Decisiones

Es tiempo de llevar a cabo una de las decisiones más importantes de la vida. Cada año, en estas fechas, miles de jóvenes tienen que tomar una decisión, quizá la primera que realmente tomen por sí mismos, que no solo cambiará pero muy probablemente defina también el rumbo que tomarán sus vidas. Me refiero desde luego a la decisión de qué carrera estudiar. Hoy he decidido escribir unas pocas ideas para ellos. Espero que les lleguen y que los haga pensar un poco.

Jóvenes estudiantes de entre 17 y 18 años, en su mayoría, están decidiendo a qué dedicarse. Lo más probable es que ellos tuvieran poca participación en elegir dónde estudiar su primaria. Muchos de ellos no fueron consultados (o si lo fueron, no los tomaron en cuenta) para decidir dónde hacer la secundaria y algunos hasta la preparatoria. Habrá incluso algunos que tampoco decidan por sí mismos qué estudiar en el nivel superior, pero la diferencia es que ahora sí importa demasiado. Si eres una persona en ese rango de edad y no estás decidiendo por ti misma, ya vas mal.

Son muchos los factores que se toman en cuenta y muchas veces complican la decisión. Dinero (costo y la perspectiva de tener mucho cuando se dediquen a alguna profesión), empleo, gusto, moda, familia, disponibilidad en la ciudad donde se vive y un largo etcétera. Uno de los ingredientes más nefastos que indiscutiblemente la mayoría toma en cuenta, es el de si la carrera elegida tiene una perspectiva económica favorable. Hemos estado cometiendo el grave error, durante generaciones, de “educar” con el propósito de salir de amolados. “Estudia para que tengas un buen trabajo (entiéndase bien remunerado),” es un enunciado que sale de casi todas las bocas sin ser analizado y mucho menos fundamentado. Estudiar para prepararse, para saber, para pensar, para generar, para crear, ¡no’mbre, ¿para qué?!

En fin, no me enfrascaré en discutir esos temas tan inútiles. En vez de eso quiero sugerirles a mis amables lectores que puedan encontrarse en esas fases de la vida (es decir, aquellas personas que estén por decidir qué estudiar, a qué dedicarse, en qué profesión meterse) algunas cosas para pensar y masticar mientras no puedan dormir. Si alguien que no esté en esos menesteres me está leyendo, seguro conoce a alguien que sí. No sean malos, muéstrenle el periódico.

Va: Querido lector, querida lectora que te encuentras por decidir, lee con atención. Una frase célebre, bonita, preciosa y completamente inútil es: “dedícate a lo que te gusta.” No hagan caso, es un fraude. Lo importante no es eso, lo verdaderamente fundamental es pensar “¿para qué sirvo?” Si ustedes logran preguntarse y tomar como inicio de análisis para su decisión la siguiente pregunta, ya la armaron: “¿de qué manera puedo contribuir mejor a la sociedad?” Cuando se lo pregunten, si lo hacen honestamente, lo primero que tendrán que determinar es “¿para qué sirvo? ¿Cuáles son mis habilidades más fuertes?” Es ahí donde probablemente puedan llegar a desarrollarse con el mayor nivel y por ende logren contribuir más y mejor.

No siempre, pero sí muy seguido, resulta que lo que “nos gusta” está fuertemente asociado con lo que sabemos y/o podemos hacer muy bien. Hay excepciones, desde luego, como en todo; por eso esta pregunta es solo el inicio del análisis. Es posible que al final yo pudiera decidir que aunque mis habilidades para la comunicación son mayores que para la música, de todas maneras mi mayor contribución a la sociedad pueda estar relacionada a la música. El punto es partir de esa pregunta.

Otro punto esencial es el siguiente: es posible que pienses que no tienes ninguna habilidad. Es también posible que pienses que tienes muchas, todas del mismo nivel. Ambas cosas pueden ser verdad. En ese caso, tendrás que apostar por una decisión y lo más importante de que debes saber en este caso es: ¡te puedes equivocar! No tiene nada de malo cometer errores y de hecho, entre más pronto los cometas, ¡mejor!

Si elegiste mal y después de un año o dos te das cuenta, alégrate. Cámbiate inmediatamente a hacer algo distinto y avanza. No te enredes por pensar que tienes que terminar lo que empezaste, es un error. Busca lo que te conviene y en lo que puedas dar lo máximo de ti productivamente. Si estás trabajando mucho, dando todo y aun así fallas, no es tu culpa, simplemente debes buscar otro camino (claro, si en realidad sales mal porque no le dedicas todo tu esfuerzo, ese es otro rollo, mejor deja de engañar a tu familia y a ti mismo y busca como contribuir de otra manera que no sea estudiando).

Te deseo la mejor de las suertes. No lo hago porque me caigas bien, lo hago porque me conviene. Tu educación y la de todos los que vivimos en sociedad, es indispensable para que podamos crecer y mejorar. Espero que logres decidir libremente y puedas tener la oportunidad de contribuir y crecer. Solo así podrás lograr plenitud en todos los sentidos.

twitter: @alfredoaranda

facebook: Fefo Aranda

 

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