Episodio 32 (2026) – Expansión Colimota: Corea – de la tuba al soju

noviembre 5, 2026

Enlace al video: https://youtube.com/live/vUZdQv1QjO4

Invitados:

  • Raymundo Ramos – Korea Institute for Advanced Study
  • Jaime Daniel Hernández – Chonnam University
  • Alberto Navarro  – SeoulTech

¿Qué tienen en común Colima, los números primos gemelos, los neutrinos, la inteligencia artificial y Corea del Sur?

A primera vista, no mucho. Sin embargo, en el episodio 32 de Hablemos de Ciencia con Fefo descubrimos que todos estos temas están conectados a través de las historias de tres jóvenes investigadores que comenzaron sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima y que actualmente desarrollan sus carreras científicas en Corea del Sur.

Nos acompañaron Raymundo Ramos, Jaime Daniel Hernández y Alberto Navarro, tres egresados que, después de estudiar física o matemáticas en Colima y realizar sus doctorados en Estados Unidos, terminaron trabajando en instituciones de investigación coreanas.

Más allá de conocer sus trayectorias y sus proyectos científicos, queríamos conversar sobre algo que considero fundamental: las oportunidades que ofrece una buena formación universitaria, la naturaleza del trabajo científico, las dificultades de desarrollar una carrera académica y lo que significa dejar el lugar donde uno nació para dedicarse a la investigación.

Y, por supuesto, también hablamos de comida, de soledad, de diferencias culturales y de lo que se extraña de Colima cuando se vive a miles de kilómetros.

De Colima a Corea: tres trayectorias científicas

Raymundo Ramos, conocido entre sus colegas como Ray, estudió la licenciatura en Física en la Universidad de Colima. Actualmente trabaja en el Korea Institute for Advanced Study (KIAS), donde investiga aplicaciones de inteligencia artificial a problemas de física de partículas.

Jaime Daniel Hernández estudió Matemáticas y actualmente realiza investigación posdoctoral en la Universidad de Chonnam en Corea del Sur. Su trabajo se desarrolla en el ámbito de las matemáticas puras, particularmente en teoría de números.

Alberto Navarro también es egresado de Física y actualmente es investigador posdoctoral en la Universidad SeoulTech. Su investigación se concentra en física de partículas, especialmente en los fenómenos asociados con los grandes colisionadores, así como en aplicaciones de inteligencia artificial a este campo.

Los tres comparten una trayectoria que vale la pena destacar: realizaron sus estudios de licenciatura en Colima, continuaron con doctorados en universidades estadounidenses y posteriormente obtuvieron posiciones de investigación en Corea.

Ninguno siguió exactamente el mismo camino, pero los tres representan algo que pocas veces se reconoce suficientemente: la formación científica que se ofrece en Colima puede preparar estudiantes para competir y colaborar en instituciones internacionales de investigación.

¿A qué se dedica realmente un científico?

Una de las primeras preguntas que les hice fue también una de las más difíciles: ¿cómo explicarían su investigación a alguien que no ha estudiado física ni matemáticas?

Jaime respondió con una provocación que dio pie a una discusión interesante: hace investigación por ocio, sin buscar una aplicación práctica.

Para ilustrar su trabajo, recurrió a un problema matemático famoso: la conjetura de los números primos gemelos.

Sabemos desde la antigüedad que existen infinitos números primos. Pero hay parejas especiales de primos cuya diferencia es exactamente dos, como 3 y 5, 5 y 7, u 11 y 13.

La pregunta es sencilla:

¿Existen infinitas parejas de números primos gemelos?

Nadie ha conseguido demostrarlo ni refutarlo.

Lo extraordinario es que una pregunta que puede entender un estudiante de secundaria continúa desafiando a los matemáticos.

Jaime insistió en que su motivación no depende de encontrar aplicaciones. Yo quise matizar esa afirmación: una cosa es que no investiguemos motivados por una aplicación inmediata y otra muy distinta es asegurar que nuestros descubrimientos nunca tendrán aplicaciones.

La historia de las matemáticas y de la física está llena de ejemplos de conocimientos desarrollados por pura curiosidad que, décadas o siglos después, terminaron transformando nuestra vida cotidiana.

La investigación fundamental no necesita justificar su existencia mediante una promesa tecnológica. Su valor reside, antes que nada, en ampliar nuestro conocimiento.

Por su parte, Ray explicó que buena parte de la física de partículas requiere cálculos complejos que producen enormes cantidades de información. Su trabajo consiste en explorar cómo las técnicas de inteligencia artificial pueden acelerar esos cálculos, hacerlos más eficientes o mejorar la extracción de información relevante.

Alberto describió su investigación como el estudio teórico de las propiedades de las partículas que constituyen la materia. Su trabajo incluye calcular qué fenómenos podrían observarse en los colisionadores y establecer conexiones entre las predicciones teóricas y los experimentos.

Tres formas distintas de investigar, unidas por algo esencial: formular preguntas y desarrollar herramientas para responderlas.

¿Qué tan buena es la formación científica en Colima?

Esta fue una de las partes que más me interesaba discutir.

Los tres egresados realizaron sus doctorados en Estados Unidos, donde tuvieron que competir académicamente con estudiantes provenientes de otras universidades y países.

Les pregunté qué fortalezas encontraban en su formación en Colima y qué deficiencias habían descubierto al continuar sus estudios.

Las respuestas fueron particularmente interesantes.

Jaime destacó la preparación de sus profesores y la manera en que estos transmitían no solamente conocimientos, sino también formas de pensar y abordar problemas matemáticos.

En cuanto a la preparación académica, los invitados señalaron que varios cursos de doctorado les resultaron familiares porque ya habían estudiado contenidos semejantes durante su licenciatura. Incluso mencionaron que, en algunos casos, los libros utilizados en Colima habían sido más exigentes.

Esto no significa que no hubiera cosas nuevas por aprender. Naturalmente las hubo. Pero la transición académica no representó el salto insalvable que muchos podrían imaginar.

También hablamos de algo que considero todavía más importante: la experiencia temprana en investigación.

Alberto recordó los proyectos de programación que desarrolló durante los veranos con uno de sus profesores. Esa experiencia resultó especialmente útil cuando comenzó su investigación doctoral.

Raymundo destacó su participación en proyectos de investigación desde la licenciatura, incluyendo discusiones periódicas con colaboradores sobre problemas relacionados con neutrinos.

Jaime también tuvo oportunidades de investigar durante los veranos y señaló una diferencia fundamental entre resolver ejercicios e investigar: en los cursos normalmente sabemos que alguien ya encontró la solución; en investigación, ni siquiera sabemos si existe.

Me parece una observación extraordinaria.

Una buena formación científica no consiste simplemente en cursar muchas materias o memorizar resultados. Consiste en aprender a pensar, enfrentar problemas desconocidos y desarrollar la capacidad de trabajar con autonomía.

Esa es la preparación que verdaderamente importa.

El doctorado no es simplemente una licenciatura más larga

Durante la conversación surgió otro asunto que vale la pena discutir.

En México, con frecuencia imaginamos los estudios de posgrado como una prolongación de la licenciatura: más cursos, más exámenes, más tareas y, eventualmente, una tesis.

Sin embargo, en muchos programas de doctorado estadounidenses, particularmente en física, los estudiantes dedican una primera etapa a cursos y exámenes, para después concentrarse durante varios años en investigación original.

El objetivo del doctorado no es acumular materias aprobadas. Es formar investigadores capaces de producir conocimiento nuevo.

Por eso resulta tan importante que los estudiantes tengan contacto con la investigación desde la licenciatura.

No necesariamente para publicar artículos cuanto antes, sino para descubrir qué significa trabajar en un problema cuya respuesta todavía no conocemos.

Las oportunidades científicas no terminan en la frontera

Una pregunta inevitable fue si nuestros invitados habían imaginado, al comenzar sus estudios universitarios, que algún día terminarían trabajando en Corea.

La respuesta general fue que no.

Algunos habían considerado la posibilidad de salir de México para continuar sus estudios. Otros ni siquiera tenían una idea clara de lo que significaba dedicarse profesionalmente a la investigación.

Pero durante su formación fueron conociendo profesores, egresados y científicos que trabajaban en distintas partes del mundo. Poco a poco descubrieron que la investigación científica es una actividad internacional.

Esta observación es especialmente importante para los jóvenes.

Muchas veces, cuando pensamos en nuestras posibilidades profesionales, limitamos el horizonte a nuestra ciudad o nuestro país.

En ciencia, esa perspectiva puede ser particularmente restrictiva.

La investigación es una actividad global. Los problemas científicos no reconocen fronteras nacionales y las comunidades que trabajan para resolverlos están distribuidas por todo el planeta.

Esto no significa que sea sencillo conseguir empleo, ni que todo estudiante de física o matemáticas terminará trabajando en una universidad extranjera.

Significa que el horizonte profesional de una formación científica no debería limitarse al lugar donde uno nació.

Y eso es algo que debemos comunicar desde el inicio de la formación universitaria.

¿Por qué Corea del Sur?

Una de las preguntas del público se refería a las ventajas de trabajar en Corea en comparación con otros países.

Los invitados destacaron la disponibilidad de recursos para investigación.

Jaime comentó que, incluso en departamentos relativamente pequeños, existen numerosos investigadores posdoctorales, algo que refleja la inversión institucional en ciencia.

Raymundo explicó que Corea está promoviendo activamente el desarrollo de inteligencia artificial y que esto facilita el acceso a infraestructura computacional necesaria para sus investigaciones.

El contraste invita a reflexionar.

La investigación científica requiere talento, creatividad y disciplina, pero también necesita condiciones materiales: financiamiento, infraestructura, tiempo y oportunidades laborales.

No basta con formar excelentes estudiantes si después no existen espacios donde puedan desarrollar sus capacidades.

Por otra parte, las posiciones posdoctorales que ocupan nuestros invitados son empleos temporales, generalmente orientados a realizar investigación después de obtener el doctorado. Son una etapa importante en la formación de investigadores, pero no representan necesariamente una situación laboral permanente.

Esta distinción es fundamental para comprender cómo funcionan las carreras científicas.

La otra cara de vivir en el extranjero

No todo es investigación, publicaciones y oportunidades académicas.

Otra pregunta del público abordó un tema profundamente humano: ¿cómo se enfrenta la soledad cuando se vive lejos de la familia, los amigos y la cultura propia?

Las respuestas mostraron experiencias diferentes.

Jaime describió la curiosidad que le produce descubrir un entorno nuevo, hasta el punto de disfrutar visitas a tiendas simplemente para observar productos desconocidos.

Alberto comentó que disfruta pasar tiempo a solas, pero también mantiene contacto con sus amistades gracias a las tecnologías de comunicación. Además, encuentra en los paisajes y actividades de Corea oportunidades para descansar y distraerse del trabajo.

Raymundo aportó una perspectiva distinta: la barrera del idioma puede producir una sensación real de aislamiento.

Vivir rodeado de personas con las que resulta difícil comunicarse, o participar en ambientes donde las conversaciones ocurren en un idioma que uno no domina, puede ser complicado.

También reconoció que existen personas que hacen esfuerzos genuinos por integrar a quienes llegan del extranjero.

Estas experiencias recuerdan que una carrera internacional implica mucho más que cambiar de institución.

Implica adaptarse a nuevas costumbres, construir relaciones personales, aprender a desenvolverse en otros ambientes y, en ocasiones, enfrentar la distancia de quienes queremos.

Las oportunidades tienen beneficios, pero también costos personales que no debemos minimizar.

¿Vale la pena estudiar física o matemáticas?

Hacia el final del programa planteé una pregunta pensando especialmente en estudiantes de preparatoria.

Imaginemos a una joven de Colima que disfruta las matemáticas y la física, pero escucha constantemente que no hay empleos para científicos, que existen demasiados doctores y que conseguir una plaza universitaria es extremadamente difícil.

¿Qué le dirían nuestros invitados?

La discusión fue particularmente interesante porque ninguno pretendió presentar una visión ingenuamente optimista.

La incertidumbre laboral existe. También la experimentan quienes ya tienen doctorados y trabajan profesionalmente en investigación.

Pero los tres coincidieron, con diferentes matices, en que el interés genuino por la ciencia merece ser explorado.

Raymundo señaló que la única manera de saber si uno puede dedicarse a investigar es intentarlo. Además, recordó que una formación científica permite desarrollar habilidades útiles en numerosas actividades profesionales, incluso fuera de la academia.

Jaime destacó que físicos y matemáticos pueden incorporarse a distintas industrias y trabajar en otros países.

Este último punto es esencial.

Uno de los problemas de nuestra discusión pública sobre ciencia es que frecuentemente reducimos las posibilidades laborales de quienes estudian física o matemáticas a convertirse en profesores universitarios.

Pero una formación científica sólida desarrolla capacidades de análisis, razonamiento matemático, programación, modelación y resolución de problemas que pueden aprovecharse en muchos otros sectores.

Eso no significa que la transición sea automática o sencilla. Requiere preparación y adaptación.

También debemos reconocer que México ofrece oportunidades limitadas en diversos sectores de investigación y desarrollo, y que esa realidad debe formar parte de una conversación seria sobre educación científica.

No podemos prometer a los estudiantes que encontrarán empleo donde quieran.

Pero tampoco debemos transmitirles la idea de que estudiar ciencia equivale a condenarse al desempleo.

La respuesta requiere información, honestidad y una visión del mundo más amplia.

De la tuba al soju

No podíamos terminar una conversación entre colimotes en Corea sin hablar de las cosas importantes de la vida.

En una ronda de preguntas rápidas aparecieron los tacos, la comida coreana, el kimchi, las montañas, las costumbres locales y las cosas que se extrañan de Colima.

Entre las respuestas surgieron la comida mexicana y, en sentido contrario, la eficiencia y ciertos aspectos de la convivencia en Corea.

También les pregunté dónde se imaginaban dentro de diez años.

Las respuestas fueron diferentes, pero compartieron una característica: ninguno parecía considerar que su trayectoria profesional estuviera determinada por el lugar donde nació.

Y eso nos lleva al punto central del episodio.

La expansión Colimota

Cuando hablamos de la calidad de una universidad, solemos pensar en edificios, laboratorios, presupuestos, rankings o números de publicaciones.

Todos esos indicadores pueden aportar información, pero existe otro aspecto que considero fundamental: qué sucede con las personas que se forman en ella.

Una institución universitaria tiene éxito cuando sus egresados adquieren las herramientas necesarias para desarrollarse profesional e intelectualmente, incluso en ambientes distintos y más exigentes que aquellos donde comenzaron.

La presencia de egresados de la Universidad de Colima en instituciones de investigación de Corea del Sur no significa que nuestra universidad sea perfecta. Tampoco demuestra, por sí sola, que todos sus programas funcionen de manera excelente.

Pero sí ofrece ejemplos concretos de lo que puede conseguirse cuando una formación universitaria rigurosa se combina con talento, esfuerzo, curiosidad y oportunidades.

Y, sobre todo, permite que nuevas generaciones de estudiantes comprendan que dedicarse a la ciencia no es una fantasía reservada para personas nacidas en determinadas ciudades o países.

La ciencia es una actividad humana, internacional y colectiva.

Colima puede participar en ella.

De hecho, ya lo está haciendo.

La expansión Colimota no consiste en conquistar territorios. Consiste en formar personas capaces de llevar su conocimiento, su creatividad y su trabajo a cualquier parte del mundo.

Y si en el camino cambian la tuba por el soju, o aprenden a acompañar sus tacos con kimchi, pues mejor todavía.


Este texto está basado en la conversación sostenida con Raymundo Ramos, Jaime Daniel Hernández y Alberto Navarro durante el episodio 32 de Hablemos de Ciencia con Fefo, transmitido el 4 de noviembre de 2026.

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