Decadencia

mayo 25, 2015

¿Generaciones educadas?

#HablemosDeCiencia

Terminando la gira de trabajo que me ha ocupado estas últimas semanas, buscando algunas posibilidades de colaboración científica para la Universidad de Colima, me da la oportunidad de compartir algo que tenía tiempo queriendo hacer y no me decidía. Curiosamente esta gira me ha ayudado a convencerme.

Desde hace algunos años hemos estado invadidos – comercialmente – por una serie de charlatanerías y estafas relacionadas con la salud. Las ideas en sí no son recientes, al menos no la mayoría, pero sí el ímpetu y aceptación que han tenido en la población, los gobiernos e incluso algunos médicos. Que haya personas que caigan en la estafa no es para nada sorprendente, pero que gobiernos y médicos lo hagan no es aceptable, sobre todo cuando hablamos de gobiernos que incluyen países de primer mundo.

bs1Para mí esto representa otro indicador contundente del gran fracaso reciente de la educación básica y superior…

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Las grandes ausentes

mayo 19, 2015

Si hay algo que podemos considerar estrictamente humano tienen que ser el arte y la ciencia. Es más, yo añadiría que son lo único verdaderamente valioso que hemos creado los seres humanos. Es triste que a pesar de contar con excelentes representantes y enamorados, ambas han estado relegadas por muchos años en nuestro país.

No es sorpresa, por tanto, que ambas han estado prácticamente ausentes también en los discursos y propuestas que nos inundan estos días. Quizá solamente han sido mencionadas en el contexto general de lo que llaman, a veces superficialmente, educación. Las actividades más hermosas, trascendentes y útiles que tiene la humanidad han sido, hasta el momento, las grandes ausentes.

Se lanzan palabras y conceptos maravillosos como innovación, desarrollo, crecimiento, transferencia, tecnología, y muchas más. Todas ellas importantes y necesarias dentro de un esquema general bien organizado y sustentado. El problema que a veces me parece percibir es la aparente negación o desconocimiento de la mala situación que guardan las bases donde se tendrían que soportar todos esos planes y esquemas.

Muy concretamente en el caso de la ciencia, que es lo que nos ocupa en este espacio, me salta inmediatamente la inquietud de lo inoperante que pudieran resultar los planes y proyectos que a veces se mencionan en el sector industrial y tecnológico, si no se tuviese considerada la base sobre la cual se piensa sustentar. México no se encuentra ni de lejos en una situación que permitiera proyectar, en el corto plazo, un despegue tecnológico-industrial basado en innovación. No existen las estructuras científicas básicas (empezando por el ínfimo número de científicos por habitante y terminando por las existentes estructuras administrativas torpes y de vistas cortas) que puedan dar un sustento. En pocas palabras, pensar que se puede detonar la actividad científico-tecnológica por mandato, exigiendo proyectos que deriven en patentes y aplicaciones generadoras de recursos, como por arte de magia y en el corto plazo, es, en el mejor de los casos, un sueño guajiro.

Es necesario invertir en la creación de una verdadera base científica que pueda sostener y dar un origen natural a esas fases posteriores de desarrollo. Se puede empezar poco a poco, desde luego, pero sin descuidar, o más bien, con el énfasis en primero formar las bases. Se requiere un programa agresivo de formación de recursos humanos a nivel nacional; un ejército de personas formadas en áreas científicas (básicas, que son las que luego forman todo lo demás) que puedan preparase en los mejores lugares del mundo haciendo doctorados y/o estancias postdoctorales. Algunas de esas personas regresarán al país, sobre todo si en el inter nos preocupamos por ir creando los espacios y las condiciones para que encuentren un lugar dónde desarrollarse y contribuir. Se requiere un cambio de paradigma que nos permita generar un cambio sustancial. Gradual, pero significativo, a largo plazo. No podemos seguir con los mismos esquemas (bueno, sí podemos, pero no nos llevará a nada interesante).

¿Quieren patentes útiles? ¿Quieren que los efectos de la investigación científica se palpen fácilmente? ¿Quieren que el conocimiento generado sea “útil” a la sociedad (como si hubiera conocimiento inútil)? Muy bien, eso cuesta y cuesta mucho. Podemos hacerlo como sociedad pero será necesario invertir tiempo, dinero y mucho esfuerzo para lograrlo de manera sostenida. Si no, podemos simular y hacerlo  a medias con algún logro por aquí y otro por allá. Podemos presumir que estudiantes mexicanos ganan alguna competencia en el extranjero, que un inventor mexicano logró hacer un prototipo muy interesante para apoyar la agricultura, etcétera. Y estaremos muy contentos y orgullosos de nuestros talentos. Llenaremos páginas en periódicos y haremos entrevistas en la radio describiendo todos los detalles de esos genios y talentos mexicanos, que a pesar de las carencias y falta de oportunidades, supieron vencer el destino y lograron sacar adelante la casta mexicana (y más si alguno de ellos salió de un pueblo marginado, será un “hitazo” publicitario). ¡Casi un milagro! Nos sentiremos victoriosos, durante tres minutos.

Pero para que esas cosas dejen de ser noticia y se conviertan en algo común y corriente, que es exactamente lo que necesitamos, debemos de pensar a mediano y largo plazo. La ciencia no es barata, requiere no solo de recursos económicos (muchos) sino también de tiempo. Y luego, pa’ acabarla, la ciencia no siempre nos da la razón y a veces tumba nuestros planes y conjeturas (más bien casi siempre). Es contundente y no atiende necesidades políticas; a veces la ciencia pareciera no ser nuestra aliada. No puede “ponerse la camiseta.” Pos así ¿cómo? Con razón está ausente.

Y sin embargo nada podremos hacer para lograr un avance sostenido, integral y significativo sin su desarrollo saludable. Me atrevo a decir que algo similar ocurre con el arte. Ciencia y arte, que forman la cultura, requieren de apoyo y confianza absolutos. No es capricho, han ya demostrado en incontables ocasiones lo redituables que son. Ojalá pronto escuchemos con firmeza: “ya llegaron las que andaban ausentes.”

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Volubles

mayo 7, 2015

Imaginemos un lugar en el que solo existen “gorras” (tipo béisbol) de tres colores: rojas, blancas y negras. Existe también la regla inviolable de que para poder entrar a una cantina, las personas tienen que utilizar una gorra roja y para poder entrar a un templo tienen que utilizar una negra. Así, en la calle y en cualquier lugar – que no sea cantina ni templo – la gente puede ponerse la gorra del color que quiera. Suponemos que una vez puesta una gorra, la persona la utiliza todo el día – no es una regla ni ley, pero lo suponemos. Adicionalmente, la gente de ese mundo que estamos creando no tiene sentimientos (según nosotros).

Para llevar un control de los impuestos y de los pecados, le pedimos a los encargados de la cantina y del templo que nos digan cuántas personas visitan sus establecimientos cada día. Sin embargo, nosotros, que sí tenemos sentimientos, somos desconfiados y decidimos verificar esa información con unos “detectores” de color. Colocamos un detector de color rojo a unas cuantas cuadras (para no ser obvios) de la cantina y uno de color negro cerca de la iglesia. Los detectores se ubican de tal manera que todas las personas que salgan de los establecimientos tienen que pasar por enfrente de ellos.

Resultado: El cantinero nos dice que el día de ayer visitaron su establecimiento 1000 personas (sí, era un lugar popular). Sin embargo nuestro detector de color rojo solo contó 350. Obviamente nos sorprende ya que si el cantinero tuviera la capacidad de mentir, seguramente nos diría un número menor al que nuestros detectores encontrara, ya saben, para evadir impuestos (cosa rara pero que a veces sucede). Esto nos preocupa. En el templo sucede lo mismo, el encargado dice que recibió a 20 personas y nosotros solo detectamos 10. Este caso sin embargo no nos sorprende tanto, ya que el templo no paga impuestos y “le conviene” decir que tuvo mucho quórum. En fin, que nos inquietan los resultados.

¿Qué puede estar pasando? Existen al menos dos posibilidades lógicas que saltan inmediatamente: los encargados mienten o nuestros detectores no funcionan adecuadamente. ¿Existen otras posibles explicaciones? Quizá, pero es fácil verificar las dos posibilidades anteriores: clandestinamente metemos nuestro detector a la cantina y contamos nosotros mismos las personas que ingresan (y lo mismo en el templo). ¿Qué encontramos? Pues resulta que ahora los números sí coinciden, es decir, nuestros detectores funcionan y tanto el cantinero como el templero (cura, ministro, rabino, monje, gurú, brujo, etc…) no mintieron.

¿Qué sigue? Ahora sí tenemos que analizar otras posibles soluciones. Para empezar podemos revisar nuestras suposiciones: que solo usan una gorra durante el día (que no se la cambian) y que no tienen sentimientos.

Durante el tiempo que hemos estado haciendo nuestros experimentos alguien se puso a pensar en qué sucedería si en efecto las personas de ese mundo tuvieran sentimientos. La idea básica fue esta: imaginemos que las personas de ese mundo pueden estar en uno de tres posibles estados: triste, contenta o indiferente. Otro ingrediente adicional, que puede parecer irrelevante pero que resultará muy interesante, es que cuando una persona está triste “prefiere” ponerse una gorra negra. Cuando está contenta prefiere una roja y cuando es indiferente prefiere una blanca.

Los borrachos son fantásticos. Al salir de la cantina, me han contado, las personas puedes salir extremadamente felices, deprimidos o, en algunos casos, inconscientes (quise decir indiferentes). Ahora, como salieron de la cantina y era obligatorio llevar gorra roja al entrar, al salir de la puerta salen con su gorra roja. Pero si ahora desechamos nuestra suposición de que utilizan la misma gorra todo el día, es concebible que los borrachos que salen tristes, en cuanto dan unos pasos fuera de la cantina, deciden cambiar su gorra por una negra. Los indiferentes igual, salen con gorra roja y uno poco después cambian a blanco. Los felices no se cambian nada. Si ésto fuera verdad, ¿qué observaría con mi detector de gorras rojas ubicado a unas cuadras de la cantina? Evidentemente vería menos gorras rojas de las que me diría el cantinero. Esto podría ser una explicación. Una persona en la cantina tiene gorro rojo, pero puede tener una combinación de sentimientos. Al salir de la cantina, dependiendo cuál de sus tres sentimiento domine, se pondrá la gorra acorde a ese sentimiento.

Les cuento todo ésto porque más o menos eso es lo que pasa con los neutrinos: hay tres tipos de neutrinos dependiendo de cómo interaccionan nuclearmente – los colores de las gorras – y hay tres tipos de neutrinos dependiendo de sus masas – los sentimientos. Un neutrino producido en el Sol sale con gorra roja (se le conoce como neutrino – electrón), pero puede salir con una combinación de sentimientos tales que, conforme avanza en su camino a la Tierra, se puede cambiar de gorra. Al intentar ser detectado acá, si solo buscamos rojos, no lo veremos y pensaremos que el Sol nos mintió. A menos que nos demos cuenta que en realidad nuestros neutrinos son sentimentales (que tienen masa) y que pueden cambiar (son volubles). En efecto fue así como descubrimos que los neutrinos tienen masa.

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¡Aprovecha esta gran oportunidad!

mayo 6, 2015

Aprovechen…. aun se puede 😉 URGE!

#HablemosDeCiencia

¿Terminaste tus compras navideñas y de año y no sabes qué hacer con todo el dinero que te sobró? ¿Uno de tus nuevos propósitos para el 2015 consiste en apoyar un poco, económicamente, los esfuerzos que se realizan para impulsar la creación de nuevos científicos en México y Colima?

En ese caso: ¡Estás de suerte! Simplemente contáctanos y podrás unirte a los donadores de ConCiencia en Colima, quienes durante los últimos años han ayudado a que algunos estudiantes que pretenden ser físicos y matemáticos obtengan algún apoyo que les permita continuar con sus estudios, conseguir el último empujón que ahora los tiene estudiando doctorados en universidades del extranjero, poder estudiar sin tener que trabajar, etcétera.

En caso que que desees aprovechar esta gran oportunidad toma los dos siguientes pasos:

1.- Manda un mensaje a fefo.aranda@gmail.com o “postea” un comentario en este blog pidiendo más información.

2.- Espera a que…

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Milusos

mayo 5, 2015

Hay actividades que requieren de la perene subordinación de la voluntad y el esfuerzo para poder rendir frutos. Hay otras que no. Hay quienes quizá por talento, circunstancia, necesidad, tradición o alguna combinación complicada de estos (y otros) factores, terminan en una situación que así lo demanda.

No nos resulta extraño, por ejemplo, enterarnos de los arduos entrenamientos y sacrificios personales (y familiares) que tienen que llevar a cabo algunos atletas para poder llegar a (medio) sobresalir. No nos costará demasiado trabajo reconocer – afirmar – que esa persona además de trabajar de manera impresionante cuenta con un “talento especial.”

No será sorpresivo enterarnos que una niña “virtuosa” se dedica seis horas (a veces más) al día a practicar el violín. Su talento y su dedicación se verán luego reflejados, si hay suerte, en grandes conciertos y múltiples reconocimientos.

Es claro que estos ejemplos involucran el talento. Muchas personas en sus actividades y ocupaciones dedican grandes cantidades de tiempo y sacrificio para salir adelante de la mejor manera posible, pero creo que es clara la diferencia: los ejemplos anteriores requieren, además, una habilidad particular. Quizá no para realizarse pero sí para sobresalir, para lograr o estar en posibilidades reales de lograr algo que no sea común.

La gran mayoría de nosotros podemos practicar un deporte y llevar a cabo actividades artísticas, algunos incluso con cierta gracia, sin embargo, para sobresalir, para poder llevar a cabo algo trascendente en esos ámbitos, se requerirá de una habilidad especial y de una dedicación absoluta.

Al talento le llamaré talento. A ese nivel de dedicación y de entrega es a lo que llamaré una actividad de alto rendimiento.

La ciencia es una actividad de alto rendimiento. Para lograr contribuir, para tener un impacto, para construir un legado científico, es necesario e indispensable una dedicación entera y absoluta. Talento también, al igual que en otras áreas de la actividad humana. El talento ayuda y es indispensable, mas no suficiente. Se requiere la capacidad y posibilidad de entregarse, por completo, a la actividad científica.

Al igual que en el deporte, los países y culturas exitosas en el desarrollo científico han diseñado estructuras que permiten a sus talentos científicos desarrollarse plenamente. Conjuntar talento y trabajo es una fórmula adecuada. Si a ello se le añaden las condiciones físicas y de sistema para que las actividades sean llevadas en un ámbito de libertad y despreocupación, los resultados se magnificarán considerablemente.

Cuando nos preguntemos cosas como (algunos lo hacen): ¿Por qué la ciencia en México no tiene impacto? ¿Por qué los científicos mexicanos no producen como en otros países? ¿Dónde están los productos y resultados de todos los investigadores de nuestras universidades? ¿De qué sirve lo que hacen? ¿Por qué no hacen más?, recordemos dos cosas: primero que la ciencia es una actividad de alto rendimiento y que como describí arriba requiere, indispensablemente, de una dedicación absoluta. Segundo, recordemos o investiguemos si no sabemos cuáles son las condiciones en las que la ciencia es creada en nuestro país.

Para no ahondar demasiado en el tema, utilizaré una tonta pero útil comparación. La situación laboral de los científicos mexicanos (en general) puede equipararse a lo siguiente: pensemos en un futbolista de alto rendimiento: un delantero. Durante los últimos 6 años de su vida (desde que tenía 14) se ha dedicado a entrenar y capacitarse específicamente como el mejor delantero que pueda ser. Logra entrar a un equipo profesional y le dicen “muy bien, ya llegaste a este nivel de formación. Ahora necesitamos que hagas lo siguiente: divide tu tiempo de entrenamiento para que puedas ayudar a cortar el césped, coser las camisetas, participar en la venta de los boletos, limpiar el estadio después de cada partido. Será importante también que cuides muy bien las zapatillas para que te duren toda la temporada (si se puede dos, mejor). Recuerda que debes dedicar tiempo para ayudar en el entrenamiento de las fuerzas básicas y ayuda a promover la imagen del equipo en la sociedad. Ah, y más te vale que mantengas un promedio de goles aceptable, que para eso te formaste y contratamos.”

No dudemos que nuestro delantero logre hacer alguna de estas cosas, incluso meter goles. Lo que sí podemos asegurar es que nunca llegará demasiado cerca de dónde pudo haber llegado si le hubieran permitido enfocar sus habilidades y echar mano entera de su preparación y dedicación. Lo irónico del atodologos-620x372sunto es que de haberlo logrado, la contribución a su equipo sería mucho mayor a la que está dando.

No todo es oscuro. La ciencia mexicana existe a pesar de muchos problemas y ha logrado establecerse cada vez más en más lugares. Es verdad que hace falta mucho y que poco se logrará si no hacemos algo por ir organizando mejor la estructura en la que los científicos estamos inmersos. Si lo logramos entonces empezaremos a ver el verdadero impacto de hacer ciencia como país.

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