Exabrupto

septiembre 11, 2018

Varias veces he comentado en esta columna que la ciencia es endeble en nuestro país, que prácticamente no se le ha apoyado y que nunca se le ha tomado en cuenta seriamente dentro de los proyectos de nación. Otro tema recurrente y relacionado ha sido el de la exigencia de impacto social y económico que se le pide a la comunidad científica por “todo” el apoyo que (no) ha recibido, ya que como que no se nota que haya ningún impacto. Según se dice, se nos ha apoyado de manera importante y no hemos hecho nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Tal pareciera que la comunidad científica mexicana es percibida como un grupo de personas que se gastan cantidades importantes de dinero en hacer nada, solo locuras u ocurrencias intrascendentes que no aportan a nada, mientras el país sufre con problemas importantes que por alguna curiosa razón no quieren atacar. La comunidad científica es insensible, despreocupada. Es más, no le importa la sociedad. No le interesa nada mas que estar cómoda. He plasmado aquí varias ideas que tratan de desmontar esas percepciones, pero el problema es serio. Además, por si esto no fuera poco, se empieza a manifestar de manera cada vez más directa la idea de que en el mundo académico nacional, concretamente el científico, hay mucha simulación, comodidad y fraude. En otras palabras, la comunidad científica mexicana no está interesada en aportar a su país, es corrupta y necesita una lección.

Yo sí conozco personas que simulan. Conozco colegas que navegan en la comodidad que permite el sistema. He visto actitudes poco éticas entre personas de la academia. Sí, eso existe y más de lo que me gustaría. Lo he descrito también en este espacio. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi profunda inconformidad con las ideas expuestas arriba, sobre todo cuando son emitidas por personas que deberían saber un poco más de cómo funciona la ciencia y por qué la educación es el pilar más importante de una sociedad saludable. Como ya he expresado antes, no es verdad que en México se ha apoyado a la ciencia. ¿Qué es lo que quiero decir? Trataré de explicar mi exabrupto de la siguiente manera. Para contextualizar, si el día de mañana a cualquier universidad del país se le aprobara un proyecto en el área de química por diez millones de pesos, sería una noticia importante, habría alegría y ayudaría mucho a quienes participaran en ese proyecto. Sería sin duda la noticia del año para ese grupo. Sin embargo, esa misma cantidad es irrisoria para el tipo de gasto corriente que utilizan laboratorios de mediana calidad en la misma área pero en países con ciencia saludable, robusta. Laboratorios y equipos de trabajo con los que además nuestro grupo tiene que competir. Es más, nos gustaría, casi esperamos, que si les dieron los diez millones po’s que compitan con los mejores, ¿no? Lo que quizá no es obvio para muchas personas es que no funciona así. Lograrán algo, pequeño, interesante, importante, pero difícilmente podrán competir. Y digo difícilmente porque hay quienes a pesar de todo lo logran.

Conozco personas que en mi país logran hacer cosas maravillosas, impresionantes. Personas y grupos que con prácticamente nada, verdaderamente nada como ya vimos, son capaces de sobresalir en el contexto internacional. Tengo colegas que se esfuerzan de manera impresionante por contribuir al conocimiento y la sociedad a través de investigaciones que requieren, además de un gran talento, una dedicación profunda, compitiendo al tú por tú con los mejores grupos del mundo y haciéndolo en medio de ambientes académico-burocráticos hostiles y sin el financiamiento requerido. ¡Imaginen qué podrían lograr en condiciones mínimamente adecuadas!

Desafortunadamente también conozco muchos casos de jóvenes, que justo al empezar a desarrollar sus carreras científicas dentro de nuestras universidades, se encuentran en un pantano de sub-desarrollo académico que fácilmente termina con sus posibilidades de construir una verdadera trayectoria científica. Por no existir apoyo decidido y firme a la educación y ciencia, nuestras universidades viven realidades complicadas que hacen difícil la vida académico-científica y se ven envueltas en dinámicas y programas que impiden el desarrollo profesional. Al no tener lo mínimo necesario, se prioriza lo elemental, más no necesariamente lo básico, para “sacar el día” y en el camino se sacrifica mucho. En fin, la cosa no es trivial.

Este exabrupto va por todas esas personas que a pesar de todas las dificultades logran hacer ciencia y una vida universitaria digna. Ustedes saben quiénes son, y también quienes no.