Instituto Heisenberg

enero 26, 2017

 

Hace catorce años, en algunas líneas telefónicas entre Boston y Princeton, nació el Instituto Heisenberg. Ricardo Sáenz Casas y un servidor ideábamos su creación y funcionamiento para instalarlo formalmente en Colima. La cosa era que estábamos por venir a trabajar a la Universidad de Colima en los recién creados programas de las licenciaturas en física y matemáticas, programas que por cierto fueron creados mediante una triangulación Colima – Boston – Princeton, y discutíamos qué hacer para dar a conocer a los jóvenes colimenses no solo las nuevas carreras, sino también lo que significaban. No eran carreras tradicionales ni comunes, eran más bien formas de vida y era importante explicarlo y motivarlo. Los programas fueron diseñados con un objetivo muy claro y preciso: formar y preparar a los estudiantes con los requisitos necesarios para poder, inmediatamente después de terminar su licenciatura, iniciar sus doctorados en alguna universidad del extranjero, con becas y sueldo pagados por esas universidades.

El problema: explicar y convencer a los jóvenes talentosos de que ellos, si lo desean, pueden ser científicos y contribuir al conocimiento humano. Convencerlos de que si se dedican por completo y se entregan totalmente al trabajo, es posible estudiar sus doctorados y formarse como científicos en las mejores universidades del mundo y además pagados por esas mismas universidades. Que no importa ni de dónde son, ni cuánto dinero tienen ni a quien conocen. Solo necesitan poner todo su esfuerzo y con eso existe la posibilidad de lograrlo. Que no será fácil, pero tampoco imposible.

El reto: que nos crean. Cómo convencer a una persona de 17 años (y peor, a sus padres) que quizá nunca ha pensado en salir de su ciudad para estudiar y mucho menos en dedicarse a la ciencia, algo que además ha estado siempre alejado de su entorno. Cómo hacerle para platicar con ellos y decirles que en 4 o 5 años podrían estar viviendo en Boston (por ejemplo) y estudiando en las mejores universidades del mundo, hablando inglés y además recibiendo un sueldo. Cómo hacerlo además sin sonar ridículo o exagerado.

La idea (modesta): Reclutar a un grupo de estudiantes de bachillerato y explicarles en qué consiste el quehacer científico. Reunirlos con personas que ya se dedican a la ciencia para que convivan con ellos y que puedan preguntarles cómo es su vida, su trabajo, su experiencia. Enseñarles también un poco de matemáticas y de física con una perspectiva moderna, atractiva y diferente a lo que han visto en sus escuelas. Mostrarles que la actividad científica está llena de pasión y experiencias únicas y que si tienen la vocación e interés, pueden tener una vida intensa y muy gratificante.

Pensamos por un momento qué nombre le daríamos al programa y decidimos nombrarlo Instituto Heisenberg como un modesto homenaje al físico alemán Werner Heisenberg. Lo escogimos por dos razones: la primera es que fue uno de los creadores de la mecánica cuántica, que ha revolucionado completamente la vida de todos los seres humanos, y la segunda es que lo hizo cuando tenía 20 años. Una de las ideas que deseábamos transmitir era la de que la ciencia puede ser hecha por cualquiera, en particular por los jóvenes. Además, para que Heisenberg no se lleve todo el crédito, cada generación del Instituto lleva asociada el nombre de un científico destacado, alternando física y matemáticas. Así, las diferentes generaciones han estado dedicadas a (comenzando en 2003): Werner Heisenberg, Henri Poincaré, Albert Einstein, David Hilbert, Ludwig Boltzmann, Leonhard Euler, Galileo Galilei, Bernhard Riemann, Enrico Fermi, Évariste Galois, Niels Bohr, Hermann Minkowski, Marie Curie y Emmy Noether.

El resultado: Después de 13 ediciones hemos aceptado alrededor de 360 estudiantes. De esos algunos decidieron dedicarse a la ciencia en las áreas de física y matemáticas aquí en Colima y ya se encuentran en este momento trabajando en sus doctorados en instituciones del extranjero. Nos creyeron, trabajaron, se esforzaron y están participando en el desarrollo de la ciencia.


Experimentos

enero 26, 2017

 

El problema que nos ocupa empezó con Galileo Galilei. Me atrevo a decir que todos hemos escuchado algo acerca de Galileo como que tuvo algo que ver con el desarrollo del telescopio, que la iglesia (católica) se lo quería escabechar y que luego lo perdonó (después de casi 400 años), que era muy sangrón y arrogante, que lanzaba objetos desde la torre inclinada de Pisa, que si sí, que si no. Todo eso puede ser interesante pero lo que nos interesa – y en lo que nos concentraremos – es en lo que representa su contribución más grande: nos enseñó el poder de la experimentación. Observar y registrar fenómenos naturales. Crear y reproducir, a través de experimentos cuidadosos, fenómenos naturales. Dicho así parece una simplonada, sin embargo representa la base sobre la cual se sustenta todo el aparato del conocimiento humano.

La razón es muy sencilla. Si alguien proclama entender algún fenómeno de la naturaleza, no bastará con un discurso. No. Ahora, gracias a la experimentación, tendrá que encontrar la manera de explicar de manera cuantitativa, verificable y precisa, los resultados obtenidos de manera experimental. Ejemplo: una observación cotidiana y sobre la cual casi nunca pensamos es el hecho de que nos caemos. Si brincamos regresamos al suelo. Si lanzamos una piedra hacia arriba ésta regresa. Al parecer “todo lo que sube baja”. No nos debe sorprender que podamos utilizar nuestra imaginación para diseñar toda una serie de ideas que “expliquen” el porqué de dicha realidad. Podemos incluso tener discusiones acaloradas sobre ellas y será difícil decidir cuál, si es que alguna, es una mejor descripción de lo que sucede. Habrá incluso – créanme – cerebros humanos que lleguen a decir que cualquier explicación es tan válida como cualquier otra (por lo general este tipo de patología cerebral está asociada a uno de dos tipos de problemas: una increíble incapacidad de aceptar evidencias y cambiar la forma de pensar y/o una cuantiosa pereza mental). Durante siglos, antes de Galileo, todo así era: ¡puro rollo!

Sin embargo podemos hacer lo siguiente: con una cinta de medir y un buen reloj (¡Galileo utilizaba péndulos!) medimos el tiempo que un cierto objeto tarda en caer desde una altura determinada (la cinta desde luego es para medir la altura). Luego lo hacemos para el doble de la altura. Luego para el triple y así sucesivamente. Repetimos el proceso pero con otro objeto y con otro y luego con otro. Registramos todos los datos que obtengamos. Ahora sí, si le pedimos a uno de los “sabios” que generó un esquema para explicar por qué las cosas caen que nos diga cuánto tiempo tardará en caer uno de esos objetos desde una de las alturas que registramos y nos lo dice acertadamente, podremos decir que ese esquema puede ser apropiado. Si lo dice para todas las alturas registradas pues aún mejor. Si luego puede decirlo para todos los objetos, pues nos sentiremos muy contentos. Si además nos dice algo sobre lo que no hemos experimentado, es decir, si además hace predicciones y luego las verificamos y sigue funcionando, entonces estaremos borrachos por la celebración.

Una vez recuperados de la cruda, mas no de la emoción, podremos preguntarnos si el esquema es “la verdad”. Bueno, la conclusión a la que podemos llegar es que ese esquema es el mejor hasta ese momento para describir ciertos fenómenos de la naturaleza (la caída de objetos en este ejemplo). Eso es todo. En la ciencia no hay verdades absolutas. Siempre se sigue buscando la manera de llevar al límite las explicaciones a través de experimentos cada vez más precisos (utilizando mejores relojes y cintas de medir, por ejemplo) y eso ha permitido ir mejorando las explicaciones. A este tipo de explicaciones, sustentadas en experimentos y con poder de predicción, les llamamos teorías físicas. Pero más importante: lo que sí podemos hacer con certeza es determinar qué ideas o esquemas están simplemente mal, equivocados, incorrectos. Gracias a este mecanismo podemos discernir entre una explicación que puede tener algo de validez y una que no sirve.

 


Ciencia y empleo

enero 22, 2017

 

Es conocimiento popular (¿?) que el desarrollo científico y tecnológico de una sociedad es la base de su crecimiento económico y social. Como evidencia (una de muchas) clara de ello basta con mirar a los países desarrollados, ya sea los que tradicionalmente han estado desarrollados en los últimos dos siglos o aquellos que han despegado en los últimos 20 años. Evidentemente (debe ser evidente) que el desarrollo científico lleva implícito un sistema educativo robusto e integral.

En fin, si lo que acabo de escribir arriba tiene algo de verdad, una consecuencia inmediata debería ser que si un país en desarrollo invirtiese en ciencia y tecnología (otra vez, por ende en educación en todos los sentidos), lograría desarrollarse bien. ¿Por qué no lo hacen?

Para no hablar de cosas demasiado generales, concentrémonos en este momento en una problemática muy puntual e importante: el empleo. ¿Puede el desarrollo científico y la inversión en ese rubro resolver el problema del empleo? ¿Cómo podemos generar más y mejores empleos a través de la ciencia y la tecnología?

Personas que se tienen que hacer estas preguntas, muchas veces tomadores de decisiones, necesitan respuestas directas y tangibles. Dependiendo de la necesidad o problemática a la que se enfrenten, casi siempre con una dosis política muy complicada, tienen que tomar decisiones rápidas y visiblemente “amables”. Si se puede rimbombantes, ¡mejor!

Ya que tenemos poco espacio, permítanme hacer el siguiente nano-análisis con la intención de mostrar dónde andamos y qué debemos hacer. Imaginen una línea recta (horizontal). En el extremo izquierdo se encuentran las “soluciones” apresuradas, de emergencia. Las que se toman porque “no queda de otra”. En el extremo derecho se encuentran las soluciones “ideales”, difíciles de implementar debido al tiempo que se requiere para que rindan frutos y las cantidades importantes de dinero que hay que invertir.

Soluciones que tienden al extremo izquierdo son las que abundan en países como el nuestro. Están basadas, casi siempre, en la idea (errónea) de que las empresas siguen a las empresas. Si ponemos empresas de cierto giro, otras vendrán. Suena lógico, sin embargo lo que termina sucediendo es que para poner las primeras, se tiene que recurrir a la «maquila». Es decir, para que empresas se instalen al inicio, sin una infraestructura humana de alto nivel, estas deben ser empresas que solo armen, acomoden. Requieren mano de obra barata: muchos empleos de poco nivel adquisitivo y técnico.

Soluciones que tienden al extremo derecho están basadas en la idea (correcta) de que las empresas buscan y se van a lugares en donde exista infraestructura humana de mucha calidad. Eso es lo que les atrae.

¿Entonces? ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la mejor estrategia? Si buscamos el desarrollo económico y si estamos verdaderamente interesados en un desarrollo sostenible e integral de la sociedad, debemos desarrollar programas que caigan en varios puntos de la línea. Dada nuestra situación actual y la competencia internacional, sería imprudente dejar de tajo el lado izquierdo, sin embargo, hemos descuidado mucho el derecho. Tenemos que diseñar planes y programas que permitan diversificar y empezar a pensar en el mediano y largo plazo. Así como no podemos dejar de tajo el lado izquierdo (pero si irlo dejando poco a poco), es suicida no empezar a hacer algo con el lado derecho. En el caso concreto de Colima, dadas sus condiciones socioeconómicas y geográficas, con un proyecto pequeño, basado en lo que ya tiene de un alto nivel internacional, sostenido, bien dirigido, sin seguir modas (y protegido), se podría lograr que en un par de décadas el estado se convirtiera en un polo intelectual a nivel nacional. Los resultados “tangibles” de ese pequeño proyecto se podrían empezar a ver y sentir pronto, sobre todo si la estrategia es complementaria. Atacar varios puntos de la línea.

 


Milusos

enero 18, 2017

Cuando nos preguntemos cosas como (algunos lo hacen): ¿Por qué la ciencia en México no tiene impacto? ¿Por qué los científicos mexicanos no producen como en otros países? ¿Dónde están los productos y resultados de todos los investigadores de nuestras universidades? ¿De qué sirve lo que hacen? ¿Por qué no hacen más?, recordemos dos cosas: primero que la ciencia es una actividad de alto rendimiento y que como describí arriba requiere, indispensablemente, de una dedicación absoluta. Segundo, recordemos o investiguemos si no sabemos cuáles son las condiciones en las que la ciencia es creada en nuestro país.

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Hay actividades que requieren de la perene subordinación de la voluntad y el esfuerzo para poder rendir frutos. Hay otras que no. Hay quienes quizá por talento, circunstancia, necesidad, tradición o alguna combinación complicada de estos (y otros) factores, terminan en una situación que así lo demanda.

No nos resulta extraño, por ejemplo, enterarnos de los arduos entrenamientos y sacrificios personales (y familiares) que tienen que llevar a cabo algunos atletas para poder llegar a (medio) sobresalir. No nos costará demasiado trabajo reconocer – afirmar – que esa persona además de trabajar de manera impresionante cuenta con un “talento especial.”

No será sorpresivo enterarnos que una niña “virtuosa” se dedica seis horas (a veces más) al día a practicar el violín. Su talento y su dedicación se verán luego reflejados, si hay suerte, en grandes conciertos y múltiples reconocimientos.

Es claro que estos ejemplos involucran el talento. Muchas personas en…

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Lado oscuro

enero 16, 2017

 

Para poder acelerar se necesita una fuerza. Acelerar significa cambiar de velocidad – moverse más o menos rápido. Si lanzo una pelota al aire, la empujo por un breve instante y proveo una aceleración que a su vez hace que empiece a moverse hacia arriba. En el momento en que deja mi mano, la única fuerza que sigue “sintiendo” es la de la gravedad, que la jala hacia abajo. Por eso la pelota sale disparada con la velocidad inicial que le di hacia arriba, luego empieza a disminuir su velocidad hasta detenerse y regresa incrementando de nuevo su velocidad, que esta vez es hacia abajo. Gracias a esto pudimos inventar el beisbol.

Si no existiera la gravedad, la pelota se movería con una velocidad constante y no regresaría. No aceleraría, ni para incrementar ni para disminuir su velocidad. Para acelerar necesitamos algo más: una fuerza. Si de repente me diera cuenta de que mi pelota avanza hacia arriba y que va incrementando su velocidad, supondría que “algo” la empuja dando la fuerza necesaria para lograr esa aceleración. Sin fuerza adicional, de cualquier tipo, no puede haber una aceleración. Newton fue el primero en darse cuenta de esto hace alrededor de 350 años.

Otro posible desenlace de mi lanzamiento es que le diera suficiente velocidad inicial a la pelota como para que pudiera “escapar” de la atracción gravitacional. Se le llama velocidad de escape y para el caso de la Tierra es de aproximadamente 11 km/seg (o 39,600 km/hr). Esta situación corresponde al caso en que la velocidad inicial es lo suficientemente grande para justo vencer la barrera de la gravedad y mantenerse con una velocidad constante, alejándose para siempre.

El universo está en expansión. Hemos observado que las galaxias se alejan de nosotros y entre ellas. Este hecho es el que motivó a bautizar al Big Bang como “bang”, que traducimos como “explosión”. Si todas las galaxias se están separando, podemos imaginar que “regresando la película” todas se irán acercando. Si la película sigue indefinidamente veremos que todas las galaxias, y por ende todo el universo, surgieron de una región muy pequeña en la que todo estaba junto y muy denso. Luego ¡boom!, el universo empezó a crecer. Se formaron los primeros átomos de hidrógenos, poco después enormes grupos de estrellas, algunos con planetas. En al menos uno de ellos se formaron microbios que se tornaron en dinosaurios y que después terminaron en gallinas y loros. También se formaron algunos mamíferos y telescopios, luego electrónica y satélites que sirvieron, entre otras cosas, para darse cuenta de todo eso. Obviamente también, en esa pequeña historia de alrededor de 14 mil millones de años, surgieron cosas importantes como el beisbol y los partidos políticos que todos adoramos. Ah, y el plástico.

Existen al menos tres posibilidades lógicas para la expansión del universo: la gravedad “frena” poco a poco la expansión y el universo se “regresa”. Otra opción es que la velocidad inicial haya sido la suficiente para “escapar” y permanecer en expansión de una manera constante. Por último, la expansión del universo se hace de manera acelerada: cada vez se expanda más rápido. Esta posibilidad requiere que haya algo que provea esa aceleración. Si así fuese, tendríamos que determinar qué es lo que hace que se expanda cada vez más rápido.

Lo más bonito de todo es que los mamíferos que inventaron el plástico también son capaces de medir y determinar cuál de estas tres posibilidades es la que realmente sucede. Para no hacerla de mucha emoción: el universo se está expandiendo aceleradamente. Poquito, pero aceleradamente y por ende, existe algo que está acelerando la expansión. No sabemos qué es, es un problema abierto. Le llamamos energía oscura, nomás para hacerla de emoción.

 


Disparos (seguimos con la tradición)

diciembre 31, 2016

Llamamos tradición a una serie de conductas que reproducimos por costumbre y de manera colectiva. Pensamos en las tradiciones como actividades, sucesos, encomiendas que nos unen, nos definen, nos nutren. Nos hacen sentir que formamos parte. Así, por tradición, personas en una determinada época podían reunirse para celebrar un evento del pasado remoto. Un evento en el que nadie en ese momento pudo haber participado, pero que de alguna manera tuvo repercusiones importantes para su comunidad.

Desde luego que las tradiciones tienen fecha de caducidad. Unas pueden durar años, otras décadas incluso siglos o milenios. Hay algunas que pueden ser consideradas buenas o malas y esa consideración siempre depende del momento en el que se hace. Por ejemplo, era tradición en algunos países europeos quemar a mujeres a las que se les atribuía algún poder maligno, léase opinar, perdón, léase “brujería”. Visto en nuestra época, podemos decir sin demasiada discusión, que era una tradición estúpida. Sin embargo, en esos tiempos no se veía así y no solo eso, sino que si alguien se atrevía a cuestionar la validez de tan importante tradición, corría el riesgo de convertirse en carne asada.

Otra tradición bonita fue la de los duelos. Los señores civilizados de la época se retaban a duelos para resolver algún problema de honor. Claro que la tradición de los duelos no siempre fue tan civilizada y en realidad tiene su origen en el esquema básico de resolución de problemas del ser humano: pelear. Habrá personas en nuestra época, la que compartimos tú y yo, que consideren a los duelos como algo civilizado y educado. Habrá quien los encuentre arcaicos y barbáricos. A veces, si es necesario, terminarán retándose a duelo para decidirlo.

Muchas tradiciones alrededor del mundo tienen orígenes religiosos. Ninguna religión se salva, todas tienen y promueven ciertas tradiciones. Algunas duran mucho, algunas no. Algunas son trasladadas a otras religiones, a sectores sociales y políticos. Así, entonces, terminamos con una proliferación compleja de conductas colectivas que nos permite sentirnos parte de algo. Y las defendemos.

Somos capaces de matar por tradición. Somos capaces de despreciar a personas por culpa de una tradición. Podemos incluso dirigir nuestra vida, e intentar regir la de los demás, basados en tradiciones. Mañana, un mañana lejano pero que llegará, todas nuestras sagradas tradiciones quedarán reemplazadas, modificadas, adecuadas o extintas. Es así y no es ni malo ni bueno.

Hoy, en estas fechas tan tradicionalmente familiares y de un candor insuperable, escudados por argumentos de tradición, muchos trogloditas a lo largo y ancho de nuestro querido país (y muchos otros) saldrán entusiasmados el primer día del «nuevo» año a las 00:00 horas a disparar armas de fuego al cielo. Esta actividad tan llena de cultura y tradición, aparte de proveer de un sentimiento casi noble de hombría, pertenencia y desmesurado logro, también produce tragedias. Por supuesto que es inútil tratar de explicárselo al individuo participante de dicha muestra artística de poderío y sapiencia. Sin embargo creo que es pertinente recordar que ¡todo lo que sube, baja! y que aun cuando la presencia de la atmósfera reduce la rapidez con la que las balas regresan, estas pueden regresar con una rapidez tal que fácilmente penetren un cráneo, un brazo, un tórax. Otra forma de decirlo es que matan.

Estimados lectores, ya que no será fácil convencer a todas esas personas de que no lo hagan, inventemos nosotros una nueva tradición: en cada transición anual, comenzando a las 11:00 de la noche del 31 de diciembre y hasta las primeras horas del 1 de enero, busquemos un refugio en el que estemos a salvo de un accidente tradicional. Ah, y no olvidemos invitar al refugio a nuestras mascotas. ¡Feliz año!


¡Felicidades!

diciembre 22, 2016

 

En nuestro país casi no se lee y ello explica muchas cosas. Tristemente lo poco que se lee no es demasiado variado y está dominado por … basura. Algo también inquietante es que el pequeño porcentaje de personas asiduas a la lectura de calidad tienden en muchas ocasiones a limitar demasiado su rango de temas e intereses. Trataré de explicar mejor lo que quiero transmitir de la siguiente manera: a mí me gusta leer, lo necesito. También tengo la enorme fortuna de contar con muchas amistades que se desenvuelven en áreas distintas a la mía, en particular en las humanidades y las ciencias sociales y que se caracterizan por leer asiduamente. Bien, ahora al punto inicial: cuando alguna de ellas me ha visitado en mi oficina o en mi casa y ven mis libros, siempre, invariablemente, hacen el mismo comentario: “fefo, ¡te felicito!” les pregunto que por qué y me responden “es que tienes libros que no son de ciencia. Te felicito porque no solo lees sobre cosas científicas”. Esta explicación de la felicitación es luego seguida de mi agradecimiento: “gracias, pero supongo entonces que si ahora vamos a tu casa o a tu oficina de seguro encontraremos libros (leídos) de ciencia en tus libreros, ¿verdad?”

Es interesante que a pesar de vivir en una época definida por el conocimiento científico, adquirido durante los últimos cuatrocientos años, no tengamos un mínimo conocimiento sobre ciencia, incluidas las personas que leen y que a veces podríamos catalogar de cultas. Conozco varias personas famosas en los círculos intelectuales que no tienen el dominio científico que se podría esperar de una persona con educación media superior. No saben por ejemplo distinguir si un tema o comentario sobre extraterrestres o sobre calentamiento global es serio o charlatanería.

Es también muy interesante y sobre todo sintomático que por lo general, en países en vías de desarrollo, la ciencia y la cultura se vean como entes separados. Si organizamos un evento cultural no nos sorprenderá en lo más mínimo que nos muestren un bailable o un concierto musical. Una conferencia sobre apreciación del arte y una sobre cómo, a través de las manualidades artísticas, podemos transformar nuestro hogar en un reconfortante y estético ambiente. La muestra de cine y la de escultura, o la lectura de poemas quedarán perfectas en el evento, sobre todo si se involucra a los niños. Si tenemos suerte hasta nos tocará participar en un pequeño número de música ancestral o un taller de manualidades en el que podamos “meter las manos”. Lo que sí nos sorprenderá y no esperamos encontrar es que de repente, en ese mismo ambiente, se nos presente una charla sobre la vida de las ballenas o sobre cómo se produce el oxígeno que respiramos. Eso no. Eso es muy frío y aburrido como para ser cultura.

Es triste. Percibimos la ciencia y el conocimiento como cosas rígidas y asociadas, casi siempre, a materias reprobadas o “aburridas”. Y ahí nos quedamos. O peor, percibimos a la ciencia como una serie de instrucciones inamovibles que solo tratan de limitar nuestra creatividad y nos quiere decir lo que está bien. “Los científicos creen que lo saben todo y solo nos quieren decir lo que se puede o no se puede hacer. ¡Son horribles! ¡Ni que lo supieran todo!”

La mayoría no nos damos cuenta de que vivimos gracias a los conocimientos que hemos generado, durante muchos años, a través de un proceso que en verdad es extremadamente creativo y apasionado. Como todo, para llevarlo a cabo de manera exitosa, requiere de mucho trabajo y dedicación, pero lo que quizá muy pocas personas asocian con la ciencia, y que es una parte fundamental de ella, es el nivel de pasión que ésta otorga y exige de sus practicantes.

Por otro lado, también está el hecho de que comprender un poco sobre la naturaleza y entender algunas de las bases en que se sustenta nuestra vida actualmente, sin necesariamente dedicarse a la ciencia, puede ser muy placentero.

Otra virtud del leer y enterarse de los conocimientos científicos, sobre todo acerca de los procesos que los producen, es que nos puede dar una idea de cómo utilizarlos para tomar decisiones razonadas. La manera en que se hace la ciencia es algo que podemos utilizar en ámbitos que no necesariamente sean científicos y nos puede ayudar a tomar buenas decisiones. Esta faceta es por supuesto pragmática, pero es también interesante.

 


Especial

diciembre 19, 2016

Nos sentimos especiales. Desde las primeras ideas que tuvimos para tratar de explicar nuestro entorno, siempre, de manera natural, inmediata, nos hemos puesto en el centro. Es una cuestión automática, no lo hacemos de maneara consciente. Tomó mucho tiempo, y varios “muertitos”, para que aceptáramos que nuestro planeta no era el centro del universo y que, en realidad, gira alrededor del Sol. Sin embargo, cuando se propuso esa idea, que efectivamente trastocó todos los paradigmas anteriores (todos, incluyendo los políticos, sociales y religiosos, no solo los filosóficos y científicos), se cayó en el mismo “error” de manera automática. Se supuso, sin mucha necesidad de cuestionamiento, que el Sol sería el centro del universo. Si no somos nosotros, ¡sí es “nuestro” Sol! Y pues no, ni la galaxia, ni el grupo local de galaxias, ni el cúmulo de galaxias, ni el super-cúmulo, …

Es maravilloso, somos muy egocéntricos. Yo creo (no tengo la más mínima evidencia) que debe ser algo que nos ha ayudado a sobrevivir, a pesar de ser animales extremadamente sociales y colectivos. Creo que ese egocentrismo es de alguna manera – a primera vista muy contradictoria – el “pegamento” que nos mantiene unidos. Pero no me haga caso, eso simplemente lo creo, y lo que creemos no nos debe importar mucho, solo lo que podamos evidenciar.

En fin, que no somos nada especiales. Y aún así, nos sentimos muy especiales. Seguramente sí somos considerados como muy especiales para algunas personas cercanas a nosotros. A lo mejor alguien que me lee sienta que es muy especial para su ciudad, su estado, su país. Habrá también quien sienta que somos lo mejor y más importante de todo.

Entonces, ¿a quién le importa si somos especiales o no para “el universo”? Seguramente somos muy especiales como seres humanos, en este planeta, para la historia de la humanidad. Seguramente somos importantes.

Estimaciones realizados por el Population Reference Bureau indican que en toda la historia de la humanidad han existido alrededor de 108,200 millones de humanos. En este momento existimos por ahí de 7,500 millones de personas en el planeta. Eso nos dice que en este momento estamos vivos como el 7% de todos los humanos que han existido. Todos (la mayoría, en la que desde luego me incluyo) podemos pensar que somos especiales a nivel individual. Vamos, algunos hasta indispensables se han de sentir (si pensó en algún político, no es casualidad).

Es difícil aceptar que no somos especiales y no puedo dejar de pensar que tengamos algo de especial, ni modo. Lo que se me ocurre es ver qué hemos logrado como humanidad y me doy cuenta de que lo único que puedo considerar especial – valioso – es lo que se ha logrado colectivamente. Me queda claro que lo que se ha hecho en algún momento de la historia, que luego haya servido de algo para otras personas en el futuro, ha sido el conocimiento y el arte generado por grupos de individuos, de manera colectiva. Hay algunos individuos que guardamos en el mito, tratando de perpetuar la idea de que sí somos muy importantes como individuos, pero en realidad no han sido esenciales: siempre han sido un logros colectivos.

Entonces concluyo que somos especiales como grupo, no como individuos. Y luego recuerdo que en términos de biomasa, es decir, de la cantidad de materia orgánica, somos iguales a las hormigas. En otras palabras, en kilogramos de humano y de hormiga, somos iguales en este momento (lo que implica que hay muchas hormigas más que humanos). Me pregunto si las hormigas son especiales colectivamente. Me pregunto si habrá algo especial. Es claro que no, por eso necesitamos creerlo. Fascinante.

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Una carta

diciembre 16, 2016

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eriquiux1Encontré una carta que escribí a mis hermanas hace cuatro años y en la que respondía una pregunta que ellas me hacían: ¿qué haces? Comparto con ustedes mi respuesta.

“… se preguntan qué hago, es decir, cómo es mi día a día. Por lo general uno esta acostumbrado a ver a las personas que laboran ir a un lugar determinado, con un horario fijo y con labores bien definidas. Por lo general uno también ve que la mayoría de estas personas no iría a trabajar si no lo necesitara. Describir mi trabajo en ese sentido es un poco complicado. Tengo por supuesto actividades «normales» que se pueden entender, como dar clases a ciertas horas, dar asesorías, hacer trabajo administrativo, etc. Sin embargo ninguna de estas actividades representan en realidad mi trabajo, son simplemente algunas responsabilidades que tengo debido a mi trabajo.

curru1Mi trabajo es investigar. Investigar acerca de cómo funciona…

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Cámara de niebla

noviembre 10, 2016

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Hace unas semanas publiqué una nota periodística sobre el programa de verano que tenemos en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima. En esa nota describí en términos muy generales de qué se trata y cómo los estudiantes estaban trabajando muy duro (pueden ver la nota reproducida al final de esta entrada).

Ahora es momento de mostrar algunos de los resultados de dicha experiencia. Antes de presentarlos quiero comentar que fue una experiencia muy gratificante. Los chicos se desempeñaron con tal nivel de profesionalismo y entusiasmo que asegura el futuro.

Les presentamos los resultados en dos formatos complementarios: un video y un artículo, ambos realizados por un grupo de estudiantes de bachillerato y de primer año de licenciatura de varias instituciones. Se seguirán produciendo otros resultados que eventualmente iremos publicando en este mismo espacio.

Aquí tienen los resultados, disfruten (¡y comenten abajo por favor!):

artículo (pdf): Cámara de…

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