¡Ay, qué caro!

julio 3, 2017

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De seguro han escuchado frases como “Ay, habiendo tanta hambre en el mundo y estos mandando naves a la Luna, ¡qué egoístas!” o como esta “a ver, si saben tanto por qué no curan el cáncer, o el sida, o la diabetes, o ….”
“Deberían de resolver problemas de verdad, como el de que nuestro país tiene mucha agua en ciertos lugares y se están muriendo de sed en otros.”
“¿Para qué gastan tanto dinero en esos aparatotes – que ni sé pa’ qué sirven – mientras hay tanta pobreza en el mundo?”
“Uy sí, andan tomando fotos de Plutón, que está en un lugar al que nunca vamos a ir, y ni se preocupan por lo problemas que sí nos afectan aquí, en este hermoso y lastimado planeta.” Etcétera.
Sí, los científicos somos extremadamente egoístas y no nos importa nada ni nadie, solo queremos despilfarrar recursos persiguiendo nuestras extravagancias…

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Yes, …. no

junio 19, 2017

Cuando empezaba mis estudios de licenciatura, recuerdo la sensación – fuerte, casi estomacal –  de participar en alguna reunión de física a la que asistían personas de varias partes del mundo, algunas muy famosas y conocidas en el medio, y en donde yo no entendía mucho porque simplemente no hablaba inglés. Recuerdo la sensación de estar y no estar. De querer pasar por desapercibido y no lograrlo, ya que se tenía que llegar la hora de la comida y me tocaba compartir la mesa con cinco o seis personas, en ese momento desconocidas, de las cuales ninguna conocía el castellano.

No era importante ni relevante en ese momento el poder comunicar mis ideas o mis dudas, lo imperativo era poder sobrevivir el día sin lucir (ante mí mismo, desde luego) como un idiota. El miedo a quedar mal, a no saber qué ni cómo responder porque ni siquiera entendí bien la pregunta. El tener que adivinar cómo menear la cabeza y ver los ojos de quien preguntó para intentar corregir el meneo y que en lugar de ser un “no” sea un “yes”. Hacerlo en un ambiente intelectualmente competitivo y en el que se “juzga” a las personas por sus habilidades mentales, lógicas y de comunicación eficiente. Es difícil describir las sensaciones, así que pido se las imaginen.

Con el tiempo y el trabajo se solventa todo, siempre (y no es una frase barata de Coelho, esto sí es cierto). Eventualmente no solo logré desenvolverme en ese idioma, sino que también entendí lo que era verdaderamente importante y cómo, aún sin haber podido comunicarme como yo hubiese querido, desde esas primeras aventuras, las personas que escuchaban mis gemidos y angustias, lograban determinar mi capacidad y pasión a pesar de todo.

Recientemente volví a experimentar esa sensación pero de una manera diferente y muy interesante. Hace poco visité Fermilab, un laboratorio nacional gringo ubicado en Batavia, Illinois, en el que se lleva a cabo investigación básica de altas energías. Ahí, desde su creación hace 50 años, se han descubierto varias partículas y se ha desarrollado una gran cantidad de tecnología que se aplica en muchas áreas de ingeniería, salud, agricultura y comunicaciones. Es un laboratorio del Departamento de Energía de los gringos que está enfocado a ciencia básica y en el que colaboran miles de personas dedicadas a la ciencia en todo el mundo. Durante la visita asistí a un congreso y de repente, sin pensarlo, me encontré comiendo con un grupo de colegas. Estábamos platicando, bromeando, compartiendo y compitiendo (siempre, amigable y despiadadamente). Lo peculiar es que lo hacíamos en castellano. Luego, casi sin querer, me percato de que uno de mis colegas estaba muy callado y ausente; parecía ensimismado. Miraba de reojo a algunos de nosotros en ciertos momentos como queriendo arrebatar algo de información para buscar contexto. Evidentemente él no habla castellano.

Recordé ese sentimiento de no pertenencia, de sentirme impotente, invisible. Claro que no creo que haya sentido lo mismo por dos sencillas razones. Una: es un científico muy reconocido y con un puesto muy importante dentro del laboratorio. Probablemente hasta contento estaba de pasar inadvertido por un momento y así lograr pensar tranquilamente en sus ideas mientras el resto platicábamos. En segundo lugar, y esto es lo más relevante, él no necesita el castellano para sobrevivir, sabe que en cualquier momento nos cambiamos al inglés si es necesario.

A mí en el fondo me dio mucho gusto la situación. No porque él no entendiera, sino porque dentro de ese escenario, sin planearlo y de repente, ya es común que haya un grupo de personas, científicas de varios países latinoamericanos, discutiendo y trabajando; algo que no sucedía hace apenas veinte años.

 


Ya es tiempo

junio 5, 2017

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Por si no tuvieron la oportunidad de leerlo en el Diario de Colima hace unas semanas, aquí va de nuez:

retroceder-en-el-tiempo1Se venció el plazo que dimos para hablar sobre el tiempo. Hace un par de meses, en un intento por interaccionar con ustedes, propuse que escribieran sus ideas sobre la pregunta ¿qué es el tiempo?

Es una pregunta muy difícil. Los conceptos más básicos e ingenuamente familiares resultan a veces ser los más profundos y difíciles de definir, entender y explicar. La meta del ejercicio no era la de obtener sesudos estudios sobre la definición del concepto, sino la de divertirnos pensando y tratando de formular ideas al respecto.

Me dio mucha felicidad (soy un egoista empedernido) recibir casi de inmediato varias contribuciones. Algunas de amigos conocidos y otras de lectores que aun no he tenido la fortuna de ver en persona. Las ideas que resultaron de sus análisis y…

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Sangrón

mayo 8, 2017

 

Hace unos días Guille me mostró un comentario que una compañera de trabajo había “posteado” en Facebook. En él mostraba al mundo cibernético una pregunta que su hijo, creo que de 4 años, le acababa de hacer: ¿por qué la sangre es roja?

No solo es una pregunta maravillosa, sino que es del tipo que todas las criaturas humanas tienen y manifiestan cuando están explorando el mundo y aún no han sufrido la inquietante represión escolar y familiar, que por lo general termina con esa ingenuidad y curiosidad que nos caracteriza como especie. Una vez aniquiladas sus curiosidades genuinas, empiezan a preguntar cosas como ¿Para que sirve?

La pregunta sobre la sangre es interesante no solo en el sentido del tema en sí, que obviamente es hermoso y apasionante, sino por lo que involucra: el hecho, aparentemente simple, de que un cerebro humano genere esas inquietudes como reacción a los estímulos externos. Ese es el tipo de preguntas que nos hacemos cuando de verdad estamos aprendiendo.

La respuesta a la pregunta sobre el color de la sangre es: por el hierro. O al menos a cierto nivel, siempre se puede profundizar más o menos. Se puede decir que es roja porque la sangre está conformada de muchas cosas pequeñas, pero principalmente de unas que se llaman glóbulos “rojos”, y que por eso se ve roja. O se puede ir más allá y decir que los glóbulos rojos no son rojos en realidad, sino que contienen hierro, y que es el hierro el que hace que se vean rojos. Esta respuesta puede ser satisfactoria para algunas mentes, aburrida para otras (las echadas a perder, por supuesto) y extremadamente confusa para otras. Esas, las confundidas, seguirán preguntando.  Como alguna vez me dijo Aurelio Figueroa: “por qué tienen que complicar las cosas, no les gusta nada, a todo le sacan preguntas y más preguntas. ¡Sean felices y dejen ser felices a los demás!”

Y entonces, regresando a la sangre, si tienen suerte de que alguien les explique o de poder investigar un poco más, se enterarán que ni siquiera es que haya demasiado hierro en los glóbulos, o dicho de otra manera, que el hierro representa un parte pequeña del volumen de los glóbulos, y que, en realidad, es la gran cantidad de radiación – roja – que producen los átomos de hierro lo que hace que los glóbulos, y por ende la sangre, se vea roja. Y luego quizá se enterarán de que cambia de tonalidad antes y después de salir de los pulmones. ¿Tendrá que ver eso con el oxígeno? Es fascinante.

¿Habrá sangre de otros colores? ¿En los seres humanos? ¿En los animales? ¿De qué depende? Las plantas, ¿tienen sangre? ¿Por qué?

A nivel individual, personal, el generar preguntas es interesante y representa casi la primera etapa de utilización de nuestros cerebros al ir creciendo (aparte de utilizarlo para el funcionamiento general del cuerpo, desde luego). El siguiente paso, que no todos damos, consiste en el intento de responderlas, o al menos entender qué es lo que nos rodea, lo que nos estimula. Ese proceso es el más gratificante y estimulante que además representa, de alguna manera, lo que somos como especie.

Hay algunas personas que a pesar de todos los esfuerzos que tanto los sistemas educativos como los padres de familia realizan (consciente e inconscientemente) para acabar con su curiosidad y sed de entendimiento, siguen así, digamos “enfermitos”. Es muy afortunado que suceda ya que los demás los necesitamos para la generación del conocimiento humano del que depende la existencia y avance de la civilización.

 


Marchando

abril 23, 2017

 

No soy de marchas. No me parecen mala idea, no estoy en contra de ellas, pero no soy de marchas. Recuerdo haber participado solo en una, a mediados de los 90. En aquella ocasión, debido al fortísimo golpe a la economía nacional, la situación de todos sufrió de manera estrepitosa (no era la primera vez, ni la última, pero sí la primera que me agarraba en edad de entender algo). Algunas personas cercanas a mí organizaron una marcha de duelo por la muerte del poder adquisitivo. Fui, marché. Me sentí bien. Compartir con las personas, caminar con ellas, gritar, exigir, sentir por un momento que estaba haciendo algo. Todo fue agradable. Sin embargo, al pasar la euforia y los días, no pude dejar de seguir pensando sobre lo que sentí y logré. Llegué a la conclusión – personal, íntima, ingenua – de que solo había logrado una cosa: sentir que había hecho algo. Lo interpreté, con la ingenuidad e inexperiencia de la edad, como algo malo. Sentí que me estaba engañando a mí mismo y a toda la sociedad. Sentí que era “simplemente” una válvula de escape para que “yo” me sintiera mejor. No me gustó (con el tiempo mi sentir ha cambiado. Entiendo perfectamente que hay “de marchas a marchas” y que algunas son indispensables).

Luego, ante la inquietud intelectual de sentirme inútil a la sociedad, volví a diseñar una salida. Me convencí de que los cambios, si es que son posibles, se logran poco a poco y de manera acotada. Que lo importante era encontrar la manera particular en la que cada quien, con sus habilidades y posibles talentos, se enfocara en lograr lo más posible para así, con fundamento, ayudar (poquito) a la sociedad. La verdad es que lo que impulsó esta salida fue un sentimiento inmenso de impotencia. Un reconocimiento de que el problema era tan grande, y yo tan insignificante, que sería imposible hacer nada. Fue una mentira piadosa.

Por otra parte, algo que ayudó a mi mentira, fue el percatarme de que un número importante de las personas que lideraban (al menos en mi experiencia) manifestaciones y marchas, que desde “pequeñas” les interesaban las actividades politicoides (no políticas) y que se rasgaban vestiduras constantemente con los temas más apremiantes, siempre, o casi siempre, terminaban aprovechando la situación para sus intereses personales. Además les faltaba el sustento. Sus “ideas” y “convicciones” se moldeaban convenientemente con el momento y la situación. Claro que estoy generalizando, pero no me equivoco demasiado. Así que eso también me ayudó a tranquilizar mis demonios.

Como dije antes, con el tiempo también me he dado cuenta de que este tipo de acciones y participación sí pueden generar cambios. Sí existen movimientos genuinos y con gran potencial de impacto. No es fácil, no es la única manera, pero es posible.

Ayer se llevó a cabo la marcha por la ciencia en muchas partes del mundo. Esto surgió como respuesta a la situación que se empieza a vivir con la nueva administración de los gringos, sin embargo, al ser mundial, diferentes países y sectores tuvieron diferentes razones para manifestarse. Entre los temas centrales se encuentran la libertad de investigación y el dinero, el sucio dinero. En varias modalidades y problemáticas, en el fondo, mucho se reduce al tema del financiamiento. México no está exento. Tenemos fuertes problemáticas en referencia a la ciencia. El problema no es nuevo pero cada vez es más evidente y, aprovechando que todo mundo se organizó, muchas personas de ciencia en nuestro país participaron. Creo que fue una excelente idea, espero que contribuya a un plan que contenga propuestas y acciones realistas y fundamentadas, que nos lleven a mejorar, poco a poco, con sentido y dirección, la realidad de la ciencia y la educación del país. Si se logra, lo demás caerá solito.

 


Comentarios

abril 6, 2017
Comentario de Juan Medina a través de FB: «Pareciera ser que la ciencia básica en países «subdesarrollados», está destinada a ser apoyada casi exclusivamente por el gobierno, por recursos públicos. Que hay que hacer, como científico, para que el sector privado aporte, y que aporte entendiendo que quizás no se generen beneficios inmediatos, que es una estrategia fructífera pero a largo plazo? Se me ocurre esa pregunta porque por ejemplo, Carlos Slim, a pesar de ser quien es, y tener lo que tiene, no es ningún Gates, o Zuckerberg, en el sentido que no ha contribuido a innovación tecnológica: prácticamente la importa. Sé que la pregunta es muy general, pero discutir algunas ideas no hace mal.»
Fefo: «La ciencia básica que no es sobre salud es financiada públicamente en todos lados, incluido el primer mundo. Por ciencia básica en este sentido me refiero a la ciencia que se realiza para descubrir y explorar lo desconocido. Sí hay algunos ejemplos de apoyo privado, pero no representan nada en efectos reales. La inversión privada debe entrar en la segunda fase (que hoy es en paralelo), que es donde se aprovecha lo generado y descubierto en la básica. De hecho, ante el ataque que parece haber en la actualidad hacia la ciencia básica, de muchos pero sobre todo de aquellos que no hacen ciencia pero piensan que sí (pseudo – innovadores/emprendedores/economistas/etc), quiero proponer que se sustituya la palabra «básica» por «indispensable». Es lo mismo, pero lo han olvidado.»

¿Por qué estudiamos lo mismo de siempre?

marzo 21, 2017

 

Hemos estado llevando a cabo varias actividades para promocionar la ciencia en jóvenes colimenses. Talleres, concursos, charlas, las actividades formales del Instituto Heisenberg, visitas a bachilleratos, etc. Nuestra intención principal es tratar de aportar nuestro granito de arena para intentar contribuir a resolver un par de problemas muy severos en la educación superior de nuestro país. Estos problemas consisten en que, aun cuando cada vez hay más personas estudiando, la matrícula no se diversifica. La gran mayoría de jóvenes (y sus familias) quiere estudiar las carreras “tradicionales” que conocen y consideran buenas, aun cuando desde hace bastante tiempo ya no cuentan con suficiente empleabilidad ni esperanza económica (que además es uno de los supuestos factores que toman en cuenta, obviamente de manera errónea), y el otro que consiste en que tenemos un inmenso y abrumador déficit de personas altamente capacitadas en áreas técnicas y científicas. Esto es importante ya que tiene una consecuencia inmediata en el desarrollo social y económico del país. Sí, social también.

 

Queremos acercar jóvenes con aptitudes e intereses científicos a la oportunidad de dedicarse a la ciencia. Jóvenes que, de alguna manera, sienten una atracción por el conocimiento y la naturaleza, pero que quizá no han contemplado una vida dentro de la ciencia, ya sea por no saber cómo es el quehacer científico, o peor aún, por tener una idea equivocada de lo que es. Recuerdo, por ejemplo, cuando era estudiante de bachillerato (ya llovió) que ni idea tenía de que era posible estudiar una carrera científica, mucho menos sabía en qué consistía una vida como científico. No conocía a nadie que se dedicara a eso; me parecía algo totalmente ajeno a mi entorno y a mi vida. Cuando pensaba en un científico, me imaginaba personas (hombres) superdotadas y únicamente de países extremadamente avanzados. Nada que ver.
Y no sólo es importante mostrar esas oportunidades a nuestra juventud, es indispensable también informar y enamorar a las madres y padres de familia. No se imaginan (bueno, sí) la clase de miradas, contorsiones faciales, señas, espasmos y palpitaciones que sufren y manifiestan muchas de nuestras madres y padres cuando escuchan a una de sus hijas decir “Mamá, papá, me gustaría ser astrónoma”, o “Papá, quiero ser matemática”.
Nos ha tocado escuchar todo tipo de respuestas y preocupaciones por parte de las familias que se han visto “afectadas” por tan terrible situación. Claro que después de explicarles que en realidad son familias afortunadas de tener una hija que quiera dedicarse a una de las carreras más importantes, útiles y necesarias para el futuro del país, les cambia la mirada y se sienten un poco mejor. Obvio que no todos aceptan con la misma gracia que, por ejemplo, para poder convertirse en científicas será bastante probable (y de hecho recomendable) que, durante su formación, la cual involucra no solo una carrera universitaria (léase licenciatura), sino un doctorado, tengan que irse a vivir a otro lugar, posiblemente otro país. Para algunas madres y padres de familia eso les quita la fortuna. Pero aparte de esto, sí es posible mostrarles que de hecho deben sentirse inmensamente orgullosos y apoyar la decisión de sus hijas.
¿Dónde trabaja un científico? ¿De qué vive una investigadora? ¿Qué hacen los matemáticos? Si las maestras y maestros que nos dan clases de matemáticas no son matemáticos, entonces ¿qué es un matemático? Si te gustaría indagar la respuesta a estas y otras preguntas relacionadas, entonces te invitamos a que te acerques a la facultad de ciencias y a las actividades de difusión que realizamos.


¿Para qué sirven sus publicaciones? ¿Por qué mejor no se ponen a hacer algo que «de verdad» sirva?

marzo 14, 2017

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En el intento por describir  la importancia de la ciencia básica y su indispensable necesidad de ser financiada, la mayoría hemos escuchado y mencionado varios argumentos. Es típico decir que la investigación básica (teórica) ha generado una cantidad inmensa de conocimiento, que ha permitido inventar y generar tecnologías que utilizamos diariamente casi sin darnos cuenta. Esto no representa de ninguna manera la única aportación de la ciencia básica, pero siempre se menciona – y con razón: sin ciencia básica, no habría nada.

frase-el-cientifico-no-estudia-la-naturaleza-por-la-utilidad-que-le-pueda-reportar-la-estudia-por-el-henri-poincare-126291Algo que se nos olvida mencionar (a muchos), es que todos esos avances y repercusiones en el mundo tecnológico, han sucedido gracias a una sólida y organizada estructura de ciencia experimental básica y aplicada. Estructura que vive a la par de la ciencia básica teórica y que goza de la misma dignidad (si no es que más) y consideración. La ciencia de primer nivel se ha hecho en…

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De lo mejor

marzo 6, 2017

 

Se aproximan fechas en que jóvenes colimenses (y de todos lados) tomarán decisiones importantes. Para la mayoría será, quizá, la primera vez que deciden por sí mismos (eso espero).

Al estar cerca de quienes cada año pasan por esta situación, me doy cuenta de que es necesario intentar apoyarles con información e ideas diferentes. Aprovecharé este espacio para, de vez en cuando, pero con insistencia, tocar este tema.

Hoy quiero compartir una opinión y algo de información que creo les puede ser útil, sobre todo si tienen un interés o inquietud por la ciencia.

No estamos acostumbrados a lo mejor. No es común decir que tenemos acceso a lo mejor; que la calidad de nuestra escuela, de las empresas, del hospital, es la mejor – del mejor nivel posible. Por eso, porque es poco común, quiero hablar de algo que fácilmente pasa desapercibido.

Existe un grupo en la Universidad de Colima que ha logrado crear, gracias a una constante dedicación enfocada, un ambiente de lo mejor – de excelente nivel. No ha sido fácil pero tampoco coincidencia ni azar: ha sido planeado y ejecutado con cuidado y sustento.

Es un grupo de personas (diversas, pero) con características comunes muy concretas: una sólida formación llevada a cabo en universidades de nivel internacional (no puedo exagerar en la importancia de esto), un decidido interés por desarrollar la ciencia en su entorno – lo que implica de manera absoluta el interés por mejorar las condiciones para los estudiantes con los que interaccionan – y una constante actividad de investigación científica del más alto nivel, crucial para el prestigio, sustento y sobre todo legitimidad del grupo.

Así como no es común el pensar que tenemos lo mejor, algo que sí es común en discursos y celebraciones es hacer fiesta y alabar sin demasiado sustento, como para “quedar bien”.

Es por ello que, para que no se vaya a pensar que hago adulación ligera, y aunque pareciera que vivimos en una época en la que no es prudente señalar calidad y niveles, comparto con ustedes lo siguiente:

A quienes me refiero son personas que realizaron sus estudios, trabajaron y siguen colaborando con instituciones como Torino, William and Mary, Princeton, Tufts, Berna, Austin, ICTP, Brown, Boston, Moscú, ETH-Zurich, Cambridge, Stony Brook, KEK, etc. Permítanme insistir: no solo conocen gente de ahí o han visitado estos lugares, se formaron ahí, trabajaron ahí.

Crearon y nutren dos programas de licenciatura en los que varios de sus egresados han hecho – o se encuentran haciendo – sus doctorados en algunas de esas instituciones con becas concursadas internacionalmente.

A pesar de contar con más del mínimo de requisitos para pensar en abrir posgrados, algo que les beneficiaría personalmente, han encaminado sus esfuerzos para tener dos programas de licenciatura que provean a sus estudiantes con el nivel adecuado para competir en cualquier lugar. ¡Esto no es una meta sencilla!

Todo esto permite que hoy, en este momento, podamos decir que aquí – en Colima – hay algo de lo mejor. Existe una opción para que estudiantes colimenses (y de la región) puedan obtener una formación de las mejores, que les permita, después de 4 años (y un gran esfuerzo y dedicación), ubicarse en las mejores instituciones del mundo.

Les invito, ahora que tomarán decisiones muy importantes sobre su futuro, a que investiguen a este grupo. Confirmen lo que he escrito.

Luego, confirmadas mis observaciones, decidan entregarse por completo al trabajo y aprovechen esta gran y única oportunidad.

Paolo, Ricardo, Andrés, Christoph, Elena, César, Luis, Roberto, Carlos, Juan, Yasha, Alex, Sujoy, muchas felicidades y muchas gracias por todo su esfuerzo y dedicación para que exista este nivel aquí, en Colima.

 

 

 


Ser para formar

febrero 15, 2017

Hoy quiero hablar un poco sobre una de mis mayores pasiones: la “docencia”. Como es un tema muy amplio, me enfocaré mucho; demasiado. Me referiré únicamente a la “docencia” universitaria y más concretamente a la de los llamados “nivel superior” y “posgrado”. Más aún (para que nos demos cuenta de lo amplio del tema), ya que este espacio lo dedicamos a la ciencia, me estaré refiriendo única y exclusivamente a la “docencia” involucrada en áreas científicas, eso sí, en todas las disciplinas del conocimiento.

Para empezar una (¿posible?) sorpresa: “docencia” no significa dar clases, es decir, “docencia” no se acota a la actividad de impartir un curso a un grupo de personas (estudiantes) en donde se les informa, enseña, repite, y muestra conocimiento. La “docencia” es mucho más, o quizá debiera decir que debería ser mucho más.

No ahondaré demasiado pero mencionaré algunos elementos importantes. Para el caso particular de impartir un curso, no es posible hacerlo bien sin tener el conocimiento (esto no es exclusivo para las áreas científicas, por supuesto). Entonces, una persona que tiene el conocimiento, independientemente de si ella misma es generadora o no de nuevo conocimiento, puede, en principio dar una buena “clase”. Así nos podemos encontrar personas investigadoras que son buenas o malas para “dar clase” y personas que no son investigadoras, que también pueden resultar ser buenas o malas para “dar clase”.

El asunto es cuando dejamos de contemplar a la “docencia” como solo el dar clases. La enseñanza, la apropiación del conocimiento, la guía, la transmisión integral y robusta de bagaje intelectual y técnico no se logran en una clase. Además, para poder hacerlo bien (formar científicos), de manera honesta y natural, hay que vivirlo, ser parte. Por ello, en esos niveles educativos, es indispensable que las personas que forman, que guían, que comparten: sean.

Mis mejores profesores nunca me dieron una “clase” (en el sentido de tener un curso programado y estar dentro de un aula, etc.). Es más, me imagino que algunos de ellos pudieran ser “malitos” explicando algunos temas enfrente de un grupo de estudiantes. Evidentemente que su “docencia” se extiende mucho más allá de la impartición de cursos.

Me parece curioso que casi siempre (en México, en contexto universitario) se hable de investigadores que no son docentes. Generalizando, pero sin equivocarme demasiado, no es posible concebir un científico que no sea, de manera natural y necesaria, un docente, en el sentido más amplio y hermoso de la palabra. Habrá instructores que no sean científicos, pero no científicos que no sean docentes. Curioso también es que a los científicos (en México, en contexto universitario) se les paga como instructores, a pesar de su habilitación. Para medio compensar esa situación, existe un programa llamado “Sistema Nacional de Investigadores”, que a través de evaluaciones periódicas otorga complementos para de alguna manera compensar la situación (en otro momento comentaré más sobre este asunto).

Regresando: ¿cómo puedo ser un buen “docente”?

Haciendo mi ciencia con la mayor calidad que me sea posible. Incorporando a estudiantes en mis investigaciones, durante todo el proceso. Influyendo a “mis” estudiantes a través de mi comportamiento, por ejemplo no trabajando solo para juntar “puntitos” que me sumen en mis evaluaciones, no publicando por publicar, mostrando honestidad en cada una de mis actividades profesionales, no robando sus trabajos. Retando a “mis” estudiantes a dar el máximo, aunque lloren. Si voy a impartir un curso, preparándolo con toda mi atención y capacidad, exigiendo el máximo de cada una de las personas que tengan el infortunio de tenerme como instructor. Preocupándome por el futuro de “mis” estudiantes, pensar qué van a hacer después, a dónde van a ir, con qué herramientas. Conocer y estar al tanto de la realidad en la que tendrán que competir. Ayudarles a competir, volverme su aliado en sus futuros enfrentamientos (aunque ya se hayan graduado e ido a otro lugar). Estar convencido de que a través de ellos se puede cambiar el mundo.

Conozco pocas personas que logren todo esto… en el mundo.

¿Se dan cuenta entonces por qué es maravilloso intentar ser buen “docente”?