Comentarios

abril 6, 2017
Comentario de Juan Medina a través de FB: “Pareciera ser que la ciencia básica en países “subdesarrollados”, está destinada a ser apoyada casi exclusivamente por el gobierno, por recursos públicos. Que hay que hacer, como científico, para que el sector privado aporte, y que aporte entendiendo que quizás no se generen beneficios inmediatos, que es una estrategia fructífera pero a largo plazo? Se me ocurre esa pregunta porque por ejemplo, Carlos Slim, a pesar de ser quien es, y tener lo que tiene, no es ningún Gates, o Zuckerberg, en el sentido que no ha contribuido a innovación tecnológica: prácticamente la importa. Sé que la pregunta es muy general, pero discutir algunas ideas no hace mal.”
Fefo: “La ciencia básica que no es sobre salud es financiada públicamente en todos lados, incluido el primer mundo. Por ciencia básica en este sentido me refiero a la ciencia que se realiza para descubrir y explorar lo desconocido. Sí hay algunos ejemplos de apoyo privado, pero no representan nada en efectos reales. La inversión privada debe entrar en la segunda fase (que hoy es en paralelo), que es donde se aprovecha lo generado y descubierto en la básica. De hecho, ante el ataque que parece haber en la actualidad hacia la ciencia básica, de muchos pero sobre todo de aquellos que no hacen ciencia pero piensan que sí (pseudo – innovadores/emprendedores/economistas/etc), quiero proponer que se sustituya la palabra “básica” por “indispensable”. Es lo mismo, pero lo han olvidado.”

¿Por qué estudiamos lo mismo de siempre?

marzo 21, 2017

 

Hemos estado llevando a cabo varias actividades para promocionar la ciencia en jóvenes colimenses. Talleres, concursos, charlas, las actividades formales del Instituto Heisenberg, visitas a bachilleratos, etc. Nuestra intención principal es tratar de aportar nuestro granito de arena para intentar contribuir a resolver un par de problemas muy severos en la educación superior de nuestro país. Estos problemas consisten en que, aun cuando cada vez hay más personas estudiando, la matrícula no se diversifica. La gran mayoría de jóvenes (y sus familias) quiere estudiar las carreras “tradicionales” que conocen y consideran buenas, aun cuando desde hace bastante tiempo ya no cuentan con suficiente empleabilidad ni esperanza económica (que además es uno de los supuestos factores que toman en cuenta, obviamente de manera errónea), y el otro que consiste en que tenemos un inmenso y abrumador déficit de personas altamente capacitadas en áreas técnicas y científicas. Esto es importante ya que tiene una consecuencia inmediata en el desarrollo social y económico del país. Sí, social también.

 

Queremos acercar jóvenes con aptitudes e intereses científicos a la oportunidad de dedicarse a la ciencia. Jóvenes que, de alguna manera, sienten una atracción por el conocimiento y la naturaleza, pero que quizá no han contemplado una vida dentro de la ciencia, ya sea por no saber cómo es el quehacer científico, o peor aún, por tener una idea equivocada de lo que es. Recuerdo, por ejemplo, cuando era estudiante de bachillerato (ya llovió) que ni idea tenía de que era posible estudiar una carrera científica, mucho menos sabía en qué consistía una vida como científico. No conocía a nadie que se dedicara a eso; me parecía algo totalmente ajeno a mi entorno y a mi vida. Cuando pensaba en un científico, me imaginaba personas (hombres) superdotadas y únicamente de países extremadamente avanzados. Nada que ver.
Y no sólo es importante mostrar esas oportunidades a nuestra juventud, es indispensable también informar y enamorar a las madres y padres de familia. No se imaginan (bueno, sí) la clase de miradas, contorsiones faciales, señas, espasmos y palpitaciones que sufren y manifiestan muchas de nuestras madres y padres cuando escuchan a una de sus hijas decir “Mamá, papá, me gustaría ser astrónoma”, o “Papá, quiero ser matemática”.
Nos ha tocado escuchar todo tipo de respuestas y preocupaciones por parte de las familias que se han visto “afectadas” por tan terrible situación. Claro que después de explicarles que en realidad son familias afortunadas de tener una hija que quiera dedicarse a una de las carreras más importantes, útiles y necesarias para el futuro del país, les cambia la mirada y se sienten un poco mejor. Obvio que no todos aceptan con la misma gracia que, por ejemplo, para poder convertirse en científicas será bastante probable (y de hecho recomendable) que, durante su formación, la cual involucra no solo una carrera universitaria (léase licenciatura), sino un doctorado, tengan que irse a vivir a otro lugar, posiblemente otro país. Para algunas madres y padres de familia eso les quita la fortuna. Pero aparte de esto, sí es posible mostrarles que de hecho deben sentirse inmensamente orgullosos y apoyar la decisión de sus hijas.
¿Dónde trabaja un científico? ¿De qué vive una investigadora? ¿Qué hacen los matemáticos? Si las maestras y maestros que nos dan clases de matemáticas no son matemáticos, entonces ¿qué es un matemático? Si te gustaría indagar la respuesta a estas y otras preguntas relacionadas, entonces te invitamos a que te acerques a la facultad de ciencias y a las actividades de difusión que realizamos.


¿Para qué sirven sus publicaciones? ¿Por qué mejor no se ponen a hacer algo que “de verdad” sirva?

marzo 14, 2017

#HablemosDeCiencia

En el intento por describir  la importancia de la ciencia básica y su indispensable necesidad de ser financiada, la mayoría hemos escuchado y mencionado varios argumentos. Es típico decir que la investigación básica (teórica) ha generado una cantidad inmensa de conocimiento, que ha permitido inventar y generar tecnologías que utilizamos diariamente casi sin darnos cuenta. Esto no representa de ninguna manera la única aportación de la ciencia básica, pero siempre se menciona – y con razón: sin ciencia básica, no habría nada.

frase-el-cientifico-no-estudia-la-naturaleza-por-la-utilidad-que-le-pueda-reportar-la-estudia-por-el-henri-poincare-126291Algo que se nos olvida mencionar (a muchos), es que todos esos avances y repercusiones en el mundo tecnológico, han sucedido gracias a una sólida y organizada estructura de ciencia experimental básica y aplicada. Estructura que vive a la par de la ciencia básica teórica y que goza de la misma dignidad (si no es que más) y consideración. La ciencia de primer nivel se ha hecho en…

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De lo mejor

marzo 6, 2017

 

Se aproximan fechas en que jóvenes colimenses (y de todos lados) tomarán decisiones importantes. Para la mayoría será, quizá, la primera vez que deciden por sí mismos (eso espero).

Al estar cerca de quienes cada año pasan por esta situación, me doy cuenta de que es necesario intentar apoyarles con información e ideas diferentes. Aprovecharé este espacio para, de vez en cuando, pero con insistencia, tocar este tema.

Hoy quiero compartir una opinión y algo de información que creo les puede ser útil, sobre todo si tienen un interés o inquietud por la ciencia.

No estamos acostumbrados a lo mejor. No es común decir que tenemos acceso a lo mejor; que la calidad de nuestra escuela, de las empresas, del hospital, es la mejor – del mejor nivel posible. Por eso, porque es poco común, quiero hablar de algo que fácilmente pasa desapercibido.

Existe un grupo en la Universidad de Colima que ha logrado crear, gracias a una constante dedicación enfocada, un ambiente de lo mejor – de excelente nivel. No ha sido fácil pero tampoco coincidencia ni azar: ha sido planeado y ejecutado con cuidado y sustento.

Es un grupo de personas (diversas, pero) con características comunes muy concretas: una sólida formación llevada a cabo en universidades de nivel internacional (no puedo exagerar en la importancia de esto), un decidido interés por desarrollar la ciencia en su entorno – lo que implica de manera absoluta el interés por mejorar las condiciones para los estudiantes con los que interaccionan – y una constante actividad de investigación científica del más alto nivel, crucial para el prestigio, sustento y sobre todo legitimidad del grupo.

Así como no es común el pensar que tenemos lo mejor, algo que sí es común en discursos y celebraciones es hacer fiesta y alabar sin demasiado sustento, como para “quedar bien”.

Es por ello que, para que no se vaya a pensar que hago adulación ligera, y aunque pareciera que vivimos en una época en la que no es prudente señalar calidad y niveles, comparto con ustedes lo siguiente:

A quienes me refiero son personas que realizaron sus estudios, trabajaron y siguen colaborando con instituciones como Torino, William and Mary, Princeton, Tufts, Berna, Austin, ICTP, Brown, Boston, Moscú, ETH-Zurich, Cambridge, Stony Brook, KEK, etc. Permítanme insistir: no solo conocen gente de ahí o han visitado estos lugares, se formaron ahí, trabajaron ahí.

Crearon y nutren dos programas de licenciatura en los que varios de sus egresados han hecho – o se encuentran haciendo – sus doctorados en algunas de esas instituciones con becas concursadas internacionalmente.

A pesar de contar con más del mínimo de requisitos para pensar en abrir posgrados, algo que les beneficiaría personalmente, han encaminado sus esfuerzos para tener dos programas de licenciatura que provean a sus estudiantes con el nivel adecuado para competir en cualquier lugar. ¡Esto no es una meta sencilla!

Todo esto permite que hoy, en este momento, podamos decir que aquí – en Colima – hay algo de lo mejor. Existe una opción para que estudiantes colimenses (y de la región) puedan obtener una formación de las mejores, que les permita, después de 4 años (y un gran esfuerzo y dedicación), ubicarse en las mejores instituciones del mundo.

Les invito, ahora que tomarán decisiones muy importantes sobre su futuro, a que investiguen a este grupo. Confirmen lo que he escrito.

Luego, confirmadas mis observaciones, decidan entregarse por completo al trabajo y aprovechen esta gran y única oportunidad.

Paolo, Ricardo, Andrés, Christoph, Elena, César, Luis, Roberto, Carlos, Juan, Yasha, Alex, Sujoy, muchas felicidades y muchas gracias por todo su esfuerzo y dedicación para que exista este nivel aquí, en Colima.

 

 

 


Ser para formar

febrero 15, 2017

 

Hoy quiero hablar un poco sobre una de mis mayores pasiones: la “docencia”. Como es un tema muy amplio, me enfocaré mucho; demasiado. Me referiré únicamente a la “docencia” universitaria y más concretamente a la de los llamados “nivel superior” y “posgrado”. Más aún (para que nos demos cuenta de lo amplio del tema), ya que este espacio lo dedicamos a la ciencia, me estaré refiriendo única y exclusivamente a la “docencia” involucrada en áreas científicas, eso sí, en todas las disciplinas del conocimiento.

Para empezar una (¿posible?) sorpresa: “docencia” no significa dar clases, es decir, “docencia” no se acota a la actividad de impartir un curso a un grupo de personas (estudiantes) en donde se les informa, enseña, repite, y muestra conocimiento. La “docencia” es mucho más, o quizá debiera decir que debería ser mucho más.

No ahondaré demasiado pero mencionaré algunos elementos importantes. Para el caso particular de impartir un curso, no es posible hacerlo bien sin tener el conocimiento (esto no es exclusivo para las áreas científicas, por supuesto). Entonces, una persona que tiene el conocimiento, independientemente de si ella misma es generadora o no de nuevo conocimiento, puede, en principio dar una buena “clase”. Así nos podemos encontrar personas investigadoras que son buenas o malas para “dar clase” y personas que no son investigadoras, que también pueden resultar ser buenas o malas para “dar clase”.

El asunto es cuando dejamos de contemplar a la “docencia” como solo el dar clases. La enseñanza, la apropiación del conocimiento, la guía, la transmisión integral y robusta de bagaje intelectual y técnico no se logran en una clase. Además, para poder hacerlo bien (formar científicos), de manera honesta y natural, hay que vivirlo, ser parte. Por ello, en esos niveles educativos, es indispensable que las personas que forman, que guían, que comparten: sean.

Mis mejores profesores nunca me dieron una “clase” (en el sentido de tener un curso programado y estar dentro de un aula, etc.). Es más, me imagino que algunos de ellos pudieran ser “malitos” explicando algunos temas enfrente de un grupo de estudiantes. Evidentemente que su “docencia” se extiende mucho más allá de la impartición de cursos.

Me parece curioso que casi siempre (en México, en contexto universitario) se hable de investigadores que no son docentes. Generalizando, pero sin equivocarme demasiado, no es posible concebir un científico que no sea, de manera natural y necesaria, un docente, en el sentido más amplio y hermoso de la palabra. Habrá instructores que no sean científicos, pero no científicos que no sean docentes. Curioso también es que a los científicos (en México, en contexto universitario) se les paga como instructores, a pesar de su habilitación. Para medio compensar esa situación, existe un programa llamado “Sistema Nacional de Investigadores”, que a través de evaluaciones periódicas otorga complementos para de alguna manera compensar la situación (en otro momento comentaré más sobre este asunto).

Regresando: ¿cómo puedo ser un buen “docente”?

Haciendo mi ciencia con la mayor calidad que me sea posible. Incorporando a estudiantes en mis investigaciones, durante todo el proceso. Influyendo a “mis” estudiantes a través de mi comportamiento, por ejemplo no trabajando solo para juntar “puntitos” que me sumen en mis evaluaciones, no publicando por publicar, mostrando honestidad en cada una de mis actividades profesionales, no robando sus trabajos. Retando a “mis” estudiantes a dar el máximo, aunque lloren. Si voy a impartir un curso, preparándolo con toda mi atención y capacidad, exigiendo el máximo de cada una de las personas que tengan el infortunio de tenerme como instructor. Preocupándome por el futuro de “mis” estudiantes, pensar qué van a hacer después, adónde van a ir, con qué herramientas. Conocer y estar al tanto de la realidad en la que tendrán que competir. Ayudarles a competir, volverme su aliado en sus futuros enfrentamientos (aunque ya se hayan graduado e ido a otro lugar). Estar convencido de que a través de ellos se puede cambiar el mundo.

Conozco pocas personas que logren todo esto… en el mundo.

¿Se dan cuenta entonces por qué es maravilloso intentar ser buen “docente”?

 


Sin tapujos

febrero 12, 2017

 

Permítanme empezar sin rodeos, sin tapujos: la ciencia básica es lo más importante de la ciencia. ¿Qué es la ciencia básica? Es la actividad científica que explora lo desconocido, en cualquier área. Su propósito es aprender más sobre la naturaleza, en todas sus manifestaciones.

La ciencia, decimos con mucha insistencia, es lo que permite que vivamos mejor. Los países que la apoyan y nutren son aquellos que luego prosperan económicamente. Y es verdad. También es verdad que la básica, al ser tan “abierta”, tan aparentemente desinteresada de los problemas “cotidianos” de los humanos, siempre tiene que ser defendida y justificada, incluso en los países donde la ciencia es algo común. Para quienes no participan de la ciencia como una profesión (a veces incluso para algunos que sí), la ciencia básica es en ocasiones considerada como inútil o, con palabras más suaves (hipócritas), como el estudio de caprichos personales. Los científicos, por lo tanto, deben defender su situación y recordarle a las personas que no, que no es así, que la ciencia básica es la que ha permitido que estén vivos, saludables, sin hambre y fuera de la barbarie. Luego, en los países donde el apoyo ha sido constante, lo recuerdan y otorgan el financiamiento requerido.

En países como el nuestro la situación es más compleja. Para empezar, el recurso total destinado a ciencia es bajo. De eso, el porcentaje para básica es bajo/medio, aunque en realidad irrelevante ya que aunque le destinaran el 100% ¡no sería suficiente! (claro, para ser competitivos). Pero ese no es el mayor de nuestro problemas. Desgraciadamente nos entró la “calentura” (no encuentro otra descripción que pueda escribir aquí) de que hay que investigar cosas que “sirvan y que generen patentes”.

A ver, con calma. Sí, es absolutamente importante llegar a tener un sistema científico y tecnológico que derive en una infraestructura nacional generadora de tecnología, en todos los sectores, que nos identifique como una nación moderna, organizada y próspera. Aclarado el punto, el problema es que no lo podemos hacer por decreto y sin una ciencia básica de “primer nivel”. En esto, desgraciadamente, no hay atajos.

Me preocupa mucho que el CONACYT, la instancia pública encargada de la ciencia y la tecnología en nuestro país, haya caído en esta peligrosa confusión. Sé que hay personas de ciencia de buen nivel en puestos claves del CONACYT y me preocupa que aún con ello, se caiga en un juego de complacer y seguir lineamientos que tienen un carácter más bien político que de sustento. Me explico: desde hace varios años el CONACYT ha estado sacando convocatorias que suenan bonito, pero que se alejan y diluyen el apoyo real a la investigación. Becas para posgrados en áreas que no tienen que ver con CyT (necesarias, pero que no deben de salir del presupuesto – pobre – dedicado a CyT), convocatorias enfocadas a las empresas con la supuesta intención de “ayudar” a que la iniciativa privada decida invertir en investigación, pero que en su mayoría solo terminan desperdiciando el recurso (en el mejor de los casos), convocatorias con títulos y temas que formen parte del discurso en boga, etc. Luego, por otra parte, las convocatorias que estarían dedicadas a la ciencia básica son cada vez más descuidadas. De hecho, su situación es tan claramente empantanada que evidencia una intensión por desaparecerlas; “reestructurarlas” dirían quizá las mentes detrás, pero no nos engañan.

No pretendo morder de la mano que me da de comer. No. Yo soy usuario y beneficiario del CONACYT. Participo en convocatorias y recibo recursos. Claro que no me hace un favor, para eso es y nos sometemos, todos mis colegas, a evaluaciones y revisiones. No todo es malo; sin el CONACYT no habría lo poco que hay. Sin embargo, debo mantener una posición crítica y propositiva ya que veo, con preocupación, que el rumbo está siendo acotado por intereses alejados y confusos, que no toman en cuenta el ámbito científico bien conocido y sin atajos.

No nos confundamos y recordemos que “básico” no significa otra cosa más que “indispensable”.

 


Emmy

febrero 7, 2017

 

Los científicos pueden trabajar en equipo, por separado, en competencia y/o en colaboración. A veces los grupos ¡ni coinciden en el tiempo! Alguien puede estar trabajando en un tema hoy. Generará ideas, experimentos, algunos resultados y puede ser que logre entender algo. También puede suceder que no logre desentrañar ningún secreto y tengan que pasar cien años, y muchos grupos en el inter, para conseguirlo. La ciencia, aunque uno pueda trabajar solo, es una actividad colaborativa y de grupo.

No obstante lo anterior, existen individuos que de manera particular han logrado brindar contribuciones muy importantes y trascendentes en el ámbito del conocimiento humano, cuyos trabajos han permitido dar grandes pasos en el camino del descubrimiento de la naturaleza. Es interesante saber que aun en esos casos, si esas personas no hubieran existido, alguien más, quizá en grupo, quizá de manera individual, hubieran eventualmente descubierto lo mismo. Esto es importante saberlo y comprenderlo ya que es precisamente el principio que sustenta el avance de nuestro conocimiento de la naturaleza. Todos los descubrimientos y aportaciones que cambiaron paradigmas, todos, están basados y fomentados en ideas y confusiones que eran sentidas y digeridas en su momento por varias personas y grupos, independientemente de si al final fueron concretados por una sola.

Entonces la ciencia es colectiva y los individuos, en el sentido más abnegado posible (y para exagerar la idea), son innecesarios. Y aun así, hoy quiero mencionar y reslatar a una de las personas que admiro. Una persona que logró aportar de una manera sensacional a todo el aparato formal en que sustentamos nuestro entendimiento del universo actual; se trata de Emmy Noether. Matemática alemana, Emmy Noether sentó las bases sobre las cuales hemos construido gran parte del aparato formal matemático que nos ha permitido, entre otras cosas, encontrar las grandes síntesis culminadas en lo que llamamos el “Modelo Estándar de las Partículas Elementales.” No poca cosa ya que representa el conjunto de conocimientos más preciso, probado y completo que hayamos sido capaces de generar. Es la teoría (en el sentido de ciencia exacta, es decir, probada y con evidencias confirmadas) más verificada y con predicciones más sorprendentes que hayamos creado. Basada en gran medida en una comunión de la relatividad especial y la mecánica cuántica, que junto con lo que llamamos “leyes de conservación,” ha logrado predecir y describir una enorme cantidad de fenómenos naturales con una precisión impresionante.

Es precisamente en las llamadas “leyes de conservación” donde entra Emmy Noether. Ella nos enseñó que existe una relación directa, inevitable, fundamental entre esas leyes de conservación y la “simetría.” Dicho de manera muy libre: existe una “cantidad conservada” por cada simetría que exista en el universo. Un ejemplo concreto: seguro han escuchado alguna vez la expresión “la energía se conserva.” Pues bien, es verdad y Emmy Noether nos dice que ello es consecuencia de una simetría existente en el universo, que resulta ser la asociada al tiempo. ¿A qué me refiero? Si hoy dejo caer una manzana desde una altura de 5 metros, esta chocará con el suelo en aproximadamente un segundo. Si lo repito mañana, caerá en el mismo tiempo. Cuando lo hizo Galileo hace alrededor de 400 años, igual. No importa cuándo, la naturaleza me dará el mismo resultado. Eso es a lo que me refiero con simetría temporal y gracias a ello, la energía se conserva. Emmy nos enseñó eso y mucho más. Por haber sido mujer, lo hizo trabajando sin que le pagaran y sin tener una posición oficial. Su impacto es tan importante que su nombre debería ser conocido por muchos. No lo es; espero llegue a serlo.