Colaboraciones experimentales

septiembre 13, 2018

Existen áreas de investigación científica que requieren de una infraestructura física y tecnológica tan grande que es imposible tenerla en una universidad o incluso difícilmente en un solo país. Los países que sí la tienen, por lo general, lo logran en colaboración con otros: los laboratorios se construyen en un cierto lugar, pero son varios los países que aportan recursos para la construcción y/o el equipamiento.

Comúnmente esos centros de investigación requieren de múltiples equipos con muchas componentes diferentes, la mayoría de las cuales tienen que ser creadas por los mismos grupos de investigación que participan (no se pueden comprar, no existen). Un grupo en alguna universidad de algún país puede desarrollar un proyecto, financiado por su propio país, para crear uno de los componentes necesario, llevarlo al laboratorio e instalarlo. Otros harán lo propio con otros dispositivos y así, una vez que todo el equipamiento esté completo y funcionando, llega la época de experimentación. Personas de diferentes lugares del mundo utilizarán el laboratorio para obtener información sobre sus preguntas y proyectos específicos. Participarán compartiendo y discutiendo los resultados y hallazgos.

La vida promedio de dicho tipo de “colaboraciones experimentales” va de las dos a las tres décadas, comenzando desde el diseño y construcción de los equipos hasta la obtención de datos y su posterior análisis. Se trata de proyectos de ciencia básica fundamental que sirven de base para todo lo demás.

Como podremos imaginar, la organización y funcionamiento de dichas empresas requiere no solo de la infraestructura física (laboratorios y dinero), sino también de una infraestructura administrativa sofisticada y robusta. Investigadoras, investigadores y estudiantes deben tener la posibilidad de trasladarse y pasar temporadas largas en instituciones distintas a las suyas, el equipo generado y/o adquirido en un país terminará funcionando en otro, la planificación de los proyectos debe contemplar fases de avance intermedias, pero debe ser pensado y organizado a muy largo plazo, etc. Como también creo podremos imaginar, nada de ello es común en nuestro sistema.

En nuestro país no existe un laboratorio o centro de esas características. Para aquellas personas que hayan seguido esta columna no les resultará sorprendente esta situación: simplemente no existen condiciones que permitan si quiera imaginar la posibilidad de crear una empresa de esa magnitud en este momento. Lo que sí hay, aunque en una escala muy pequeña y marginal, es la participación de algunos grupos en proyectos grandes realizados en otros países, pero aún en esos casos, la participación ha sido muy modesta y restringida a pocos aspectos del proceso general de experimentación. Hace falta más (tenemos ejemplos pequeños muy exitosos y esperanzadores, sobre todo en el área de astronomía/astrofísica, pero necesitamos ir más allá).

En la Universidad de Colima estamos intentando participar con la creación de un grupo de investigación que se involucre directamente en una colaboración internacional en uno de esos laboratorios, en concreto con la colaboración “DUNE” (Deep Underground Neutrino Experiment) del laboratorio nacional norteamericano “Fermilab”. La idea es que sea un grupo formado por personas que puedan incorporarse a alguno de los proyectos en fase de desarrollo de un laboratorio internacional y pueda mantener una relación de largo plazo. Pronto escribiré algo sobre qué es DUNE y qué se pretende lograr ahí.

Se requerirán muchas cosas para que el proyecto se concrete. Representa una forma muy diferente de hacer las cosas que seguramente requerirá de cambios e ideas distintas para resolver los retos que surjan. Se requerirá conseguir recursos por parte de agencias financiadoras de la actividad científica en el país, se requerirá conseguir recursos humanos del mejor nivel posible, se requerirá brindar condiciones óptimas para el trabajo de investigación y docencia, se requerirá planear proyectos en equipo con otras instituciones a mediano y largo plazo, se requerirá continuidad y mucha calidad. Lo importante es que todo lo que se requiere es posible. No será fácil, pero estoy seguro de que todo el esfuerzo que tengamos que hacer valdrá la pena al final.

 


Exabrupto

septiembre 11, 2018

Varias veces he comentado en esta columna que la ciencia es endeble en nuestro país, que prácticamente no se le ha apoyado y que nunca se le ha tomado en cuenta seriamente dentro de los proyectos de nación. Otro tema recurrente y relacionado ha sido el de la exigencia de impacto social y económico que se le pide a la comunidad científica por “todo” el apoyo que (no) ha recibido, ya que como que no se nota que haya ningún impacto. Según se dice, se nos ha apoyado de manera importante y no hemos hecho nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Tal pareciera que la comunidad científica mexicana es percibida como un grupo de personas que se gastan cantidades importantes de dinero en hacer nada, solo locuras u ocurrencias intrascendentes que no aportan a nada, mientras el país sufre con problemas importantes que por alguna curiosa razón no quieren atacar. La comunidad científica es insensible, despreocupada. Es más, no le importa la sociedad. No le interesa nada mas que estar cómoda. He plasmado aquí varias ideas que tratan de desmontar esas percepciones, pero el problema es serio. Además, por si esto no fuera poco, se empieza a manifestar de manera cada vez más directa la idea de que en el mundo académico nacional, concretamente el científico, hay mucha simulación, comodidad y fraude. En otras palabras, la comunidad científica mexicana no está interesada en aportar a su país, es corrupta y necesita una lección.

Yo sí conozco personas que simulan. Conozco colegas que navegan en la comodidad que permite el sistema. He visto actitudes poco éticas entre personas de la academia. Sí, eso existe y más de lo que me gustaría. Lo he descrito también en este espacio. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi profunda inconformidad con las ideas expuestas arriba, sobre todo cuando son emitidas por personas que deberían saber un poco más de cómo funciona la ciencia y por qué la educación es el pilar más importante de una sociedad saludable. Como ya he expresado antes, no es verdad que en México se ha apoyado a la ciencia. ¿Qué es lo que quiero decir? Trataré de explicar mi exabrupto de la siguiente manera. Para contextualizar, si el día de mañana a cualquier universidad del país se le aprobara un proyecto en el área de química por diez millones de pesos, sería una noticia importante, habría alegría y ayudaría mucho a quienes participaran en ese proyecto. Sería sin duda la noticia del año para ese grupo. Sin embargo, esa misma cantidad es irrisoria para el tipo de gasto corriente que utilizan laboratorios de mediana calidad en la misma área pero en países con ciencia saludable, robusta. Laboratorios y equipos de trabajo con los que además nuestro grupo tiene que competir. Es más, nos gustaría, casi esperamos, que si les dieron los diez millones po’s que compitan con los mejores, ¿no? Lo que quizá no es obvio para muchas personas es que no funciona así. Lograrán algo, pequeño, interesante, importante, pero difícilmente podrán competir. Y digo difícilmente porque hay quienes a pesar de todo lo logran.

Conozco personas que en mi país logran hacer cosas maravillosas, impresionantes. Personas y grupos que con prácticamente nada, verdaderamente nada como ya vimos, son capaces de sobresalir en el contexto internacional. Tengo colegas que se esfuerzan de manera impresionante por contribuir al conocimiento y la sociedad a través de investigaciones que requieren, además de un gran talento, una dedicación profunda, compitiendo al tú por tú con los mejores grupos del mundo y haciéndolo en medio de ambientes académico-burocráticos hostiles y sin el financiamiento requerido. ¡Imaginen qué podrían lograr en condiciones mínimamente adecuadas!

Desafortunadamente también conozco muchos casos de jóvenes, que justo al empezar a desarrollar sus carreras científicas dentro de nuestras universidades, se encuentran en un pantano de sub-desarrollo académico que fácilmente termina con sus posibilidades de construir una verdadera trayectoria científica. Por no existir apoyo decidido y firme a la educación y ciencia, nuestras universidades viven realidades complicadas que hacen difícil la vida académico-científica y se ven envueltas en dinámicas y programas que impiden el desarrollo profesional. Al no tener lo mínimo necesario, se prioriza lo elemental, más no necesariamente lo básico, para “sacar el día” y en el camino se sacrifica mucho. En fin, la cosa no es trivial.

Este exabrupto va por todas esas personas que a pesar de todas las dificultades logran hacer ciencia y una vida universitaria digna. Ustedes saben quiénes son, y también quienes no.