¿Por qué desconfiamos de la ciencia?

Pareciera que la experticia es algo negativo. Al preguntar sobre algo, uno esperaría que lo que se busca es una respuesta. Por alguna razón, si la respuesta viene de una persona experta, como que no nos gusta. “¿Son malos (para la salud) los transgénicos?”, le preguntan a una bióloga. “No, para nada”, responde. “¿Y cómo sabes? Yo leí que hay muchos estudios que dicen que hacen mucho daño. Es más, vi un video donde un científico dice que sí.”

El hecho de que quien contestó haya pasado tiempo preparándose y aprendiendo, especializándose en un área que precisamente tiene que ver con la pregunta, una persona que ha dedicado buena parte de su vida precisamente a tratar de entender e incrementar nuestro conocimiento en esa área, no es suficiente para contrarrestar una idea formada por lecturas poco técnicas y creencias. Ni siquiera cuenta en la discusión que quien pregunta no terminó la prepa (o si la terminó nadie sabe exactamente por qué ni cómo) y que considera que todas las opiniones cuentan. Perdón, no solo cuentan, sino que cuentan lo mismo.

Es bien sabido – y hasta me resulta cansado el repetirlo – que todas las personas deben tener el derecho a pensar y opinar lo que deseen, pero eso no hace que sus ideas y sus expresiones tengan sentido o que no puedan ser criticadas. Las ideas no tienen por qué ser respetadas, sobre todo si sabemos y podemos sustentar con evidencia que están equivocadas. Ninguna persona está – ni debe ser – forzada a aceptar ninguna idea, independientemente de que yo tenga el derecho de expresarla. Las ideas deben ser analizadas, criticadas, contrastadas y matizadas. Cada quien decidirá con qué se queda. Lo interesante es que cuando estudiamos y nos preparamos un poco, se esperaría que aprendiésemos a explotar nuestra capacidad de análisis para que así, poco a poco, lográramos ir aceptando aquellas ideas que tienen sustento y desarrolláramos la habilidad de ir “soltando” aquellas que no. También, ya que no podemos saber todo, ni podemos volvernos expertos en todo, cuando nuestras dudas e inquietudes recaen en áreas que no dominamos, y queremos tener un poco de idea, se esperaría que al preguntar y recibir información, si esta viene de una persona experta, uno le daría un poco más de peso que si no. No se trata de que un experto siempre tenga la razón, se trata, simplemente, de que un experto sabe más que yo.

En realidad el problema no es creerle o no a una persona experta. El problema consiste más bien en recibir una respuesta que vaya en contra o sea diferente a nuestra pre-concepción. Ahí está el asunto. Es difícil ver que nos equivocamos y más si ya hemos manifestado nuestra idea antes. Nos veremos mal y eso no lo podemos permitir (¡faltaba más!)

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