Rudos vs. Técnicos

enero 24, 2019

De repente resulta – nos dicen – que la comunidad científica está dividida en dos grupos muy diferentes. Por un lado – dicen – se encuentran aquellas personas de ciencia que se han corrompido a raíz de los intereses económicos y malvados del mundo, y que han entregado su trabajo, talento y tiempo a enriquecer (y al parecer enriquecerse) a los poderosos. Estos científicos no tienen ningún interés en la sociedad y los problemas que aquejan a la humanidad. Son corruptos y están dispuestos a cualquier cosa por mantener el status quo que les permite vivir cómodamente, sintiéndose superiores a todas las demás personas. En pocas palabras, no tienen ma…
Por otro lado, nos dicen que hay un segundo grupo de personas de ciencia que no solo no se han corrompido por los poderes malvados del mundo, sino que dedican cada segundo de su vida a salvar la humanidad. Se preocupan “de verdad” por las demás personas e intentan resolver los problemas más apremiantes del a civilización. Estas personas entregan su vida a los demás y muchas veces, por ello, sufren – pobrecillas – de marginación y falta de reconocimiento por parte de las manipuladas asociaciones mafiosas de los científicos malvados (los del otro grupo).
Cualquier persona con sentido común, como usted que me lee, sabe que estoy exagerando las posturas descritas arriba (aunque no mucho). Sabe también que como cualquier organización humana, existe en la ciencia una rica diversidad de realidades y por ende comportamientos. Sabe que una simplificación así, burda, solo puede hacerse “seriamente” con un fin cómico o político (que no es lo mismo, pero es igual).
Existen personas corruptas en la ciencia. Existen personas que simulan, que se aprovechan de las deficiencias de los sistemas para salir adelante. Existen timadores profesionales. Hay charlatanes con preparación que buscan la manera de obtener beneficios “jugando” con el sistema. Pero no son mayoría y no representan un grupo significativo de la comunidad científica, ni en el mundo, ni en México.
Lo que sí representa de manera significativa a la comunidad científica mexicana es un esfuerzo permanente por contribuir, en todas las áreas, a pesar de una realidad difícil para dicha tarea. En la comunidad científica mexicana existen varios grupos con características distintas, obviamente y uno de ellos, significativo, está conformado por personas que aportan su trabajo y dedicación para que la ciencia y la educación avancen. Algunas de ellas, pro ejemplo, apoyan económicamente a sus estudiantes. Hay personas que van a lugares del país donde la actividad científica es precaria e intentan por todos los medios de incentivarla, de protegerla. Existen aquellas que, formadas en el extranjero, sin apoyo económico mexicano, buscan regresar a su país para intentar aportar un poco. Existen las que habiendo sido apoyadas por recursos del país, dentro y fuera, regresan para contribuir y retribuir. Existen las que deciden quedarse fuera de las fronteras físicas del país y contribuyen a México desde donde se encuentran. Existen quienes, aunque desearon (desean) regresar al país, no encontraron el lugar y/o situación que les permitiera hacerlo de manera productiva. Existen personas así en todas las áreas del conocimiento.
Como ven, no es verdad que las personas de ciencia se hagan guajes y no quieran trabajar por los demás. En la realidad científica de México lo común es todo lo contrario. Lo común es que esté formada por personas que les mueve la pasión del conocimiento y el desarrollo de la humanidad, lo que incluye su terruño. Recordemos que el aporte de la ciencia a la sociedad ocurre cuando esta se hace con sustento y calidad, independientemente del área. Así entonces, si alguien habla de que hay malos vs buenos, y que los científicos deberían enfocarse en este o aquel tipo de problemas para mostrar que sí tienen interés en la sociedad, tengamos la certeza de que se está hablando desde la ignorancia o desde una plataforma ideológica.


¿En las mismas?

enero 18, 2019

Nuevo año, al parecer misma situación. En las administraciones pasadas, la ciencia nunca fue un eje central de desarrollo. Esto se vio siempre reflejado en los bajos presupuestos y la ausencia de un verdadero plan de desarrollo nacional que incorporara a la ciencia como uno de sus pilares para el progreso social y económico. Hubo algunos momentos en que los presupuestos subieron, pero sin mucha idea ni planeación (en el mejor de los casos) y por ende fueron, con excepciones, desperdiciados o mal aprovechados. Uno de los rubros en donde esto se dio de manera significativa es el que está asociado a la inversión para la supuesta innovación tecnológica, en donde lejos de apoyar a una incipiente comunidad que cuenta con la calidad y el sustento, se desperdiciaron recursos en una cantidad importante de proyectos verdaderamente ridículos y/o de pura “pantalla”. Y claro, parte del problema es que para lograr un esquema de innovación tecnológica sustentada en la ciencia se requiere de mucho más que las ganas y las intenciones.

La ciencia básica, en todas sus vertientes, fue la sacrificada. Encapsulados en su “discurso” de que lo importante es generar investigaciones que “sí sirvan”, la ciencia básica fue encajonada como algo superfluo, algo irrelevante. ¡Cuánta ignorancia mostraron!

Hoy parece que en el fondo seguimos igual. Con la reciente noticia de que la nueva administración no solo no incrementa la prometida partida para ciencia en el país, sino que la reduce, queda de manifiesto que seguiremos estando en una situación de marginación científica a nivel nacional e internacional. Una posible diferencia con respecto a las administraciones anteriores radica en la posibilidad de que se manejen los recursos con mayor transparencia y que, los programas a los que aludí arriba, sean llevados a cabo con más escrutinio o incluso cancelados (¿transformados?). El problema es que no queda claro cuál es el plan de desarrollo y las ideas generales que se mencionan, ya que sin un sustento claro, parecen más discursos de carácter político ideológico que de carácter técnico, en un área donde lo técnico es lo que debería regir.

La verdad puedo concebir (quisiera) que aun sea pronto para que haya claridad en cuanto a las ideas que regirán la administración de la ciencia en México, y que con un poco más de tiempo nos den un plan más elaborado y sustentado, sin embargo, en realidad, no importa mucho. Sin una inversión decidida y sin que el proyecto de nación tenga una gesta que incluya a la ciencia (y el desarrollo científico) como ingrediente básico, de poco servirá el “discursillo” que le podamos poner a las intenciones.

En las últimas décadas, a pesar de la nula importancia que los gobiernos mexicanos dieron a la ciencia, la comunidad científica ha logrado permanecer viva y hacer cosas interesantes. Cada vez hay más ciencia en la universidades estatales, lo que hace apenas treinta años era rarísimo, y lo que ha requerido de esfuerzos muy loables por parte de muchas personas que se han dedicado no solo a sus investigaciones, sino a formar estructuras, grupos e infraestructura, poniendo de sus propios recursos, y en un ambiente a veces hostil. Ambientes en donde pudieron ser percibidas como innecesarias y/o “fuera de lugar”.

Gracias a esas personas, la ciencia en el país (a lo largo y ancho) existe a pesar de todo. Gracias a ellas, la formación de nuevas personas de ciencia junto con una (si se quiere incipiente) presencia en la ciencia internacional (porque no hay de otra) ha venido avanzando poco a poco. Gracias a ellas, independientemente de que al parecer nos estamos perdiendo de una oportunidad histórica para aportar con sustento al bienestar y desarrollo social sistemático, seguiremos avanzando, aunque sea poco a poco. ¡Feliz año!


Antimateria en la cocina

septiembre 21, 2018

A propósito de una pregunta que me hicieron hace poco sobre lo “normal” de la antimateria….

#HablemosDeCiencia

Sabemos que para producir antimateria se requiere de experimentos muy sofisticados y caros ¿verdad?

Hace poco leí algo cotorrón sobre la producción de positrones (anti-electrones) y me puse a verificar a ver si era cierto. El enunciado a verificar es el siguiente: un plátano produce un positrón aproximadamente cada 75 minutos.

Veamos si es cierto:

Todos sabemos (!?!) que los plátanos tienen potasio. El potasio cuenta con una cierta cantidad de isótopos, es decir, potasios a los que se le han agregado o quitado neutrones. El potasio normal tiene en su núcleo $latex 19$ protones y $latex 20$ neutrones y lo llamamos $latex ^{39}K$. Estos átomos son estables, lo que quiere decir que una vez formados son eternos (a menos que algo externo los destruya, por supuesto). Así, si el átomo captura un neutrón obtenemos el isótopo $latex ^{40}K$ y si captura $2$ neutrones obtenemos $latex ^{41}K$, y así hasta…

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Colaboraciones experimentales

septiembre 13, 2018

Existen áreas de investigación científica que requieren de una infraestructura física y tecnológica tan grande que es imposible tenerla en una universidad o incluso difícilmente en un solo país. Los países que sí la tienen, por lo general, lo logran en colaboración con otros: los laboratorios se construyen en un cierto lugar, pero son varios los países que aportan recursos para la construcción y/o el equipamiento.

Comúnmente esos centros de investigación requieren de múltiples equipos con muchas componentes diferentes, la mayoría de las cuales tienen que ser creadas por los mismos grupos de investigación que participan (no se pueden comprar, no existen). Un grupo en alguna universidad de algún país puede desarrollar un proyecto, financiado por su propio país, para crear uno de los componentes necesario, llevarlo al laboratorio e instalarlo. Otros harán lo propio con otros dispositivos y así, una vez que todo el equipamiento esté completo y funcionando, llega la época de experimentación. Personas de diferentes lugares del mundo utilizarán el laboratorio para obtener información sobre sus preguntas y proyectos específicos. Participarán compartiendo y discutiendo los resultados y hallazgos.

La vida promedio de dicho tipo de “colaboraciones experimentales” va de las dos a las tres décadas, comenzando desde el diseño y construcción de los equipos hasta la obtención de datos y su posterior análisis. Se trata de proyectos de ciencia básica fundamental que sirven de base para todo lo demás.

Como podremos imaginar, la organización y funcionamiento de dichas empresas requiere no solo de la infraestructura física (laboratorios y dinero), sino también de una infraestructura administrativa sofisticada y robusta. Investigadoras, investigadores y estudiantes deben tener la posibilidad de trasladarse y pasar temporadas largas en instituciones distintas a las suyas, el equipo generado y/o adquirido en un país terminará funcionando en otro, la planificación de los proyectos debe contemplar fases de avance intermedias, pero debe ser pensado y organizado a muy largo plazo, etc. Como también creo podremos imaginar, nada de ello es común en nuestro sistema.

En nuestro país no existe un laboratorio o centro de esas características. Para aquellas personas que hayan seguido esta columna no les resultará sorprendente esta situación: simplemente no existen condiciones que permitan si quiera imaginar la posibilidad de crear una empresa de esa magnitud en este momento. Lo que sí hay, aunque en una escala muy pequeña y marginal, es la participación de algunos grupos en proyectos grandes realizados en otros países, pero aún en esos casos, la participación ha sido muy modesta y restringida a pocos aspectos del proceso general de experimentación. Hace falta más (tenemos ejemplos pequeños muy exitosos y esperanzadores, sobre todo en el área de astronomía/astrofísica, pero necesitamos ir más allá).

En la Universidad de Colima estamos intentando participar con la creación de un grupo de investigación que se involucre directamente en una colaboración internacional en uno de esos laboratorios, en concreto con la colaboración “DUNE” (Deep Underground Neutrino Experiment) del laboratorio nacional norteamericano “Fermilab”. La idea es que sea un grupo formado por personas que puedan incorporarse a alguno de los proyectos en fase de desarrollo de un laboratorio internacional y pueda mantener una relación de largo plazo. Pronto escribiré algo sobre qué es DUNE y qué se pretende lograr ahí.

Se requerirán muchas cosas para que el proyecto se concrete. Representa una forma muy diferente de hacer las cosas que seguramente requerirá de cambios e ideas distintas para resolver los retos que surjan. Se requerirá conseguir recursos por parte de agencias financiadoras de la actividad científica en el país, se requerirá conseguir recursos humanos del mejor nivel posible, se requerirá brindar condiciones óptimas para el trabajo de investigación y docencia, se requerirá planear proyectos en equipo con otras instituciones a mediano y largo plazo, se requerirá continuidad y mucha calidad. Lo importante es que todo lo que se requiere es posible. No será fácil, pero estoy seguro de que todo el esfuerzo que tengamos que hacer valdrá la pena al final.

 


Exabrupto

septiembre 11, 2018

Varias veces he comentado en esta columna que la ciencia es endeble en nuestro país, que prácticamente no se le ha apoyado y que nunca se le ha tomado en cuenta seriamente dentro de los proyectos de nación. Otro tema recurrente y relacionado ha sido el de la exigencia de impacto social y económico que se le pide a la comunidad científica por “todo” el apoyo que (no) ha recibido, ya que como que no se nota que haya ningún impacto. Según se dice, se nos ha apoyado de manera importante y no hemos hecho nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Tal pareciera que la comunidad científica mexicana es percibida como un grupo de personas que se gastan cantidades importantes de dinero en hacer nada, solo locuras u ocurrencias intrascendentes que no aportan a nada, mientras el país sufre con problemas importantes que por alguna curiosa razón no quieren atacar. La comunidad científica es insensible, despreocupada. Es más, no le importa la sociedad. No le interesa nada mas que estar cómoda. He plasmado aquí varias ideas que tratan de desmontar esas percepciones, pero el problema es serio. Además, por si esto no fuera poco, se empieza a manifestar de manera cada vez más directa la idea de que en el mundo académico nacional, concretamente el científico, hay mucha simulación, comodidad y fraude. En otras palabras, la comunidad científica mexicana no está interesada en aportar a su país, es corrupta y necesita una lección.

Yo sí conozco personas que simulan. Conozco colegas que navegan en la comodidad que permite el sistema. He visto actitudes poco éticas entre personas de la academia. Sí, eso existe y más de lo que me gustaría. Lo he descrito también en este espacio. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi profunda inconformidad con las ideas expuestas arriba, sobre todo cuando son emitidas por personas que deberían saber un poco más de cómo funciona la ciencia y por qué la educación es el pilar más importante de una sociedad saludable. Como ya he expresado antes, no es verdad que en México se ha apoyado a la ciencia. ¿Qué es lo que quiero decir? Trataré de explicar mi exabrupto de la siguiente manera. Para contextualizar, si el día de mañana a cualquier universidad del país se le aprobara un proyecto en el área de química por diez millones de pesos, sería una noticia importante, habría alegría y ayudaría mucho a quienes participaran en ese proyecto. Sería sin duda la noticia del año para ese grupo. Sin embargo, esa misma cantidad es irrisoria para el tipo de gasto corriente que utilizan laboratorios de mediana calidad en la misma área pero en países con ciencia saludable, robusta. Laboratorios y equipos de trabajo con los que además nuestro grupo tiene que competir. Es más, nos gustaría, casi esperamos, que si les dieron los diez millones po’s que compitan con los mejores, ¿no? Lo que quizá no es obvio para muchas personas es que no funciona así. Lograrán algo, pequeño, interesante, importante, pero difícilmente podrán competir. Y digo difícilmente porque hay quienes a pesar de todo lo logran.

Conozco personas que en mi país logran hacer cosas maravillosas, impresionantes. Personas y grupos que con prácticamente nada, verdaderamente nada como ya vimos, son capaces de sobresalir en el contexto internacional. Tengo colegas que se esfuerzan de manera impresionante por contribuir al conocimiento y la sociedad a través de investigaciones que requieren, además de un gran talento, una dedicación profunda, compitiendo al tú por tú con los mejores grupos del mundo y haciéndolo en medio de ambientes académico-burocráticos hostiles y sin el financiamiento requerido. ¡Imaginen qué podrían lograr en condiciones mínimamente adecuadas!

Desafortunadamente también conozco muchos casos de jóvenes, que justo al empezar a desarrollar sus carreras científicas dentro de nuestras universidades, se encuentran en un pantano de sub-desarrollo académico que fácilmente termina con sus posibilidades de construir una verdadera trayectoria científica. Por no existir apoyo decidido y firme a la educación y ciencia, nuestras universidades viven realidades complicadas que hacen difícil la vida académico-científica y se ven envueltas en dinámicas y programas que impiden el desarrollo profesional. Al no tener lo mínimo necesario, se prioriza lo elemental, más no necesariamente lo básico, para “sacar el día” y en el camino se sacrifica mucho. En fin, la cosa no es trivial.

Este exabrupto va por todas esas personas que a pesar de todas las dificultades logran hacer ciencia y una vida universitaria digna. Ustedes saben quiénes son, y también quienes no.


Desconfianza

julio 9, 2018

 

Pareciera que la experticia es algo negativo. Al preguntar sobre algo, uno esperaría que lo que se busca es una respuesta con veracidad. Por alguna razón, a veces, si la respuesta viene de una persona experta, como que no nos gusta. Cuántas veces no se escucha que le pregunten a alguien que se dedica a la biotecnología algo como: “¿Son malos (para la salud) los transgénicos?”. “No, para nada”, responde. “¿Y cómo sabes? Yo leí que hay muchos estudios que dicen que hacen mucho daño; es más, vi un video donde un científico dice que sí.” Otro inicio de conversación muy común que involucra un tema que pudiera ser controversial: “bueno, como andas en eso de la ciencia ya sé que vas a decir que no es posible, pero a mí me consta que sí funciona …”

El hecho de que quien contestó sobre los transgénicos o a quien le están comentando las ideas equivocadas haya pasado tiempo preparándose, aprendiendo, especializándose en un área que precisamente tiene que ver con la pregunta y el tema, que sea una persona que ha dedicado buena parte de su vida precisamente a tratar de entender e incrementar nuestro conocimiento en esas áreas, parece no ser suficiente para contrarrestar una idea formada por lecturas poco técnicas y creencias de quienes preguntaron. Ni siquiera cuenta en la discusión que a veces, en muchas ocasiones, quien pregunta no terminó la prepa (o si la terminó nadie sabe exactamente por qué ni cómo) y que considera que todas las opiniones cuentan. Perdón, no solo cuentan, sino que ¡cuentan lo mismo!

Es bien sabido, y hasta me resulta cansado el repetirlo, pero no olvidemos que todas las personas debemos tener el derecho a pensar y opinar lo que deseemos, pero que eso no implica que nuestras ideas y expresiones tengan sentido ni que no puedan ser criticadas. Las ideas no tienen por qué ser respetadas, sobre todo si sabemos y podemos sustentar con evidencia que están equivocadas. Ninguna persona está – ni debe ser – forzada a aceptar ninguna idea, independientemente de que yo tenga el derecho de expresarla. Las ideas deben ser analizadas, criticadas, contrastadas y matizadas. Cada quien decidirá con qué se queda. Lo interesante es que cuando estudiamos y nos preparamos un poco, se esperaría que aprendiésemos a explotar nuestra capacidad de análisis para que así, poco a poco, lográramos ir aceptando aquellas ideas que tienen sustento y desarrolláramos la habilidad de ir “soltando” aquellas que no. También, ya que no podemos saber todo, ni podemos volvernos expertos en todo, cuando nuestras dudas e inquietudes recaen en áreas que no dominamos, y queremos tener un poco de idea, se esperaría que al preguntar y recibir información, si esta viene de una persona experta, uno le daría un poco más de peso que si no. No se trata de que un experto siempre tenga la razón, se trata, simplemente, de que sabe más que yo.

En realidad el problema no es creerle o no a una persona experta. El problema consiste más bien en recibir una respuesta que vaya en contra o sea diferente a nuestra pre-concepción. Ahí está el asunto. Es difícil ver que nos equivocamos, y más si ya hemos manifestado nuestra idea antes. Como que nos veremos “mal”.

Hay muchas razones por las cuales nuestra sociedad desconfía de la ciencia y de las personas que nos dedicamos a ella. No hay una receta para poder cambiar eso, y se necesitan muchas estrategias diferentes que se adapten a situaciones muy diversas y además cambiantes. Sin embargo uno de los ingredientes presente en cualquier estrategia es la educación formal, la que debemos brindar a todas las personas. Recordemos que una sociedad desinformada, con una paupérrima capacidad de pensamiento crítico y una cultura de rechazo al conocimiento, es una sociedad vulnerable y destinada a la manipulación y el subdesarrollo.


Bocanada

julio 4, 2018

 

A veces es necesario, indispensable, tomar una bocanada de aire fresco. Para quienes hacemos ciencia dentro de instituciones de educación superior mexicanas, los periodos vacacionales representan una oportunidad de trabajar sin distracciones, o al menos sin las distracciones comunes asociadas a la vida universitaria cotidiana. La investigación científica requiere de ciertas condiciones para poder realizarse, y uno de los factores indispensables es el de poder pensar profundamente sin distracción.

Quienes no han realizado investigación científica pueden a veces confundirla con investigación de “otros tipos”, en particular con la que a veces se realiza en ambientes académicos. Muchas veces, ya que los resultados se manifiestan en la publicación de artículos (científicos), algunas personas se imaginan que la actividad científica consiste en leer mucho, hacer resúmenes y pasar las horas escribiendo artículos que resumen y/o describen lo leído, quizá con alguna aportación personal de interpretación, o quizá incluyendo la descripción de algunos datos recabados en llenados de indicadores de actividades académicas. Nada podría estar más alejado de la realidad. Las personas que nos dedicamos a la ciencia sí escribimos artículos, que son documentos que deben contener resultados originales y que serán revisados por otras personas de la comunidad científica para su valoración antes de ser aceptados para publicación, pero ese proceso representa solamente el último eslabón en una serie complicada de acciones que se llevan a cabo durante todo el proceso. Representa quizá, cuando mucho, un 5% del trabajo necesario en un proyecto de investigación científica.

Y entonces, ¿en qué consiste la investigación científica? Sucintamente: en una serie de actividades relacionadas a intentar resolver preguntas que aún no tienen respuesta. El proceso puede involucrar diferentes actividades como la de diseñar experimentos, llevarlos acabo y/o mantenerlos, matematizar las preguntas, producir soluciones analíticas y/o numéricas (computacionales), diseñar técnicas completamente nuevas, y muchas otras más. Uno de los ingredientes básicos que ya mencioné arriba consiste en el de pensar profundamente sobre el problema y las estrategias para intentar resolverlo. Lo vuelvo a mencionar porque esto puede también generar confusión. Es claro que todas las personas pensamos y nos concentramos cuando queremos resolver cualquier cuestión, sin embargo, las personas que se dedican a la ciencia, tienen un entrenamiento específico, difícil de adquirir y dominar, que permite pensar de maneras muy distintas y en particular con una intensidad de alto rendimiento. Eso, naturalmente, requiere de un enfoque y énfasis diferente a lo común.

Desafortunadamente, en muchas ocasiones, las condiciones necesarias para poder hacerlo de forma consistente y sostenida no se dan de manera cotidiana, y las vacaciones pueden brindar oportunidades para hacerlo. Una de las formas comunes en las que trabajamos y logramos avanzar es llevar a cabo discusiones enfocadas sobre los problemas y estrategias con las personas que colaboramos, comúnmente personas que trabajan en otras partes del mundo. Las vacaciones son oportunidades fantásticas para poder hacerlo.

Escribo esto porque recientemente, durante las vacaciones de semana santa, tuve una bocanada de aire fresco maravillosa. No solo tuve oportunidad de avanzar en algunos proyectos, pude también ver y platicar con colegas y amigos que no veía hace mucho tiempo, visitar lugares en donde he pasado momentos muy agradables en mi carrera científica y, por si eso no fuese poco, recibí excelentes noticias de un par de estudiantes de Colima que acaban de recibir ofertas de universidades norteamericanas para ir a realizar sus doctorados.

Hoy estoy esperando la siguiente bocanada que viene pronto…. para seguir “trabajando en mis 6 sabores” 😛


País pobre … pobre país

julio 1, 2018

Hoy, los seres humanos, monitorizamos el espacio exterior en busca de objetos que pudieran colisionar con la Tierra y exterminar la vida. Hoy monitorizamos volcanes y la atmósfera para tratar de prevenir desastres humanos causados por fenómenos naturales (y si no logramos prevenirlos con suficiente tiempo, al menos intentar aminorar los daños). Hoy, y desde hace décadas, se ha luchado contra un sinnúmero de enfermedades que azotaban a la humanidad y que algunas han sido incluso erradicadas del planeta. Existen otras que no hemos logrado batir, pero ya nadie recuerda las más mortales (¡y qué bueno!). Hoy hay hambre. Hoy, si quisiéramos y estuviésemos dispuestos a sacrificar un poco de nuestra comodidad, existe la posibilidad técnica de que nadie tenga hambre, es decir, existe la manera de producir comida para todas las personas. Lo que nos falta es llevarla a todos lados y hacerla accesible para cualquiera: al parecer, no es negocio, no “conviene”.

Volviendo a los asteroides, me gustaría que pensáramos por un instante y de manera breve qué es lo que hemos necesitado como humanidad para poder emprender el monitoreo de objetos cercanos a la Tierra: satélites con telescopios que puedan registrar tanto en luz visible como en infrarroja. Obviamente para poder tener satélites funcionando, debimos ser capaces de ponerlos es en órbita alrededor de la Tierra. Para poder hacer eso tuvimos que tener cohetes, motores y combustibles especiales. Además, necesitamos de mucha electrónica (sensores, computadoras de todo tipo, memorias, los detectores de los telescopios), sistemas de comunicación, antenas, sistemas de refrigeración, creación de materiales específicos tanto para los cohetes como para los satélites y los telescopios y un gran etcétera. Obviamente, para poder tener todo eso, se tuvo que haber diseñado y creado cada uno de ellos: ninguno crece en los árboles, ni por muy fértil que sea el suelo. Para lograrlo, en realidad, primero se tuvo que entender cómo funciona la naturaleza, es decir, se tuvo que entender algo sobre la gravedad, el electromagnetismo, la mecánica cuántica, la termodinámica, la geofísica, la química y sí, las matemáticas. Por otra parte, ni los cohetes, ni los satélites, ni las computadoras, ni las antenas, ni los sensores, ni los refrigeradores, ni los materiales fueron concebidos porque a alguien se la haya ocurrido monitorear asteroides. La gravedad, la mecánica cuántica, la termodinámica, la geofísica, la química y las matemáticas no fueron inventadas como herramientas para poder monitorear asteroides (ni volcanes, ni enfermedades). Entonces, ¿de dónde surgieron?

El conocimiento científico ha surgido principalmente gracias a dos características intrínsecas del animal llamado ser humano: curiosidad y territorialidad. La curiosidad nos ha llevado a preguntar y buscar respuestas sobre todo lo que nos rodea y lo que imaginamos, la territorialidad nos ha motivado a utilizar el conocimiento adquirido para generar instrumentos y herramientas que nos permita tener bienestar, defender y engrandecer nuestro terruño. Así de básico y sencillo es el principio. Cuando las cosas van bien y existe una cierta estabilidad, también hemos utilizado los conocimientos para muchas otras cosas, pero en el fondo, en esencia, lo primero que hacemos es cuidarnos y tratar de vencer al otro. Los nobles sentimientos e ideales florecen con el estómago lleno y en la seguridad del terruño protegido.

Así pues, tomando en cuenta estos ingredientes básicos, podemos entender por qué prácticamente todas las comunidades pobres en actividad científica, son también pobres en términos de desarrollo y nivel de vida. Mientras no se involucren de manera directa en la ciencia, seguirán siendo sometidas y difícilmente lograrán avanzar sin el permiso y la benevolencia de los demás, que recordemos existe o puede existir solo cuando hay equilibrio. En el momento en el que haya problemas, cada quien verá para su terruño, así somos. No es ni malo ni bueno, simplemente es. Si queremos estar en posibilidades de decidir y no de que decidan por nosotros, necesitamos prepararnos. Si queremos estar en condiciones de resolver eficientemente nuestros problemas y de aportar soluciones a problemas de los demás, necesitamos prepararnos. Estamos en posibilidades y tenemos las condiciones para prepararnos, solo necesitamos trabajar mucho, con toda la dedicación, nada a medias. Necesitamos, como país, invertir sin escatimar en ciencia. Necesitamos creerlo y apostarle con todo. Necesitamos hacerlo como sociedad y sobre todo conscientes de que los frutos se darán en un futuro cercano pero no inmediato. Ese es el reto. No es tan difícil realmente. ¿Cómo ven? ¿Le entramos? Si estás de acuerdo, escríbele un mensaje a tus servidoras y servidores públicos (de todos los niveles) y coméntales que consideras que el apoyo a la ciencia debe ser prioritario para el país.


Transgénicos y algo más

junio 25, 2018

Una de las cosas más importantes dentro de la actividad científica es la crítica. Cuando exponemos nuestro trabajo, ya sea en conferencias o en publicaciones científicas, uno espera inmediatamente los comentarios y críticas de colegas. Es el pan de cada día. No podemos “abrir la boca” porque en ese momento empezaremos a recibir cuestionamientos, alternativas, etcétera. Así funciona. Claro que esas críticas deben estar sustentadas y no ser simples muestras de rencor o enojo. Si eso sucede, se ignoran.

Cuando escribo cosas sobre ciencia que no son trabajos científicos, me gusta recibir comentarios, aclaraciones, preguntas, quejas, etcétera. Sin embargo es poco común recibir críticas a ese tipo de escritos. Recibo algunas felicitaciones y algunas sugerencias de tema, pero casi siempre ahí se queda.

El domingo pasado (24 de junio) escribí sobre transgénicos y la noticia de que una persona con ideas anti-científicas fue postulada para posiblemente dirigir CONACYT. El artículo (reproducido al final de esta entrada) se titula ¡Ouch! y lo pueden ver en el enlace (incluyo también aquí una referencia que incluí en el artículo para que sea accedida con mayor facilidad: Argumentos anti-transgénicos)

Debido a que el tema necesariamente toca un tema político y es además atractivo desde el punto de vista pseudo-científico, imaginé que recibiría algunos comentarios (de todo tipo). No me equivoqué y he recibido algunos comentarios en las redes sociales (que pediré a quienes los hicieron los repitan en este espacio) y un mensaje por correo electrónico.

Con la finalidad de debatir estos temas y encontrar propuestas, así como para mejorar nuestras ideas, decidí compartir en este espacio el mensaje recibido, esperando que pueda generar (junto con el artículo) una buena serie de argumentos y discusiones interesantes. Les invito a que por favor participen en la sección de comentarios en esta entrada.

Aclaro que pedí a la persona queme envió el mensaje que me permitiera hacerlo público en este espacio, a lo que amablemente accedió. Aquí va (sin edición):

“Me refiero a su artículo escrito el día 24/junio2018 publicado en su ocurrente y cómica columna de “Ciencia nuestra de cada día”, donde, entre otras cosas, habla de su “preocupación” por un anuncio público que hiciera un candidato presidencial en el pasado debate, por la colega premiada internacionalmente y que Usted sin argumento ninguno habla de anti-ciencia. Habla de los transgéneros que son utilizados “a la ligera” y afirma con ligereza y falta de conocimiento que “no existe ningún ser vivo que no sea transgénico”, dicha aberración de la boca de un “científico”. Por si Usted no lo sabe, un transgénico es un ser vivo creado artificialmente con una técnica que permite insertar a una planta o a un animal genes de virus, bacterias, vegetales, animales e incluso de humanos. Es obvio, porque Usted no sabe, que es diferente un transgénico y un organismo que evoluciona genéticamente como respuesta a las condiciones externas de su medio ambiente, a través del tiempo. (lo invito a investigar un poco) Pero además de desconocer un mínimo el tema, se atreve a decir la selección ocurre como intento y error, “si se lo comía alguien y no se moría, ya se lo comían los demás” que estupidez. Le recomiendo que lea para suplir sus deficiencias, normalmente un matemático lo único que sabe es matemáticas y es harto ignorante en conocimientos generales, y mucho mas en filosofía, economía, estética, y otras ciencias sociales. Tampoco es cierto que gracias a los transgénicos que exista la posibilidad de brindar alimentos a 7 mil millones de humanos, por el contrario, gracias a la voracidad de las empresas transnacionales que intentan invadir con transgénicos y destruir la biodiversidad genética de alimentos nativos. Recomiendo que lea un poco sobre las transnacionales “El dominio del hambre. Crisis de hegemonía y alimentos” de Blanca Rubio, para que se ilustre un poco. Para finalizar, deseo recordarle que la colega investigadora es reconocida internacionalmente y no por sus cuates de la Universidad donde estudioen Texas, como Usted que cree que es el único investigador que hay en la Universidad de Colima. Seria muy bueno que dejara su vanidad y no firmar como Coordinador General de Investigación Científica, que sólo desprestigia a otros investigadores serios.

PD. Es mejor que siga investigando sus 6 sabores.”

Ojalá se animen a participar, recordando que nada de lo escrito aquí es sagrado y será analizado, corregido, debatido, contrapuesto, desmenuzado y disfrutado.

¡Espero sus comentarios!

 

Aquí va el artículo:

¡Ouch!

Hace poco que terminaron los debates de los candidatos a la presidencia de la república. El último fue dedicado a la educación y la ciencia. No me sorprendió que el tema de la ciencia no fuese tratado a fondo y solo se mencionaran cosas superficiales. Si mucho, se limitaron a decir que hay que mejorar el presupuesto, es decir, dijeron lo que tienen que decir. Lo que queda muy claro es que, al igual que en el pasado, la ciencia no se refleja como un eje impulsor para el desarrollo de sus proyectos de país. Es demasiado claro que no perciben a la ciencia como ingrediente esencial para la resolución de todos los problemas que nos aquejan y sobre los cuales la ciudadanía está exigiendo soluciones. Se sigue viendo a la ciencia como algo superficial, alejado y separado de lo demás.

Yo no esperaba otra cosa del debate y todo hubiera quedado ahí si no hubiera sido por algo que se mencionó y me dejó muy preocupado. Pareciera que no solo no interesa el tema, sino que se encuentra la manera de poner las cosas más complicadas. Me refiero a una propuesta que se realizó para la dirección del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología). En concreto mi alarma fue que se sugirió a una premiada persona, conocida internacionalmente por su posición anti-científica con respeto a ciertos temas. Hay quienes piensan que esta propuesta es una cosa irrelevante, que no tiene mucha trascendencia, que hay problemas más graves. Yo no puedo compartir esa tibieza.

La cuestión es que, dada la poca cultura científica que tenemos, los temas son supuestamente controvertidos (no lo son) y se utilizan para manipular situaciones de vulnerabilidad social. Me refiero específicamente en este caso al tema de los “transgénicos”.

Al igual que otras palabras “científicas”, los “transgénicos” se han vuelto un concepto muy utilizado a la ligera por personas con diferentes tipos de intereses. Seguramente ustedes han escuchado esa palabra y puedo apostar (no mucho, no vaya a ser) que con una connotación medio negativa. No puedo ahondar (les invito a investigar un poco) pero sí les voy a comentar que no existe ningún ser vivo que no sea transgénico.

Quizá si durante nuestra educación básica hubiésemos aprendido que las especies van cambiando y modificando genes, de tal suerte que nada de lo que vive hoy puede ser idéntico a lo de hace miles de años, y que eso sucede naturalmente (prácticamente al azar). Si recordásemos que desde que se inventó la agricultura ese proceso de cambio se aceleró increíblemente y que ninguna cosa que se haya sembrado puede ser igual hoy a la de hace un siglo (o menos). Si apreciáramos que además ahora, desde hace varias décadas, en un laboratorio se pueden hacer modificaciones controladas para obtener propiedades deseadas y útiles para la agricultura y la producción de alimentos, y que por si fuese poco, los productos que se elaboran de esa manera, a diferencia de los que suceden al azar, se pueden verificar para que sean “seguros” (los de la naturaleza se fueron seleccionando a “intento y error”: si se lo comía alguien y se moría, ya no se lo comían los demás) y no solo eso, sino que gracias a que podemos hacerlo existe la posibilidad de brindar alimentación a siete mil millones de humanos (¡y aumentando!). Quizás, entonces, así no tendríamos miedo de algo tan útil.

Y luego no ayuda nada que siempre están los que se han aprovechado de la ignorancia para hacer negocio. Gracias a que varios países le han tenido “miedo” a la tecnología, otros, y en particular compañías privadas, han acaparado el mercado usando estrategias de guerra comercial y monopólica para hincharse de dinero. Irónicamente, mucho de su “éxito” radica en campañas anti-transgénicos que a veces logran detener la inversión pública.

En fin, regresando a la anti-ciencia. Sé que suena “buen rollo” hablar de “maíz prehispánico”, “puro”, “ancestral”, y cosas como esas, pero son solo eso, puro “buen rollo”. México está asociado al maíz, cultural y económicamente, y eso nos da una responsabilidad. México debería ser un país con una agricultura de vanguardia, líder internacional en desarrollo agro-tecnológico. Así que, por favor, ¡no la amuelen!

Concluyo con una fuente internacional en la que se habla más al respecto, por si les interesa conocer detalles y también por aquello de que quedara la duda si mis comentarios surgen por la envidia de no haber sido seleccionado para dirigir CONACYT: http://jmmulet.naukas.com/2014/05/27/argumentos-antitransgenicos-miente-que-algo-queda/

 


Exámenes

junio 2, 2018

“Afortunadamente solo fue un lapsus – muy corto. Me di cuenta de que si bien no todo lo que se ha hecho en la tradición educativa universitaria (del primer mundo) en los últimos siglos es vigente, y afortunadamente se han logrado avances significativos en muchos hábitos y métodos educativos, el proceso de evaluación “rígido” y temible de los exámenes ha funcionado muy bien.”

#HablemosDeCiencia

¿Cómo evaluar? ¿Cómo examinar? Estoy sentado en el escritorio al frente del salón de clase. Tengo frente a mí a un grupo de estudiantes realizando un examen de uno de mis cursos de licenciatura, uno de mis favoritos. Al verlos me pongo a pensar y recordar cuando yo estaba de ese lado. La verdad, lo recuerdo con gusto. Las sensaciones de expectativa, el proceso de cortejo previo cuando estaba tratando de pensar cómo sería el examen. Desde luego que tuve de exámenes a exámenes, y los hubo aburridos, torpes, regulares y excelentes. También una parte interesante del “feeling” era su relevancia. Había exámenes bastante intrascendentes mientras que había otros por los que había esperado – e invertido – desde años. Recuerdo particularmente mis exámenes generales, los que se hacen en el posgrado para obtener la candidatura al doctorado: esos los había estado soñando desde que iba la mitad de mi…

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