Pereza

mayo 9, 2018

 

Me preguntan cómo hago para poder poner algo de ciencia cada semana. Me dicen que se les hace difícil imaginar algo para sacar cada vez. Me parece extraño, a mí se me hace difícil no tener algo de qué hablar. Son tantas las cosas que me llaman la atención y tantas las cosas que quiero decir que lo único que me detiene es la enorme cantidad de flojera que me invade.

¿De qué hablar? Las nubes, el sol. El corazón, la necesidad de mentir y de engañarse. Me llama la atención el agua, ¿qué es?, ¿cómo está formada? ¿Por qué se comporta como se comporta? Me gustaría entender por qué abarca más espacio como sólido que como líquido. ¿A quién más le pasa? Me pregunto si no es interesante entender por qué hay árboles que “mudan” y árboles que no. ¿Qué es la electricidad? Sabemos – se dice – que todo el día estamos rodeados de electricidad y electrónica, ¿son lo mismo? He escuchado la expresión “energía limpia”. ¿Qué es energía sucia? ¿Cuál es la más limpia?

Vaya, es impresionante que los aviones vuelen, que se pueda trasplantar un riñón, que con una vacuna se salven millones de vidas, que podamos comunicarnos “en vivo” con casi cualquier persona en casi cualquier parte del planeta. Me parece interesante intentar entender cómo es posible que haya árboles tan altos, mamíferos tan grandes. ¿Hay algún límite para su tamaño? ¿En qué consiste?

Me apasiona pensar en cómo funciona el cerebro – el humano y el que sea. Me apasiona pensar que los fotones producidos en el sol interaccionan con los átomos de las moléculas de las células que forman las hojas de los árboles y plantas produciendo azúcar y en el camino “desechando” oxígeno. Me parece extraordinario que el mismo proceso con que la savia llega al último rincón de la última rama del árbol más grande, permite que la sangre bombeada por un corazón llegue al último rincón de la extremidad más alejada de cualquier mamífero.

Me parece interesante que, en tan solo los últimos 200 años, que corresponden a tan solo una milésima del tiempo que los seres humanos hemos existido, hayamos sido capaces de entender lo que entendemos. Me parece motivador que apenas en las últimas cinco o seis décadas hayamos producido la mayor parte del conocimiento que tenemos los seres humanos. Me parece interesante que la mayoría no sepamos eso. Me resulta fascinante cómo, precisamente por esos conocimientos y manera de pensar que hemos utilizado en los últimos siglos, hayamos logrado una interacción social tan equilibrada. Me parece alucinante que muchos no podamos verlo y que aun con toda la información que tenemos, cosa que antes era imposible, se nos olvide cómo era la vida antes.

Me impresiona que haya escuelas. Que pensemos que tenemos derecho a la educación. Me emociona que hablamos de derechos de los animales. Alucino al ver que hay gente como yo, dedicada al estudio de la naturaleza, que tiene un empleo y un salario ¡por hacer eso! Es formidable imaginar que hay siete mil millones de personas vivas.

Me apasiona que tenemos retos que nunca antes habíamos tenido. Que tenemos herramientas para resolverlos. Me impresiona que a veces parezca que no queremos resolverlos. Me desmaya que haya personas “educadas” que piensen que antes estábamos mejor. Me preocupa que perdamos lo ganado y que tengamos que empezar de nuevo, pero no mucho, ya que, a diferencia de otras expresiones humanas, el conocimiento volvería a surgir igualito: las leyes de Newton tendrían otro nombre, pero dirían lo mismo.

Y así, me interesa casi todo. Por eso, nada más, es que no me resulta muy complicado tener un tema cada semana. A veces repito temas. Cuando sucede es debido a al menos dos posibles razones: por que me interesa mucho y deseo mantenerlo “fresco” o por que fallé en derrotar mi pereza y no alcancé a plasmar las ideas en escrito.