En el frente de guerra

febrero 19, 2018

Respetamos y cuidamos lo que admiramos. A veces también lo que entendemos y, ¿por qué no?, lo que nos hace sentir bien.

Uno esperaría, quizás ingenuamente, que el arte y la ciencia fuesen apreciadas, respetadas, promovidas y admiradas por la mayoría de las personas. Al menos yo eso espero de una civilización en la que una parte considerable de la población recibe una educación básica a nivel medio superior (como sucede en la actualidad, que aún con muchas personas sin oportunidad de estudiar, en términos históricos vivimos el momento en que más personas tenemos esa oportunidad).  Es decir, para mí (ingenuo), el objetivo fundamental de la educación consiste en lograr la incorporación de un entendimiento (y por ende apreciación) general de lo realizado por el ser humano, que es lo que define la realidad social y el contexto en el que vivimos, incluyendo de manera prioritaria las bases que dan sustento y sostienen ese entendimiento, así como los elementos básicos que permitan su modificación, extensión y posible utilización. El compartir la riqueza cultural generada por el ser humano en su intento por explorarse a sí mismo y a su entorno, que además define lo que somos como sociedad y que permite a los “que vienen” no solo a contribuir a su cambio y futura exploración sino también, de manera pragmática y concreta, a integrarse productivamente al desarrollo minucioso del día a día (entiéndase el sector productivo en general).

Si esta expectativa fuese correcta podríamos concluir que estamos ante un fuerte fracaso en la educación.

No puedo en este momento abarcar demasiado sobre la problemática, quizás casi nada, así que me enfocaré en algo muy concreto. Me disculpo de antemano porque será insuficiente y no servirá de mucho. A mí me sirve un poco, casi como un pequeño berrinche o una manifestación de angustia que necesito emitir. Voy a insistir en la idea sobre la finalidad de la educación expresada arriba. Tomándola como verdadera, y enfocando a nivel medio superior, lo primero que deduzco es la increíble importancia del papel que juegan quienes enseñan. No puedo exagerar – en mi visión – la importancia del rol que juegan las personas que tienen esa responsabilidad. En el contexto de la ciencia (otra vez, muy particular) son esas personas quienes representan nuestra esperanza; ellas son quienes están en el frente de guerra contra la pseudociencia, el fraude y la irresponsabilidad. Son quienes cargan con la inmensa responsabilidad de que la sociedad, en su conjunto, comprenda el esquema general de las cosas en el contexto actual (no poca cosa). Es ahí donde – independientemente de las disciplinas a las que nos dediquemos posteriormente – aprendemos sobre nuestro mundo y nuestro impacto como civilización. Es donde deberíamos terminar enamorados del ser humano. Sin embargo, entre las prisas y los problemas de momento, por cierto muchos de ellos originados precisamente por falta de una educación sólida y robusta (bella, agradable, encantadora, accesible), los esquemas actuales han puesto a la figura del docente en el peldaño más bajo, casi insignificante. Es un error garrafal y espero que pronto, mucho más de lo que me temo sucederá, rectifiquemos ese camino.

Desde hace ya algo de tiempo, en nuestro país (no solo, desgraciadamente), el frente de guerra está desvalido. Necesita una reestructuración impresionante que vaya desde las condiciones laborales hasta las de conocimiento disciplinar, que desemboque en una dignificación social de la profesión. En la actualidad pareciera simplemente aceptarse que quien enseña no sabe hacerlo, carece de conocimientos y sirve solo para llenar formatos utilizados para “sustentar” programas y proyectos diseñados por personas que simulan seguir procesos de investigación y/o para mejorar indicadores “a la fuerza”. Las consecuencias ya se sienten.

 

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Las grandes ausentes

febrero 7, 2018

A propósito de esta bella temporada…

#HablemosDeCiencia

Si hay algo que podemos considerar estrictamente humano tienen que ser el arte y la ciencia. Es más, yo añadiría que son lo único verdaderamente valioso que hemos creado los seres humanos. Es triste que a pesar de contar con excelentes representantes y enamorados, ambas han estado relegadas por muchos años en nuestro país.

No es sorpresa, por tanto, que ambas han estado prácticamente ausentes también en los discursos y propuestas que nos inundan estos días. Quizá solamente han sido mencionadas en el contexto general de lo que llaman, a veces superficialmente, educación. Las actividades más hermosas, trascendentes y útiles que tiene la humanidad han sido, hasta el momento, las grandes ausentes.

Se lanzan palabras y conceptos maravillosos como innovación, desarrollo, crecimiento, transferencia, tecnología, y muchas más. Todas ellas importantes y necesarias dentro de un esquema general bien organizado y sustentado. El problema que a veces me parece percibir es…

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Bombardeo

enero 29, 2018

Nuestro planeta está siendo bombardeado por meteoros. Muchos llegan a la superficie convirtiéndose en meteoritos. Nos damos cuenta porque la gran mayoría son pequeños, suceden en los océanos y alejados de zonas pobladas. Esto no es extraño ya que nuestro planeta tiene la mayor parte de su superficie cubierta por agua y por ende es mucho más probable que caigan ahí. La mayoría de las veces caen y pasan desapercibidos aunque a veces sí afectan y pueden causarnos daño. Sin embargo, aunque serios, los daños que genera un evento de este tipo son insignificantes comparados con los que podría generar la colisión de un meteorito grande (un asteroide, por ejemplo): un asteroide con tamaño de cientos de kilómetros puede en principio terminar con la civilización humana. Es por esta razón que se monitoriza el espacio en búsqueda de posibles amenazas. Si llegáramos a encontrar un objeto que pusiera en peligro a la humanidad, sería bueno encontrarlo con la mayor anticipación posible.

Pensemos qué es lo que hemos necesitado como humanidad para poder emprender el monitoreo de objetos cercanos al planeta: satélites con telescopios que puedan registrar tanto en luz visible como en el infrarrojo. Debimos ser capaces de ponerlos en órbita alrededor del planeta y para ello fue necesario tener cohetes, motores y combustibles especiales. Además mucha electrónica (sensores, computadoras de todo tipo, memorias, los detectores de los telescopios), sistemas de comunicación, antenas, sistemas de refrigeración, creación de materiales específicos tanto para los cohetes como para los satélites y los telescopios, etc. Claro que para poder tener todo eso, se tuvo que haber diseñado y creado cada uno de ellos. Para lograrlo, en realidad primero se tuvo que entender cómo funciona la naturaleza, es decir, se tuvo que entender algo sobre la gravedad, el electromagnetismo, la mecánica cuántica, la termodinámica, la geofísica, la química. Por otra parte, ni los cohetes, ni los satélites, ni las computadoras, ni las antenas, ni los sensores, ni los refrigeradores, ni los materiales fueron concebidos porque a alguien se la haya ocurrido monitorear asteroides. La gravedad, la mecánica cuántica, la termodinámica, la geofísica, la química y las matemáticas no fueron inventadas como herramientas para poder monitorear asteroides. Entonces, ¿de dónde surgieron?

El conocimiento científico ha surgido principalmente gracias a dos características intrínsecas del animal humano: curiosidad y territorialidad. La curiosidad por un lado nos ha llevado a preguntar y buscar respuestas sobre todo lo que nos rodea y lo que imaginamos, la territorialidad por otro lado nos ha motivado a utilizar el conocimiento adquirido para generar instrumentos y herramientas que nos permitan defender y engrandecer nuestro terruño. Así de básico y sencillo es el principio. Cuando las cosas van bien y existe una cierta estabilidad, hemos utilizado también los conocimientos para muchas otras cosas (como monitorizar asteroides), pero en el fondo, en esencia, lo primero que hacemos es cuidarnos y tratar de vencer al otro. Los nobles sentimientos e ideales florecen con el estómago lleno y en la seguridad del terruño protegido.

Así es como podemos entender por qué los países pobres en actividad científica, son también pobres en términos de desarrollo y nivel de vida. Mientras no se involucren de manera directa en la ciencia, seguirán siendo sometidos y difícilmente lograrán avanzar sin el permiso y la benevolencia de los demás, que recordemos existe o puede existir solo cuando hay equilibrio. En el momento en el que haya problemas, cada quien verá para su terruño, así somos. No es ni malo ni bueno, simplemente es. Si queremos estar en posibilidades de decidir y no de que decidan por nosotros, necesitamos prepararnos. Si queremos estar en condiciones de resolver eficientemente nuestros problemas y de aportar soluciones a problemas de los demás, necesitamos prepararnos. Necesitamos hacerlo como sociedad y sobre todo conscientes de que los frutos se darán en un futuro cercano pero no inmediato.

 


Enseñanza

enero 28, 2018

 

Al explicar en clase es cuando entiendo. Es una sensación muy interesante. A veces, cuando preparo algún tema y exploro diferentes maneras de presentarlo, reviso material de varias fuentes. Veo cómo lo hacen en un libro, en otro, y así hasta que encuentro alguna forma que me parece interesante. Luego trato de incorporarla dentro del “tono” del libro principal que utilizo (siempre trato de seguir un libro en particular en mis cursos de licenciatura). En más de una ocasión, al revisar el material poco antes de dar clase, me da la sensación de no tener claridad en todos los aspectos. A veces siento que no entiendo del todo la explicación o el enfoque.

Empieza la clase y todo cambia de manera inmediata. Al ver las expresiones de quienes me escuchan intento tratar de adivinar sus preguntas y eso hace, en ese momento, que vea con una claridad que no logré antes. Es increíble. Cuando empiezan a preguntar, todavía mejor, debido a que obviamente no todas las preguntas que me imaginé que tenían las tenían, ni yo las respuestas. Así que empieza un proceso de creación e interacción que disfruto mucho y que procuro incentivar, lo induzco. Si no salen las preguntas de manera automática, las fuerzo, hago que las saquen. Luego, y esto es lo más importante para mí, nunca las respondo. Busco la manera de que el mismo grupo, si no es que la misma persona que la preguntó, sea quien encuentre la respuesta. Así es como aprendo yo; mis estudiantes quién sabe, pero eso es su problema: ¡ya les tocará enseñar y por lo tanto aprender!

Enseñar es una cuestión muy personal. Yo no creo que se pueda enseñar a enseñar sin enseñar o, con más claridad, solo enseñando se puede llegar a aprender a enseñar, ¡y a veces! Enseñar es un oficio y me queda claro que la única forma de lograr hacerlo de manera efectiva es a través de la práctica constante, sustentada en una fuerte y solida base de conocimiento disciplinar (en todos los niveles, con los matices obvios). Un ingrediente que considero indispensable es el de desear, más bien disfrutar, el compartir. Para compartir hay que tener. Si se comparte es porque se disfruta. Si se disfruta se hace bien.

Creo que la masificación de la educación, llevada a cabo con prisa y sin cautela, aunada a la impaciente necesidad de adaptarla a indicadores e índices “medibles”, ha generado una tendencia – en mi opinión muy peligrosa, es más, nefasta – sobre el significado de la enseñanza. Se genera una idea de que se puede enseñar por método y se realizan estudios para determinar cómo enseñar. Creo que eso, en el contexto que menciono, ha generado muchos problemas y nos ha llevado a un “mirage” del que será muy difícil salir.

Tenemos a muchas personas a cargo de cursos sobre temas que no solo no dominan, a veces aborrecen. Tenemos a muchas personas completamente capacitadas para enseñar, verdaderamente enamoradas del oficio y dispuestas a compartir, que se encuentran saturadas de formatos inútiles y sinsentido que servirán para que alguna otra persona (o grupo) recabe “información” y pueda dizque sustentar sus estrategias y modelos, que siempre resultan ser buenos en papel, y así decir que se hace investigación. Luego, pa’acabarla de amolar, las pocas (sí, muy pocas) personas que sí realizan investigación seria en el tema de la educación son comúnmente ignoradas, ya que sus voces quedan perdidas en la maraña. Es un problema serio.

¿Han notado cómo la figura del docente ha ido perdiendo fuerza? Cada vez es la persona menos importante en el esquema educativo, su posición se ha debilitado. No decide, solo le dicen lo que debe hacer. Ya no es quien sabe, sino quien implementa un programa diseñado por quién sabe quién. Ya no se requiere que sepa, es casi casi prescindible. Es una vergüenza. Si no conseguimos revertir esta situación y lograr que quienes están a cargo de brindar educación a la sociedad sean quienes saben y que estén muy valoradas en el estrato social, no saldremos del agujero en que nos estamos propulsando con demasiado ahínco.

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Peace and love

enero 26, 2018

 

A veces se nos olvida. Puede ser que en realidad nunca lo hemos visto así y hasta nos parezca poco intuitivo. Es más, puede ser que pensemos que en realidad no tiene nada que ver, y lo interesante es que sí. Me refiero al hecho de que la ciencia básica aporta como generadora, no solo de herramientas y conocimientos que luego son utilizados por teorías humanistas y de derecho como sustento, sino también de las conductas y métodos de organización y colaboración que conllevan a la paz y al desarrollo.

La ciencia básica consta de dos elementos cruciales que terminan generando ambientes de paz y colaboración entre sujetos de múltiples entornos y contextos sociales. El primero consiste en que es el área de la indagación asociada a las preguntas más fundamentales de los seres humanos. No importa dónde nazcan ni en qué contexto, los seres humanos tienen inquietudes universales. En todos lados hay personas – muchas – que desde la infancia, al ver las estrellas o contemplar el planeta, se preguntan cuestiones como ¿Qué es el Universo? ¿De qué está hecho? ¿Por qué existimos?. La ciencia básica es la manera más eficiente y confiable que hemos diseñado para tratar de encontrar respuestas, muchas veces solo algunas pistas, a ese tipo de cuestionamientos e inquietudes. El segundo elemento está relacionado con el factor económico. Nadie se dedica a la ciencia básica con la finalidad de obtener recursos económicos de manera personal, en el sentido de que ese sea el fin, conseguir dinero, cada vez más. Esto puede parecer una trivialidad, pero es fundamental ya que en realidad es uno de los ingredientes que permite una colaboración efectiva, afectiva y eficiente, en donde lo único que se pretende es participar en la búsqueda de respuestas y entendimiento.

Esta combinación ha permitido que existan instituciones internacionales en las que individuos de todo el mundo, incluyendo personas de lugares que se encuentran en conflictos bélicos, históricos, religiosos, etc. trabajen juntas de manera armoniosa y productiva, algo que difícilmente sucede en otros contextos. Ejemplos interesantes de este fenómeno son lugares como el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN), el International Centre for Theoretical Physics (ICTP), el Perimenter Institute, el acelerador SESAME que fue creado explícitamente con la idea de promover paz en Medio Oriente y se encuentra en Jordán, ya que es un país que mantiene relaciones diplomáticas con todos los otros países fundadores: Bahréin, Chipre, Egipto, Irán, Israel, Pakistán, Palestina y Turquía (por cierto, la idea de hacer eso surgió en la cafetería del CERN, donde varias personas de esos países, trabajando juntas dentro del CERN, consideraron que era una buena idea para unir en algo a sus muy divididos países. Luego convencieron a la UNESCO y ahí está). Otro ejemplo muy interesante es el African Institute for Mathematical Sciences (AIMS) que funge como un instituto panafricano que ofrece oportunidades de estudio avanzado y de excelencia a estudiantes africanos de zonas marginadas. En este instituto, que cuenta con varias sedes en el continente Africano, participan personas de las mejores universidades alrededor del globo, compartiendo sus conocimientos, experiencias y apoyo.

Ojalá se dieran las oportunidades para que en algún lugar de nuestro país y/o región se pudiera emprender algo así. Para empezar solo se necesita reconocer dos cosas: que la ciencia básica merece toda la confianza como generadora de bienestar social y que, basado en eso, el proyecto debe ser completamente abierto al mundo, con participación de personas de todos lados (cero “nacionalismo” barato). Lo único que se debe pedir es que puedan aportar y lo hagan con calidad. Lo demás, avanza solito.


Felicidad y casualidad

enero 24, 2018

 

Recuerdo que caminaba por la sombra y de todos modos sentía un calor insoportable. Las escasas ráfagas de viento solo lo empeoraban y sentía cómo calentaban mi piel. Alcanzaba incluso a percibir cómo iba menguando la fuerza a causa de los líquidos perdidos, sudados afanosamente por mi cuerpo en su intento de enfriarse, y consumidos inmediatamente por la seca atmósfera del lugar. Y sin embargo no me podía detener, no quería detenerme. Tenía que llegar a tiempo a la conferencia.

 

Un periódico de la localidad anunciaba, en una página escondida, que se llevaría a cabo una conferencia sobre “las matemáticas de la física” (o algo así). Sería tal día, a tal hora, en tal lugar, e impartida por el maestro Francisco Ramírez. No sé por qué la publicaron. Quizá ese día no hubo suficientes asesinatos, bodas u opiniones de politiquillos y sobraba un pequeño espacio. Posiblemente las tonterías del horóscopo, ese día, no tuvieron suerte de ser publicadas o – simplemente – el tal Francisco era cuate del dueño del periódico. No sé. Lo que sí sé es que mi padre, curioseando la prensa, lo vio y se acordó de que “esas cosas” me interesaban. Me lo hizo saber. Todavía recuerdo, con ternura, cómo se veía (me parecía) impresionante el anuncio.

 

Cursaba el segundo año de prepa, en una prepa común y corriente de este bello país. No sabía nada de física ni de matemáticas, evidentemente. Cursos llevaba y había llevado, sobre todo de matemáticas (desde la primaria), pero en realidad no sabía nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Lo que sí podía asegurar en aquel momento es que esos temas me producían algo que pudiera llamar interés. Es curioso que cuando se le pregunta a las personas de ciencia qué fue lo que les motivó o atrajo a ella, un buen número de ellas responde que tuvieron una profesora o profesor en la prepa que les inspiró. Así de crucial es el rol que juegan las personas a las que confiamos la educación de los chavos.

 

Ya en el auditorio, con aire acondicionado (seguramente ventiladores húmedos, no recuerdo), recuperé la temperatura que hace sentir bien a mi cuerpo y esperé muy contento, con mucha expectativa. Dio inicio el evento y presentaron al expositor. Me pareció todo muy impresionante. Como se imaginarán, nunca había visto algo así, nunca había asistido a una “conferencia”. Francisco habló de Newton y la ley de la gravedad. Eran nombres y temas que había escuchado en la escuela, pero lo que presentó era nuevo para mí y recuerdo que me gustó. Sin embargo, lo que tuvo un impacto mucho más grande no fueron los temas en sí, sino el enterarme de que Francisco pertenecía a una Sociedad Astronómica, a un grupo de personas aficionadas a la astronomía y a la ciencia en general. Al terminar y despedirse llegó lo mejor: invitaba a quienes les interesara a ir y unirse a dicho grupo. Solo era necesario asistir y participar.

 

Fui. Participé y encontré un oasis que fue esencial para mis inicios en el ámbito científico. Ahí conocí a varias personas con intereses comunes – ya no era el único raro que se emocionaba con ver la luna o con ver cómo se movían las alas de un colibrí. Ahí, poco después, en un evento organizado por el grupo, conocí al primer científico de carne y hueso que me convenció de que yo podía serlo: al verlo, así mensote como yo me dije “si ese pudo, seguro yo también”. Terminó siendo mi tutor en la licenciatura. Ahí, el “Panchín”, como le decían a Francisco, me bautizó como fefo. Ahí aprendí que con pasión y con absoluta dedicación, puede uno llegar a ser feliz. Ahí me enteré, de golpe y en frío, que mi vida sería muy interesante y todo gracias a una casualidad. Ahí entendí que era necesario intentar que eso no fuera así, que era necesario que no fuese casualidad.

 

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Schrödinger

enero 20, 2018

 

Hace poco más de un mes preparaba el último examen parcial de mi clase de física moderna. No me decidía qué poner en el examen y después de darle vueltas (cinco minutos) decidí pedirle a quienes tienen la enorme fortuna de tomar mi clase que escribieran todo lo que pudieran sobre la ecuación de Schrödinger, considerando desde luego que es un curso de física y no de historia o literatura. Lo que esperaba con eso es que describieran la ecuación matemáticamente y plantearan un par de problemas específicos incluyendo las soluciones.

Erwin Schrödinger fue un físico austriaco nacido a finales del siglo antepasado. Le conocemos porque inventó una versión de algo llamado “mecánica cuántica”. A su versión a veces se le llama la versión “ondulatoria”. No fue un logro menor el de Erwin, consideremos que junto con la versión desarrollada por Heisenberg (la versión “matricial”) y el trabajo de varias decenas de personas durante las primeras tres décadas del siglo pasado, el desarrollo básico de la mecánica cuántica vino a transformar la vida de todas las personas que hemos vivido después de su formulación.

La “mecánica cuántica” o “física cuántica” es el nombre que le damos a la serie de leyes y principios que rigen la naturaleza en el mundo subatómico, es decir, en el mundo de lo muy pequeño. Así como las leyes de Newton (y Einstein) nos describen cómo la Tierra gira alrededor del Sol, la física cuántica nos dice cómo se comporta un electrón en un átomo. Así como las leyes de Newton nos ayudan a construir puentes y aviones, las leyes de la mecánica cuántica nos ayudan a construir transistores y tomógrafos médicos. No exagero cuando menciono que la física cuántica, o mas bien, el entendimiento de la naturaleza a escalas minúsculas, que se hace a través de la mecánica cuántica, ha transformado la vida de todas las personas. Para dar una sensación de ello, considere que la bases sobre las cuales se sustenta toda la electrónica radican precisamente en ese conocimiento. Si esto no le dice demasiado, le sugiero que vea a su alrededor inmediato y constate cuánto de su vida está influenciada por la electrónica. Ejemplo de ello son controles remotos, celulares, computadoras, hornos de microondas, etcétera. Quizá un poco más alejado de su vida diaria el hecho de que existen satélites, tomógrafos y aceleradores médicos. El hecho de que se pueda producir comida “suficiente”, medicinas “suficientes”, y otro etcétera.

Como se puede ver, el impacto es impresionante y ha modificado la forma de vivir de los seres humanos: ha transformado a la sociedad. Otra cosa muy interesante es que aun no acabamos, es decir, la mecánica cuántica (y todo lo que sabemos) se sigue investigando y explorando. Sabemos que funciona de manera impresionante a escalas increíblemente pequeñas (la milésima parte de la millonésima parte de la millonésima parte de un metro, que corresponde a catorce ceros y luego un uno después de un punto: 0.000000000000001 m). Esto lo sabemos porque esa es la distancia que actualmente explora el Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider) y la mecánica cuántica (junto con la relatividad especial) describe perfectamente lo que ahí se observa. La teoría que describe ese mundo lleva el nombre medio “tonto” de “Modelo Estándar de las partículas elementales”, que está sustentado precisamente en la física cuántica y relativista. Pero no sabemos si seguirá funcionando a escalas menores y como tenemos muchas preguntas abiertas que rebasan el ámbito de acción del “Modelo Estándar”, pues seguimos explorando en búsqueda de nuevos fenómenos que nos ayuden a extenderlo.

Schrödinger y sus cuates no se imaginaban a dónde irían a parar los conceptos que generaron matemáticamente es sus cuadernos y pizarras, simplemente les atraía el poder entender un poquito más sobre la naturaleza. No entendían qué era un átomo e intentaban describirlo, eso era todo. ¿Para qué? Para saber más. Lo lograron y gracias a ello cambiaron las vidas de todas las personas de su futuro. De todas. Impresionante.

 

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