Pasos a seguir (3/3)

septiembre 28, 2015

 

Si usted ya recibió ofertas para realizar su doctorado, lo que resta es, primero, decidir cuál aceptar. En este punto lo que cuenta, lo que tiene un peso mayor, es el nivel académico de la institución y/o las personas con las que irá a trabajar. Aquí ya es fácil el asunto, por algo usted decidió en primera instancia solicitar ahí. Lo difícil puede ser que le hagan una oferta en dos o tres lugares magníficos y no sepa a cuál decirle que sí. Ojalá tenga ese tipo de “problemas”.

Lo que sigue después es una de las etapas más impresionantes de su vida. Disfrútela y trabaje con toda su intensidad. Aproveche todas las oportunidades y no se deje desviar por nada.

Ya que llegamos al punto que nos propusimos, termino esta breve serie con algunos comentarios sobre el proceso que he descrito y sobre la vida de los que pasamos por ellos y nos dedicamos a la ciencia. Lo  primero que debo aclarar con mucha insistencia es que no hay una receta. Las descripciones y sugerencias que he dado ayudarán, pero hay muchos caminos distintos. Lo que siempre es importante, independientemente del camino tomado, es que para tener éxito hay que entregarse al trabajo.

Algo que me gustaría comentar, que creo es muy importante y relevante, además de característico, es el hecho de que en la ciencia, para estudiarla, no se necesita tener dinero. Me explico: en concreto lo que quiero decir es que, una vez terminada la licenciatura (para lo que obviamente se ha necesitado dinero, y para la gran mayoría de familias mexicanas ha representado un esfuerzo inmenso), es posible ir a las mejores universidades del mundo a estudiar ciencia sin tener dinero. Es más, y esto es lo más interesante, si alguien no tiene el nivel, aunque tenga dinero, no podrá hacerlo.

Esto es muy peculiar de las carreras científicas, y de cierta manera explica un poco por qué, en general, uno solo encuentra personas acaudaladas en universidades importantes en áreas no científicas, pero casi nunca se les encuentra en las áreas donde lo que importa no es cuánto tienen ni a quien conocen, sino cuánto saben y cómo trabajan. Aún no conozco a una persona acaudalada que, a través de su influencia y dinero, logre que acepten a su hijo en, por ejemplo, el doctorado de matemáticas de Princeton cuando no pasó los exámenes y no tenía el nivel.

No me lo crea pero ello tiene consecuencias estratosféricas en el desarrollo y personalidad de la ciencia. No todas las consecuencias son agradables. Por ejemplo, esa “independencia” hace que para muchos “poderosos” la ciencia sea algo non grato. La ciencia les puede ayudar, sí, pero no puede adaptarse a sus necesidades y eso es inaceptable (para individuos que acostumbran obtener siempre lo que quieren a billetazos). Eso puede ser una de las consecuencias negativas, pero las consecuencias positivas son mucho mayores.

Algo que necesitamos hacer, aquellos que estamos interesados en construir una mejor sociedad, es luchar y trabajar porque más personas estén en condiciones de aprovechar el tipo de oportunidades que he mencionado. Necesitamos que sean más los que llegan a a una universidad y logren dar ese primer paso de la licenciatura. Debemos identificar los talentos y apoyarlos en las fases iniciales para que, ahora sí, puedan aprovechar al máximo esas oportunidades gracias a sus propios esfuerzos y capacidades. No podemos darnos el lujo de no aprovechar a las personas más talentosas. Sí, si hay personas con más capacidad que otras, y eso no tiene nada de malo ni las hace mejores. Hay un ¿miedo?, ¿tabú?, ¿arrogancia?, ¿inseguridad? (no sé) de llamar las cosas por su nombre. Necesitamos cambiar eso, también afecta.

Joven talentosa: si te interesa la ciencia, que nada te detenga. Entrégate, no te arrepentirás.