuando él asimila este nombre le surge una inquietud: dice “Nucleares,” entonces seguramente no solo hacen lo que yo le dije (eso de buscar la respuesta a las preguntas más fundamentales sobre el universo), sino que seguramente también harán cosas relacionadas con algo militar y desde luego negativo. El simple y sencillo hecho de que estuviese involucrada la palabra “nuclear” le significó que había algo oscuro y poco honesto en los experimentos que ahí realizan. Traté de explicarle, creo que con éxito, a lo que se refiere, pero no dejó de fascinarme la reacción y recordé que tenía en mente hablar de ese tema desde hace tiempo.

Así como “nuclear” existen varias palabras relacionadas con temas científicos que en el colectivo han adquirido una connotación por lo general negativa o poco favorable. Algunas de esas palabras parecen ya contener añadidos a ellas, incluso por su mero pronunciamiento, juicios de valor de manera intrínseca. Es interesante. Ejemplos característicos de ellas: nuclear, atómico, transgénico, químico(a), ecología, orgánico, alternativo, antimateria, entre otras.

atom_model_02Hoy hablaremos solo sobre “nuclear” y en el ámbito de la física, que es donde se ha creado el símbolo más penetrante y cautivador. Claro está que “nuclear” viene de núcleo, que en este caso, se refiere al núcleo de los átomos. Los átomos son la versión más pequeña de cada elemento químico: átomos de hidrógeno, de oro, de plata, de hierro, etcétera. La estructura básica de los átomos consiste de un núcleo que contiene prácticamente toda la masa del átomo, y de electrones (partículas muy ligeras y con carga eléctrica negativa). Los núcleos a su vez están compuestos de dos tipos de partículas llamadas protones y neutrones (a su vez conformados por partículas llamadas quarks). Los protones son eléctricamente positivos y los neutrones pues sí, son neutros (esa es la capacidad lírica de los físicos al nombrar las cosas). El descubrimiento del átomo a finales del siglo antepasado y el posterior descubrimiento de su composición en términos de electrones y un núcleo, que se dio en las primeras décadas del siglo pasado, dieron nombre a lo que ahora llamamos física atómica y física nuclear, es decir, a las ramas de la física que se dedican específicamente a tratar de descubrir y estudiar las leyes naturales que rigen esos sistemas.

Nuclear-Explosion-001Durante la segunda guerra mundial se desarrolló la llamada bomba atómica o bomba nuclear. En términos muy generales, lo que se desarrolló, y que fue utilizado como arma en ese momento, fue la posibilidad de generar grandes cantidades de energía manipulando los núcleos atómicos de algunos elementos químicos. Existen diferentes mecanismos que permiten esa generación de energía y por ejemplo uno de ellos, que también se utilizó para desarrollar armas en su momento, es el mecanismo a través del cual el Sol produce la energía que genera la vida en al menos este planeta. Otro mecanismo similar es el que mantiene el núcleo de nuestro planeta a temperaturas lo suficientemente elevadas para que exista un manto prácticamente líquido. También generamos energía eléctrica en los famosos reactores.

Este hecho, el haber construido (y que se hayan utilizado) bombas con capacidad de destrucción antes inimaginable, así como el de haber generado todo un nuevo paradigma en las relaciones internacionales y la definición de guerra, generó de manera natural y comprensible toda una amalgama de sentimientos y estigmas asociados a una palabra: nuclear.

Un ejemplo chusco: hemos oído hablar, en el contexto de hospitales, de la ya famosa “resonancia magnética.” Es una herramienta médica que permite obtener información sobre los órganos internos sin necesidad de abrir el cuerpo. Lo curioso o chusco de esto es que en realidad, el fenómeno físico en el que se basa ese dispositivo se llama “resonancia magnética nuclear,” ya que efectivamente son los núcleos de los átomos en el organismo los que al interaccionar con campos magnéticos del aparato generan la radiación que luego es detectada y hecha imagen para que los médicos puedan diagnosticar. Sin embargo, debido a que la palabra “nuclear” puede poner nerviosas a las personas, se optó porque al aparato y al procedimiento se les llamara simplemente “resonancia magnética.” Así, tranquilos, gracias a la física nuclear, podemos ir a que nos vean por dentro.

 

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Charlatanes

mayo 6, 2014

Charlatanes. Existen de todo tipo, hasta los hay serios. Existen aquellos que en su afán por timar de manera prácticamente profesional, terminan convencidos de sus propias mañas y engaños. Desde luego existen los nefastos. Aquellos que sin escrúpulo alguno se aprovechan de ignorancia y desesperación para lucrar descaradamente con la ingenuidad y/o sufrimiento de los demás.

Hábiles para hablar y envolver, utilizan el lenguaje adecuado para cada situación. Dependiendo con quien hablen, podrían parecer eruditos. Si la persona que los escucha ignora temas científicos, el charlatán utilizará vocablos sofisticados entonados con maestría y provocación; si quien lo escucha está desesperado, sabrá cómo sonar reconfortante y lúcido. Si en cambio quien lo escucha lo descubre, se tornará de manera inmediata en víctima ofendida y a veces agresiva.

este-producto-no-es-medicina¿Cómo determinar si nos encontramos ante la presencia de una de estas magníficas expresiones de humanidad? A continuación presento algunas frases comunes que nos pueden ayudar para al menos sospechar de que nos están “cuenteando.” No todas son del mismo nivel: hay unas descaradas. Lo que sí es seguro es que nuestro amigo charlatán las utiliza, casi todas, en algún momento. Nota: algunas frases se contradicen, sin embargo no es problema para ellos, lo que importa es convencer, faltaba más:

“Hay un complot de un grupo muy poderoso que no quiere que sepamos la verdad.” “Lo que te ofrezco es una solución “natural,” sin efectos secundarios.” “Los científicos no están de acuerdo (luego siguen hablando para, cuando estés cansado de oír, finalizar con) y está probado científicamente;” “Einstein decía que (puedes poner lo que quieras para completar el enunciado).” “Los científicos o agrupaciones de científicos no quieren que lo sepas, no quieren que participes; no lo he publicado porque la comunidad científica no acepta alternativas, se creen dueños de la verdad.” “Es que este descubrimiento cambiaría la economía del mundo y los grandes poderes no quieren, por eso no me hacen caso.”

Ante la solicitud de evidencia o fundamento de alguna de sus aseveraciones pueden decir “lo que pasa es que hay varios tipos de verdades y todas son válidas, no importa que no pueda dar evidencia de lo que digo.” “Si la ciencia se equivoca y ha tenido que cambiar, ¿cómo puedes saber que mi idea no será verdadera en algún momento?”

bs1Algunos de los charlatanes que se encuentran dentro de las universidades (también los hay) se les escucha a veces decir cosas como “no he avanzado en mi carrera científica porque la comunidad y los sistemas de evaluación son muy rígidos y solo premian a algunas maneras de hacer ciencia.” “No, de verdad que si es bueno, hasta estuvo nominado para el premio Nobel.” “Lo que pasa es que a él no le interesan problemas abstractos, solo se dedica a problemas reales y que de verdad sirvan a la sociedad. Por eso lo castigan.”

Otra muy buena y común es la de casi cualquier frase que utilice la palabra “NASA” (estudió ahí, trabajó ahí, estudios realizados ahí, etc. Si utilizan esa palabra, tienen una probabilidad muy grande de que es puro cuento).

Otras típicas son “ya lo sabían los chinos desde hace 5000 años.” “Antes la gente vivía en armonía con la naturaleza.” “Todo es energía.”

Cuando describen sus productos utilizarán mucha frases “sonadoras” y seguro incluirán algunas de las siguientes palabras (para dar fuerza o como ejemplo negativos): cuántico, estadístico, holístico, sanación, espiritual, alternativo, natural, orgánico, Hitler, Einstein, transgénico, cura (curación), energía, químico, vibraciones, cósmico, magnético, cristal, sensorial, relatividad especial, entropía, consciencia, genético, taquiónico, sabiduría ancestral, pirámides, etc.

Una precisión antes de que reclamen: existen personas que utilizan frases y palabras como esas y que no necesariamente son charlatanes. Existen personas que creen muchas cosas sin saber que son equivocadas y eso no las hace charlatanes. Por supuesto que no. La diferencia, y es una diferencia muy grande, consiste en que el charlatán trata de obtener algún beneficio engañando. El charlatán sabe que miente.

De todos el que más daño hace, a mi ver, es el académico. Ese charlatán que aprovecha el escaso nivel cultural científico de nuestro país y nuestras instituciones para fincarse como el gran científico, el gran investigador. ¿Cuánto daño hace al engañar estudiantes que pudieron haberlo superado (lo deseable para cualquier mentor) y por su actitud más bien logró que lo adulen y teman? ¿Cuánto daño no ha hecho al obtener y utilizar recursos económicos en tonterías y por ende generar una impresión de inutilidad de la ciencia tanto en los tomadores de decisiones como en la sociedad?

Afortunadamente, creo, cada vez le es más difícil sobrevivir en ese ambiente. Poco a poco el número de científicos mexicanos (y extranjeros) trabajando en instituciones mexicanas ha ido creciendo. Somos muy pocos aún, pero vamos avanzando. La esperanza es que la sociedad pueda llegar a confiar en sus científicos y que éstos logren retribuir esa confianza y apoyo. Que los científicos de México logren contribuir al conocimiento universal, que logren contribuir a problemas locales y aplicados, que logren participar en la educación general de la población. Que logremos apropiarnos de la ciencia como algo de nuestra cultura.


¿Para qué sirven sus publicaciones? ¿Por qué mejor no se ponen a hacer algo que “de verdad” sirva?

enero 1, 2014

En el intento por describir  la importancia de la ciencia básica y su indispensable necesidad de ser financiada, la mayoría hemos escuchado y mencionado varios argumentos. Es típico decir que la investigación básica (teórica) ha generado una cantidad inmensa de conocimiento, que ha permitido inventar y generar tecnologías que utilizamos diariamente casi sin darnos cuenta. Esto no representa de ninguna manera la única aportación de la ciencia básica, pero siempre se menciona – y con razón: sin ciencia básica, no habría nada.

frase-el-cientifico-no-estudia-la-naturaleza-por-la-utilidad-que-le-pueda-reportar-la-estudia-por-el-henri-poincare-126291Algo que se nos olvida mencionar (a muchos), es que todos esos avances y repercusiones en el mundo tecnológico, han sucedido gracias a una sólida y organizada estructura de ciencia experimental básica y aplicada. Estructura que vive a la par de la ciencia básica teórica y que goza de la misma dignidad (si no es que más) y consideración. La ciencia de primer nivel se ha hecho en lugares donde existen las dos estructuras, ciencia teórica y ciencia experimental (por teóricca no me refiero a cuestiones de opinión ni de discurso, en la ciencia la palabra “teoría” significa el entendimiento comprobado y sustentado por medio de evidencias, que permite explicar y predecir).

Es fácil decirle a las autoridades que el sistema de posicionamiento global (GPS) no funcionaría sin la Relatividad General. Esto es una verdad absoluta, no se miente. Sin embargo dicho así no tiene ningún sentido. Para poder generarlo fueron necesarias tanto la Relatividad General como una enorme cantidad de desarrollo tecnológico, que va desde poder poner satélites en órbita, generar la electrónica adecuada, desarrollar materiales para los dispositivos, entro otros. Es fácil también decir que una gran cantidad de aparatitos electrónicos funcionan gracias a que se desarrolló la mecánica cuántica. Por supuesto que es verdad, y al igual que el GPS, para que vieran la luz, se requirió de investigación experimental – básica y aplicada – de primer orden y con muchas vertientes.

Creo que debemos de ser más honestos y cuidadosos cuando tratemos de explicar y justificar (porque además es nuestra obligación) la necesidad de que un país como el nuestro apoye la ciencia básica, teórica y experimental, lo cual estoy completamente convencido de que es imperante y urgente (bueno, si queremos mejorar, si no, no es necesario). Tenemos que tener cuidado cuando ponemos esos ejemplos simplones, ya que alguien mínimamente interesado podría preguntarnos qué contribuciones de ciencia básica hecha en México en los últimos 50 años, por ejemplo en física, han repercutido en algún aparatito.

Me parece conveniente que pensáramos cuidadosamente en emitir una explicación más fiel a nuestra realidad y que a la vez, pusiéramos un empeño decidido en impulsar, a través de todos los medios a nuestro alcance, el desarrollo de una ciencia más completa. Una ciencia que incluya todos los aspectos y que apoye todas las vertientes, de manera organizada y evaluando su relevancia de manera cuidadosa y honesta.

pasteurEn nuestro país existe un poco de ciencia básica teórica (poca y mal financiada, pero existe), muuuy poco de ciencia aplicada experimental (sin apoyo real ni decidido, casi siempre a medias y con exigencias de “impacto” inmediato y “visible”), pero casi nada de ciencia básica experimental. Para darnos una idea de lo que nos perdemos: es ahí, en la ciencia básica experimental, donde “se inventan” los nuevos aparatos y tecnologías que posteriormente permitirán a las demás disciplinas construir sus laboratorios. Antes de tener microscopios electrónicos, computadoras, equipos de resonancia magnética, etc.  (es decir, todo lo que se puede comprar ya construido), alguien tuvo que inventarlos. Alguien tuvo que necesitarlos. ¿Para qué? Seguramente para tratar de entender las propiedades más basicas de la materia, para investigar qué tipo de cosas nos llegan desde el Sol, para intentar “ver” y “explorar” la naturaleza donde nunca nadie lo haya hecho. Para ese tipo de cosas se ha tenido que inventar una gran cantidad de tecnología. Con lo que se descubre se entiende mejor a la naturaleza y eso nos permite a la vez seguir mejorando los inventos. Luego nos damos cuenta de que algunas de esas tecnologías pueden usarse con otros fines (estudiar la sangre, mejorar el concreto, los alimentos, etc.). Es un proceso rico y complejo en el que participan muchos actores. Mientras no contemos con una infraestructura robusta, que incorpore todos esos actores, será difícil contribuir de manera significativa como país.

También por eso es necesario pensar un poquito (ya con esta información) antes de decirle a los pocos investigadores de nuestro país: “Deberían ponerse a trabajar en proyectos que “de verdad” sirvan. Proyectos que “resuelvan” los problemas actuales, y no anden con sus abstracciones raras.” Como hemos visto, no se trata de que un científico decida o no dedicarse a tal o cual problema. Para tener un impacto “visible” se requiere de una infraestructura con todos los elementos, desde el más básico hasta el más aplicado. La razón por la cual en este momento tenemos un poco más desarrollada la ciencia básica teórica tiene una explicación muy sencilla: es la más barata. Es la que sí puede sobrevivir a pesar de politicas cambiantes y burocracias empedernidas. Es la que podemos hacer a pesar de la situación en la que nos encontramos. Necesitamos cambiar esa situación ya.


Sin memoria

diciembre 19, 2013

Hagamos un experimento “pensado” o “mental”: diluyamos en agua una substancia tóxica para el ser humano, o incluso letal, no importa. La diluimos por un factor de 100, es decir, ponemos 99 partes de agua por cada parte de nuestra substancia. Agitamos vigorosamente nuestro recipiente y separamos una muestra. Repetimos el proceso: agregamos 99 veces más agua, mezclamos, separamos una muestra y volvemos a repetir. Podemos repetir las veces que queramos (dependiendo del tiempo libre que tengamos para hacer esto antes de que comience la telenovela), digamos unas 20. Una vez finalizado el proceso nos tomamos el agua. ¿Qué pasa? Aparte de quitarnos la sed, no pasa nada. Simplemente tomamos agua. ¿Por qué? Pues porque prácticamente no quedó ninguna molécula de la substancia peligrosa. En cada paso del proceso que acabamos de describir hemos reducido el número de moléculas de la substancia peligrosa en factores de 100, terminando con un número de moléculas determinado multiplicando la cantidad inicial por 0.0000000000000000000000000000000000000001 (39 ceros y un 1 después del punto), es decir, ninguna.

srHay quienes afirman que de esa manera se pueden crear medicamentos que pueden curar prácticamente cualquier malestar y/o enfermedad. Confrontados con lo ridículo del procedimiento, casi siempre recurren a una hipótesis aún más ridícula: lo que pasa es que el agua “tiene memoria”.

Hay dos cosas sumamente interesantes con ese enunciado. La primera es que sí es verdad que el agua tiene memoria, solo que a diferencia de lo que estos timadores acostumbran hacer, que es hablar por hablar, los científicos han verificado esa memoria y han descubierto que en el agua líquida dura alrededor de 50 millonésimas de nanosegundo, es decir, 0.00000000000005 segundos. Si alguien cree que el proceso de preparación y aplicación del milagroso medicamento puede llevarse a cabo en ese tiempo, creo que entonces sí necesita una dosis de esa substancia (sin diluir). La segunda cosa interesante del argumento es que si fuera cierto, es decir, si el agua fuera capaz de retener memoria de las substancias con las que ha interaccionado, la verdad no creo que me atrevería a volver a dar un trago de agua. Imagínense, queridos lectores y lectoras, dónde ha andado el agua obteniendo “memoria” antes de llegar a nuestra boca, ¡huácala!

¿Y entonces? ¿Acaso no escuchamos por todos lados que estas medicinas funcionan? ¿Cuántas anécdotas no hemos escuchado de su eficacia y suma benevolencia? ¿No será que en realidad queremos esconder la verdad detrás de un complot científico para que nadie se cure y así las grandes y nefastas compañías farmacéuticas (las que venden medicinas, no las que venden agua milagrosa, desde luego) se vean beneficiadas? ¿No? ¿Entonces?

agradezcamosExisten varios factores que nos permiten entenderlo. Primero, y en mi opinión el más importante, el cuerpo humano es capaz de repararse por sí mismo de manera impresionante. Ante los malestares más comunes, el reposo y una buena alimentación, junto con paciencia, son infalibles. Por otro lado, cuando adquirimos una enfermedad más seria, que requiere de ayuda externa, los medicamentos y tratamientos toman tiempo en surtir efecto (y también surten efectos secundarios, de ello nada ni nadie se salva). Muchas veces esos tratamientos nos cansan, en ocasiones los interrumpimos, sentimos que no funcionan, al menos no tan pronto como quisiéramos. Y luego, después de dejarlos o terminarlos y no sentir una mejora, recurrimos a las gotitas de agua con memoria y adivinen: ¡nos sentimos mejor! A nosotros también se nos borra la memoria de que justo antes (a veces al mismo tiempo) estuvimos medicándonos.

Otra situación común: me dice el médico que no puede darme nada más. Me dio todo lo posible, no me he curado y dice que es todo lo que puede hacer. Solo hay que esperar. Pero no me siento bien, es más, como me dice que ya no puede hacer nada, me deprimo. Me desespero. Me tomo las gotitas milagrosas y me ayudan. Me dan esperanza. ¿Me curan? Ni de chiste, pero me hacen sentir mejor y eso es lo que me importa en este momento. Me calman. Me engaño y eso es bueno.

¿Bueno? En realidad depende. Si soy lo suficientemente ingenuo como para que, dada mi grata experiencia con las gotitas milagrosas, ya no acuda a la medicina científica cuando me vuelva a enfermar, y sobre todo si es algo de verdad serio, pues entonces no es bueno, sino muy peligroso.

cancercureCuando vemos a alguien enfermo y sufriendo es natural querer ayudar. A veces sabemos cómo, pero la mayoría de las veces no. Damos consejos de buena voluntad y eso es muy válido, aunque sería mejor, sobre todo en casos de salud, aconsejar solo cuando de verdad tengamos un conocimiento sobre ello. Si alguien ofrece soluciones demasiado buenas como para ser verdad, dude. Si quiere creer para sentirse mejor, hágalo, pero no sustituya la medicina por soluciones milagrosas. Por otra parte, cuidemos de no caer en manos de individuos sin escrúpulos. El timo a personas enfermas y desesperadas es una actividad vil y reprochable. Desafortunadamente es fácil de hacer. Ante el dolor y el sufrimiento, propio y de seres queridos, nos volvemos vulnerables y susceptibles a todo tipo de engaños y estafas. Un primer paso que puede ayudar a determinar la veracidad de un posible remedio: si se nos asegura que “el tratamiento” no tiene efecto secundario alguno y/o cura una gran variedad de enfermedades, tenga la certeza de que es fraudulento.