Beatriz

Esta semana ha sido intensa. Hay tantas cosas que me gustaría comentar que no encuentro ni por dónde empezar. Seguramente en las próximas semanas iré descargando algunas ideas y comentarios sobre lo que está sucediendo a nivel nacional en el ámbito de la administración científica. Hoy prefiero platicarles de mi viaje a Lázaro Cárdenas.

El fin de semana pasado me invitaron a dar una charla en Lázaro Cárdenas Michoacán. Como cada sábado, un grupo de estudiantes de secundaria se reúnen para recibir entrenamiento y clases de temas científicos por parte de un puñado de docentes (de secundaria y de preparatoria) que dedican parte de su tiempo a ello. El esfuerzo, dedicación y aporte de estas personas es verdaderamente inspirador. Uno de los profesores de preparatoria fue quien me invitó a participar.

No será muy difícil convencerles de que hablar ante una audiencia de jóvenes con interés en temas de ciencia es una experiencia gratificante. Para empezar no es necesario intentar motivar el tema, ya están esperando hacer preguntas y participar. Además, ver a alrededor de ochenta estudiantes de esa edad con entusiasmo por una charla sobre temas de ciencia, hace que la experiencia sea aun más cálida. Mi charla se enfocó al tema general de por qué alguien puede querer dedicarse a la ciencia. Dentro de ese marco, me fue posible hablar de la ciencia en general, de muchas disciplinas y experiencias. Todo el tiempo con un público atento y participativo.

La experiencia dando este tipo de charlas hace que uno pueda ir viendo cómo reacciona la audiencia. A veces es necesario acelerar, a veces detenerse un poco. Otras veces es prudente hasta cambiar de tema. No es difícil ver cuando se están aburriendo o cuando de plano no se logra captar el interés. Una de las cosas que he aprendido a identificar es la “mirada” o más bien actitud de estudiantes que reaccionan a temas científicos con cierta “chispa”. Hay algo particular en la reacción que tienen cuando estos temas les llegan a sus fibras íntimas. Casi siempre me encuentro un par. En esta ocasión no fue la excepción y de verdad que es muy fácil identificarles. Me llamó la atención en particular una estudiante, a la que llamaré Beatriz. Contestaba todas las preguntas y estaba muy inquieta (su mente).

Al terminar la charla, como siempre, se acercan estudiantes a preguntar y saludar. Beatriz fue de las primeras y me atacó con un montón de preguntas sobre agujeros negros, el tiempo, reacciones químicas, etc. No era la única, pero le veía un interés “desesperado”. Cuando finalmente se despidió, me dio una sensación de que quería preguntar algo más, pero no lo hizo. Le dije que si tenía otra pregunta y me respondió que no, pero no le creí. Pensé que se tenía que retirar o algo así. Seguí hablando con más estudiantes, también con mucho interés y preguntas bonitas. De repente, veo que Beatriz regresa con una compañera y un compañero. El chico toma la palabra y pide permiso para preguntar algo. “Oiga, usted… ustedes en la ciencia ¿creen en algo?… um.. es decir, lo que quiero saber es si los científicos pueden ser religiosos”. Es una pregunta que siempre me hacen después de estar hablando del bigbang y de la historia de la civilización humana, así que no me sorprendió. Lo que se me hizo raro fue que cuando me han preguntado eso antes, invariablemente me lo preguntan dos tipos de personas. Unas las que lo hacen con un tono de molestia y las otras que preguntan con un poco de miedo. En el caso de este chico noté indiferencia. Le empecé a responder con mi rollo de siempre, que prácticamente todas las personas tenemos una religión al nacer, que cuál es depende de dónde hayas nacido, etc. Que cuando nos empezamos a formar en la ciencia, un grupo considerable se aleja de las religiones, pero que hay quienes deciden mantener sus tradiciones y creencias, etc. Estoy en eso cuando me doy cuenta que en realidad la que quería preguntar era Beatriz (le dijo a su amigo que preguntara por ella, ella tenía miedo) ya que me interrumpió diciendo “¡no!, lo que pasa es que a mí en mi casa me regañan cuando quiero hablar de estas cosas. Me dicen que yo no sé nada, que me calle y que para eso no me mandan a la escuela”. Trato de decirle algo y en lo que empiezo a formular la primera frase me vuelve a interrumpir. “No profe, es que usted no sabe. En mi casa son muy católicos y no … pero yo ya sé que cuando les diga que quiero ser científica me van a decir que no, que la ciencia o ellos”.

No es la primera vez que me pasa, pero por alguna razón me impactó más de lo normal. Hablé con ella un poco sobre el tema, le dije que aun faltaba tiempo para que llegara a ese momento y que quizás para entonces su familia podría ir suavizando su postura. Le dije que pensara siempre que su familia la está tratando de proteger, pero que a veces no saben cómo hacerlo. Que si un día llegaba a una situación como la que temía, que seguramente el amor que su familia le ayudaría a que le apoyaran en sus decisiones. Luego me dice “sí, exactamente, ¿Qué no se supone que el amor es lo más importante en la religión? ¡Pero no lo entienden!”

 

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